Evas: más que mujeres

Hasta el 2 de mayo podrá ser visitada en las galerías del tercer piso del Convento San Francisco de Asís la exposición (evas) del pintor Vladimir León Sagols

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Efímeras y absolutas, silenciosas desde el diálogo de su mutismo inacabado, mujeres al parecer olvidadas por el tiempo, y a la vez, tan de ahora. Aparentan ser ninfas de un espacio que nace con la mirada, sombras que habitan indefinidas en fotografías borradas por la desmemoria, siluetas en espera...

Algunas parecen reír, cuestionar, desear, inquirir, conversar; otras lucen tristes, pensativas, serenas, alteradas. Simulan vagar en un universo lejano e inmediato buscando respuestas en un lienzo que se desborda. Así son las Evas que emergen del pincel y el oficio de Vladimir León Sagols.

En 31 lienzos que conforman la exposición (evas) —que permanecerá abierta hasta el 2 de mayo en las galerías del tercer piso del Convento San Francisco de Asís— el espectador queda cautivado ante la presencia de figuras en las cuales convergen, en total sintonía, elementos discordes como lo indefinido y lo concreto, la serenidad y la excitación.

En busca de algunas claves para entender ese universo de Evas de alma desnuda, JR conversó con su creador, un joven pintor graduado en 1998 de la Academia Nacional de Bellas Artes de San Alejandro, en la especialidad de Grabado.

«Hace años tomé la figura de la mujer como leitmotiv. Al trabajarla no me apoyo en ningún concepto predefinido. Sencillamente trabajo sobre un lienzo en blanco con la mente en blanco», afirma el artista quien gusta de no poner título a las piezas, ya que muchas de ellas nacen como de la nada, emergen ante sus ojos casi imperceptiblemente. «Siempre se piensa que el creador cuando va a pintar lo hace con una concepción previa, en mi caso no es así. Yo pinto sobre la marcha, es la obra sobre la obra».

Con piezas que se mueven en un plano intermedio entre lo figurativo y lo abstracto, la figura de la mujer se realza y reivindica desde la visión personal de su creador. «Mi obra es totalmente intuitiva; trabajo con las formas que brotan y con las luces. Desde la perspectiva de la labor con las líneas y los contornos, un brazo puede ser eso y, a la vez, un elemento que sirve para visualmente equilibrar el lienzo».

—¿Por qué la mujer como centro del discurso pictórico?

—Supongo que tiene que ver con mi percepción del mundo. Me considero un pintor simple y lo más cercano a un hombre es precisamente la mujer porque es el complemento.

La muestra (evas), la cual contó con la curaduría de Milagros Borges y Reinaldo Montero, refleja una línea en la cual están contenidos elementos del impresionismo y también del movimiento expresionista pues, a su criterio, esta última corriente dota al artífice de libertad en su desempeño.

En cuanto a la presencia de los tonos grises, precisa Vladimir que se deben a su preferencia por el dibujo y por esa sensación que provocan las fotografías antiguas y desgastadas por el tiempo. Por otra parte, los matices rojizos responden a una técnica también usada en el dibujo, donde además del carbón se utilizaba la sanguina. En esos lienzos se aprecia una imagen más intimista y subjetiva de la mujer.

«En cada cuadro el observador podrá encontrar Evas diferentes en su esencia, diversas en sus estados, los cuales muchas veces se corresponden con mi estado de ánimo».

Para el artista, quien cuenta en su haber con otras seis exposiciones personales, como Criaturas (2009), Sublimes criaturas (2008), Pax de Deux (2005), y Apariciones (2002), esta muestra representa una evolución, pues ha experimentado un paso de avance hacia un quehacer más libre en cuanto a la manera de emplear el color y componer la figura. «Constituye un intento de alejarme cada vez más de la academia, los conceptos y teorías», refiere. Por eso recomienda a aquellos que se inician en este arte, cultivar la libertad en la creación.

Reinaldo Montero, dramaturgo y novelista, comentó a nuestro diario que el espacio donde se exhibe la muestra es el ideal, pues permite descubrir la obra cual moneda, o sea, con dos caras. «En una de ellas hallamos figuras —por lo general más de una— en blanco y negro, con gamas de grises; y en la otra, mujeres solas en tonalidades rojizas; ambos perfiles se confrontan pues están ubicados uno frente a otro. En (evas) se percibe un reflejo interesante del cual resulta una especie de toma y daca entre grupos e individualidades, donde se juega con la gravedad de lo negro y la esencia más volátil que proporciona el rojo».

La palabra, «Eva» encierra un gran significado: ‘origen, madre, luz primigenia’. Estas son mujeres que convocan al lector a descorrer los velos de sus misterios y a compartir sus encantos.

Refiere Montero, en el texto de su autoría contenido en el catálogo, que «estos lienzos dicen y callan, revelan y velan, omiten siendo veraces, parecen inmejorables y a la vez dan la sensación de estar inacabados (...), son parajes con figuras, interiores con okupas, ejecutados con una técnica impecable, que nos conducen al fondo donde vive a sus anchas algo tan codiciado y esquivo como la poesía».

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