¡Actriz!, de cualquier manera

Gretel Cazón Zayas —muy destacada en la telenovela Aquí estamos— devela a Juventud Rebelde que su gusto por la actuación comenzó cuando estudiaba en la secundaria, donde descubrió que el arte seria su camino definitivo

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Normalmente sucede que quienes se deciden profesionalmente por el arte hallan la vocación desde muy pequeños. Pero ese no fue el caso de la joven Gretel Cazón Zayas, quien comenzó a llamar la atención de los espectadores después de vestir con credibilidad a Estrella en la gustada y polémica telenovela Aquí estamos.

El despertar de esta pasión sucedió, según comentó Gretel a Juventud Rebelde, mientras estudiaba en la secundaria. «Entonces descubrí, dice, que ese sería definitivamente mi camino para toda la vida, aunque antes, por supuesto, mis padres fueron moldeando ese gusto, porque me vincularon desde temprana edad a proyectos artísticos, me llevaron con frecuencia al teatro, a la ópera..., lo cual contribuyó a ir desarrollando en mí la imaginación, la creatividad...

«Te cuento que quise matricular en la Escuela Nacional de Arte (ENA) cuando concluí la secundaria, pero ese año no se ofertaron plazas para la capital. Muchos jóvenes se trasladaron a otras provincias buscando entrar, pero yo no tenía ningún familiar fuera de La Habana. Fue en esa etapa cuando conocí a Armando Suárez del Villar, quien me dijo: «Si te gusta tanto, entonces prepárate para las pruebas del ISA (Instituto Superior de Arte). Fue muy duro para mí».

Tres años después de aquella conversación con el Premio Nacional de Teatro, Gretel —quien había cursado varios talleres de actuación con el mismísimo Suárez del Villar, también Premio Nacional de la Enseñanza Artística, y otros que él impartía para hu-moristas junto a Osvaldo Doimeadiós—, se presentó en el ISA, pero llevaba otra ventaja: había estudiado canto con Hugo Marcos. «Me sorprendí cuando el destacado barítono me aseguró que poseía condiciones para el arte lírico, algo tan mágico como el ba-llet, y que permite que tu voz alcance los máximos niveles posibles».

—De seguro fueron muy divertidos esos talleres para humoristas...

—Mucho. De allí salieron algunos de los humoristas que hoy vemos en la televisión. Pero para mí fueron esenciales, porque hasta ese momento creía que un actor solo debía interesarse por el teatro dramático, por los clásicos; que las mejores eran las escenas bien dramáticas. Sin embargo, comprendí que a veces eran incluso más difíciles aquellas aparentemente sencillas, que no muestran sentimientos extremos. Entendí que el actor más sólido es quien consigue una buena preparación física y vocal, el que logra hacerse de una técnica, el que puede moverse por diferentes zonas.

—Y entonces, ¿entraste al ISA por actuación o por canto lírico?

—Aprobé en las dos facultades, pero no alcancé plaza en actuación, de modo que empecé a estudiar una carrera que es muy compleja, por cierto. En esa época tuve que renunciar a muchas cosas y entregarme por completo, con el piano siempre esperándome en la casa para que me acercara a él cada cinco minutos, tocara diferentes acordes e hiciera ejercicios con mucho cuidado, para no afectarme las cuerdas vocales... Así me fui adentrando en el mundo de la música, siempre consciente de que yo iba a actuar. No obstante, me consagré a perfeccionar mi instrumento vocal, gracias al apoyo de profesores formidables. Me gradué con la maestra María Eugenia Barrios: pedagoga, actriz y cantante tremenda. Y aprendí mucho de canto, de arte, de disciplina; del respeto que siempre hay que brindar al público y a uno mismo como profesional.

«Siento que después de tanto sacrificio me tocó el dios Canto. Lo supe cuando cogí una partitura y, sin tener una referencia del tema, lo empecé a cantar e hice música. Al principio lo intentaba, pero luego cuando escuchaba a alguien interpretándolo me decía: “¿Pero es así como suena? ¡Qué hermoso!”. Estoy satisfecha, porque al final logré que de mí saliera canto, arte. Por eso me siento cantante, porque cuando entono soy capaz de descubrir los secretos que guarda una canción, y eso gracias a mis maestros, al dios Canto y a todo lo que he estudiado. No obstante, sigo siendo actriz.

«Por esa razón, tras graduarme me sometí a un curso de titulación que equivale al nivel medio de actuación, el cual convocó la Agencia Actuar, como ya lo había hecho en otras ocasiones. Me sirvió de mucho, porque ahí me acerqué a asignaturas que desconocía, y pude entrar en la compañía Mephisto Teatro, mientras hacía mi servicio social como cantante lírica en el Centro Nacional de Música de Concierto (CNMC).

«Debo decir que me aportó mucho esa etapa en el CNMC, en la cual pude formar parte incluso del coro que dirige Carmen Collado. Asimismo, estuve acompañada de magníficos pianistas y lo disfrutaba, pero de cierta manera me embargaba la tristeza, porque notaba que algo esencial me faltaba. Y me sucedió, como le pasa a muchos, que no me pude aguantar cuando por frente de su casa pasó el amor de mi vida. Sencillamente, la actuación me “descontrolaba”.

«Así fue como me incorporé a Mephisto, en un clásico como Cabaret, interpretando el papel de Sally Bowles, una mujer apasionadísima y llena de conflictos que añoraba ser cantante, un personaje irresistible para una actriz. Con esa obra, incluso, hasta realizamos una gira nacional, lo que me permitió confrontarme con públicos diferentes e intercambiar con actores de mucha experiencia, y con otros más jóvenes pero de notable talento. Ahí fui muy feliz, y aprendí también muchísimo, porque pude poner en práctica todo lo que tenía guardado de mis años de estudiante en mi “archivo” personal. Con Mephisto tuve otras oportunidades como formar parte del elenco de piezas como Escándalo en la Trapa, Amadeus, El diario de Ana Frank».

—Pero después de Mephisto, integraste otras compañías...

—Después estuve en Pálpito, con mi profesor Ariel Bouza, compañía que tiene una dinámica maravillosa, y hace teatro para adultos y niños. En este 2011 ando muy ansiosa y extremadamente feliz, pues trabajaré con el maestro José Milián y su Pequeño Teatro de La Habana. Creo que la primera puesta que haremos será Otra vez Jehová con el cuento Sodoma. Es una obra muy difícil, pero con ese director voy hasta el fin del mundo. Y es que sus propuestas fueron determinantes para mí en aquella época en que decidí que sería, de cualquier manera, actriz, con sus puestas emblemáticas al estilo de Si vas a comer espera por Virgilio, La cantante de baladas...; como también lo fue aquella generación de actores y actrices jóvenes que tanto me impresionaban cuando los veía en pantalla: Albertico Pujol, Isabel Santos, Luisa María Jiménez, Luis Alberto García... Sé que resultará una maravilla ser dirigida por Milián...

¿Aquí estamos constituyó tu debut en la televisión?

—En realidad no. Antes había hecho apariciones con personajes de reparto en teleplays como Mi Ca-ballero de París, que dirigió Consuelo Ramírez, donde hice una escena muy linda en la cual interpretaba al personaje de la gran Eslinda Núñez en la juventud. Sin embargo, lo primero grande fue la Estrella de Aquí estamos, a donde llegué a través de un casting al que en un inicio me negaba a entrar, pues pensaba que no tendría ninguna oportunidad. Me enteré por mis compañeros del ISA, con quienes ahora estoy terminando mi carrera de actuación de nivel superior.

«Me demoré casi un mes en presentarme al casting, hasta que un día mis compañeros me dijeron: “Todavía no ha cerrado. Embúllate, que andan buscando a actrices que canten, bailen...”. Con no poco desgano, fui a la Casa Productora la última jornada en que se hacían pruebas para mi personaje. Era un día oscuro, tenebroso, que invitaba a quedarse en la casa. Recuerdo que el director, Cheíto González, me dijo: “¿Viniste un día de lluvia? Eso te va a aportar puntos”. Te confieso que me sentí muy identificada con Estrella en cuanto hice la escena que me pidieron. Así fui pasando de una ronda a la otra, hasta que al final me dieron el papel, para mi gran sorpresa».

En ese momento estabas con funciones de Cabaret, de jueves a domingo. ¿Cómo enfrentaste este nuevo reto?

—Recibí mucha ayuda de todo el equipo: de Cheíto González, el director; de Hugo Reyes, el guionista y codirector, del resto de los actores, especialmente de Miriam Learra, quien terminaba sus escenas pero se quedaba mirando en el monitor las mías; Edith Massola, Ana Rojas... Aquí estamos en verdad constituyó un gran reto para mí, porque los sets donde yo estaba (mi casa con mi abuela, y la de Pedro) fueron los primeros que se montaron. Era muy agotador, otra manera de hacer, con un equipo técnico rodeándote de manera que debías estar muy concentrada... En la televisión se trabaja todo el tiempo contra reloj y dependes de mucha gente. El actor es quien sale en pantalla, pero el resultado es de un equipo.

—¿Te quedaste con deseos de repetir la experiencia?

—Por supuesto. Me encantaría que se me presentaran oportunidades bien diferentes unas de otras. Yo creo que Aquí estamos no lo voy a olvidar jamás, porque fue una experiencia muy buena como actriz y como ser humano. El encuentro con la gente en la calle ha resultado mágico, y es que esa propuesta les dijo muchas cosas a los cubanos.

—¿En qué ha quedado tu carrera como cantante?

—Bueno, no he dejado de cantar con músicos en vivo, en diferentes escenarios, cada vez que se me presenta una posibilidad. Ahora mismo estoy terminando un disco donde abordo diferentes estilos de la música popular cubana y donde he tenido el gusto de hacer dúos con William Vivanco y con la señora Ela Calvo. La producción está a cargo de Lucía Huergo, e intervienen, entre otros, instrumentistas de primera línea como Carlos Gaitán, Enrique Plá, Alexander Abreu, Jorgito Aragón, Jorge Chicoy... Creo que quedará una obra muy sentida e interesante.

«¿Qué decirte? Me considero una persona muy dichosa, no solo porque he realizado mi sueño, sino porque a pesar de que recién comienzo, he podido encontrar en mi camino una cantidad inmensa de formidables seres humanos, amigos a los que puedes amar, y con los que puedes compartir un sentimiento auténtico y limpio».

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