Casa de ensueños musicales

Aunque la era digital «moldea» los soportes tradicionales para registrar la música, el arte de grabar no muere. Los estudios Eusebio Delfín son una muestra de ello

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

CIENFUEGOS.— «El disco tiende a desaparecer físicamente», observa el músico cienfueguero Lázaro García. Aun así el artista no se ruboriza ante el hecho, pues sabe que no faltarán caminos para la promoción en la era digital.

«Los soportes cada vez son más inimaginables», dice Lázaro ante la ingeniosidad con que el hombre ha llegado a esta época. De una cosa sí está seguro: «No desaparecerá el efecto de grabar».

Lo afirma precisamente en el estudio Eusebio Delfín ubicado en su ciudad natal, la Perla del Sur. «Los estudios de grabaciones tendrán vida eterna. Las fórmulas para los soportes van a ser disímiles. A lo mejor no veremos nunca más un CD y la música viene en pendientes o en un cinturón. Hay miles de formas», asegura.

García impulsó la idea de crear un lugar de este tipo en el centro de la Isla para dejar registrado el quehacer musical de la región. Rememora que en aquel tiempo esas opciones solo estaban en Santiago de Cuba y en La Habana. «Silvio Rodríguez y Vicente Feliú apoyaron moralmente mi idea. Las autoridades del Gobierno nos ayudaron a buscar un local y así comenzamos», subraya el autor de Si de tanto soñarte.

Han pasado ya tres lustros desde que su sueño se hiciera realidad. La disquera Bis Music acogió el proyecto que, desde su nombre, reverencia a la música toda y a Eusebio Delfín, un sensible trovador local y compositor de En el tronco de un árbol.

En la cabina de grabaciones sorprende que el diseño tenga, como elemento primordial, el permitir una acústica impecable. Todo lo respalda el soporte tecnológico.

Daniel Levón Campos no escatima en hablar de esas potencialidades y las enumera: «Cuenta con monitores de primera línea, clásicos para cualquier local de este tipo. Posee consolas digitales, micrófonos condensadores y las grabaciones se hacen en computadoras con software de edición multipista, entre otros aditamentos. Estamos a la par de otros estudios del mundo».

A este joven de 28 años, graduado de dirección de sonido en radio y televisión en la filial del ISA en Camagüey y de nivel elemental en Teoría de la música, le parece que cuando ha entrado a su trabajo ha llegado a «una casa de ensueños musicales donde todo lo que se respira es arte». Ha intervenido en aproximadamente una decena de fonogramas en tres años y siente que su «estreno» allí fue de lujo.

«Me inicié con una superproducción de la orquesta Anacaona. Mi experiencia con ellas fue grandiosa y aprendí mucho», señala Daniel.

Unos 250 volúmenes se han producido en el Eusebio Delfín, desde que se fundara el 22 de abril de 1996. El dato no incluye los servicios de masterización, mezcla y grabación in situ de un número importante de discos.

Para Gustavo Uribarri Marrero, actual gerente general, no se trata solo de dejar un registro melódico para la historia cultural de la Isla: va más allá al propiciar la visita a Cienfuegos de artistas de otras regiones.

Al hablar de proyectos fonográficos recientes, Uribarri Marrero se detiene en varios que ya están listos o que se encuentran a punto de salir: «Recientemente culminamos los fonogramas del septeto Ecos del Tivolí, de Santiago de Cuba; y del humorista Antolín el Pichón, que cuenta con el acompañamiento musical de Kfé Mezclado. Esta última fue una idea que partió de sus actuaciones en el programa televisivo Palmas y Cañas.

«De los discos que están en fábrica podemos hablar del de Nelson Valdés y el de Rosa Campos. Creo que van a gustar mucho a la población. Uno está dedicado a la canción y el otro a los niños», concluye el directivo.

La mitad del mundo, una de las novedades discográficas editadas en la Perla del Sur, lleva implícita la manera de componer de los autores de esa ciudad. Nelson Valdés, un músico de 24 años, se propuso con este primer álbum reunir una decena de canciones suyas e incluir un tema «antológico de mi pueblo» y que pertenece a su coterráneo José Ramón Muñiz, Luna cienfueguera, el cual grabó junto a Eduardo Sosa.

Tropacuentos es el cuarto volumen de Rosa Campos con Bis Music. Comenta la cantautora que esa fue «una de las primeras composiciones que hice para los pequeños. La titulé así porque es justamente una comedia musical de enredos, donde los personajes de la literatura universal se van encontrando unos con otros porque a cada uno le falta un elemento que lo caracteriza».

Relata Rosa que en su historia cantada «todo surge a partir de que una niña traviesa, parafraseando a José Martí, sueña escenas de las páginas de un libro que deshojó». Y hasta allí se van el Gato con botas, la Caperucita roja y el Lobo del bosque, entre otros.

Cuando se les interroga sobre el estudio de grabación de su localidad, Rosa Campos y Nelson Valdés dicen que «es un bello adolescente» que potencia el trabajo de los artistas.

Para Alexis Bosch —jazzista y productor allí de discos como los de los grupos Aire de Concierto, y Héctor Daniel y la Constelación, así como el próximo del trovador Inti Santana—, es el lugar ideal para grabar.

«Es curioso: nació con la idea de llegar a los artistas y ahora ocurriendo el fenómeno de que hay personas de otros lugares que vienen hasta acá. Esa es la buena labor que tienen», señala.

Sinergia es la palabra que Lázaro García presenta como imprescindible a la hora de medir la vida de los estudios de grabaciones. «Existe entre todas las instituciones culturales de la ciudad», afirma García. Así el establecimiento cienfueguero se interconecta con el Teatro Terry, la Televisión y la Radio locales. Desde ese especial círculo —y sorteando, por qué no, los desafíos que impone la era digital—,  es un puente para mostrar el arte de la nación.

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