La vida desde los pinceles

La preocupación del joven creador Alejandro Darío por las dificultades y circunstancias que afectaban al ser humano comenzó con apenas cuatro años, cuando dibujó un hombre que lloraba porque estaba preso

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Le habría gustado, asevera, ser el creador de El pensador, de Rodin, o de El Beso, de Gustav Klimt. Admirador de la obra de Antonia Eiriz y Nelson Domínguez, así como del pintor austriaco del siglo XIX, Egon Schiele, su desempeño artístico, podría decirse, lo ha convertido en un joven que construye, decodifica y proyecta la vida desde su oficio con los pinceles.

Su quehacer pictórico está dominado por dos grandes vertientes temáticas: el ser social en su entramado existencial, y los paisajes urbanos —aunque esta última deviene reflejo implícito del hombre mediante la obra de este. Para su madre, la preocupación de Alejandro Darío por las dificultades y circunstancias que afectaban al ser humano comenzó con apenas cuatro años, cuando dibujó un hombre que lloraba porque estaba preso.

—La presencia del individuo y sus cavilaciones dominan el discurso de las series Resistencia y Carencias. ¿Qué motivaciones te han guiado?

—El proyecto de Resistencia refleja los problemas que atañen al ser social, vistos desde la dicotomía entre materia y espiritualidad, entre el ser y el pensamiento. Cada una de esas piezas —que inician con el prefijo re: (Redención, Reconcentración, Refugio, Represión) constituyen representaciones exteriores del mundo interior de los sujetos.

«Por su parte la serie Carencias plantea la pérdida de la capacidad del hombre contemporáneo de pensar, hacer y moverse, influido por las dinámicas de un mundo mercantil. La intención era mostrar la enajenación del hombre y su pérdida de identidad y valores».

En esta zona de su creación se evidencia mucho su oficio como escultor, debido a la composición corpórea y volumétrica de las obras, que parecen trascender el espacio bidimensional del plano.

Conjuntamente a esta figuración existencialista, se desata la seducción visual del diálogo pictórico con la ciudad mediante expos como Vamos a andar La Habana, Por las calles de mi Habana, Contrastes y la más reciente, su sexta muestra personal, Habaneando, inaugurada con el inicio del verano en todo el país, en el Complejo Cultural Arte Habana.

¿Qué diferencia a Habaneando de muestras anteriores acerca de la ciudad?

—Lo nuevo en esta muestra reside en el manejo de la estética. En esta ocasión se trata de fragmentos más pequeños de La Habana, se aleja de las vistas panorámicas de otras exposiciones anteriores. Se mantiene el discurso en torno a la divergencia entre la parte antigua y lo novedoso que va construyendo el hombre en su interacción con la ciudad.

«Es una visión más particular que va a los detalles de algunas edificaciones. Me interesaba que fuese un acercamiento más directo a la arquitectura, un diálogo más intimista».

—En Contrastes te asociaste a Iván Lejardi, en esta muestra lo haces con otro músico, X Alfonso. ¿Qué le aportan estos singulares binomios a tu obra?

—Esa interacción deviene apoyo significativo porque aporta una riqueza diferente; se trata de dos manifestaciones que se complementan y se funden para ratificar un mensaje.

—¿Qué experimentas cuando construyes La Habana con tus pinceles?

—La Habana es como una patria chiquita, mi ciudad, lo que me rodea todo el tiempo. Su arquitectura me seduce y la llevo a mis creaciones como reflejo de la obra del hombre. Tengo mucho sentido de pertenencia, cada vez que plasmo en un lienzo las calles, edificios y paisajes es como si descubriera algo que nunca antes había visto. Es muy interesante admirar los detalles de un edificio olvidado del siglo XIX, y me asombro con las cosas que percibo. Lo más importante de las muestras sobre la ciudad está dado por el interés de preservar un momento histórico.

—Has dedicado Habaneando a la AHS en su aniversario 25.

—Es necesario que las nuevas generaciones tengan un espacio para mostrar su visión. En ese sentido la Asociación constituye una organización que respalda con mucha fuerza el arte joven.

«En mi caso, me ha brindado apoyo en todas mis muestras, además he participado en expos colectivas concebidas desde la AHS. También me ha facilitado respaldo en promoción y material. Su empeño por legitimar y reconocer lo que hacen las más nuevas generaciones de artistas significa una labor digna y meritoria».

El novel artista de 24 años, miembro de la AHS, se inició en las artes plásticas mediante un taller que despertó su interés. Luego se incorporó al Centro Experimental de las Artes Visuales José Antonio Díaz Peláez (23 y C, Vedado). Allí recibió una formación más seria con vistas a la preparación para entrar en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, donde se graduó como pintor y escultor.

Su creación artística se desliza y coquetea con varias expresiones como el foto-realismo y el expresionismo. Un aparte interesante dentro del conjunto de su obra lo constituye todo el proceso investigativo que lo condujo a la realización de la pieza Bolsa de pueblos invierno de angustias, 1889. 120 Frontstreet, New York, donde se representa el lugar donde José Martí tenía sus oficinas en esa ciudad. Con ella Alejandro Darío fue merecedor, en 2010, del gran premio a nivel provincial del XXXVI Seminario de Estudios Martianos y premio de Artes Plásticas en el mismo evento, a nivel nacional.

—Desde tu perspectiva de artista joven, ¿cómo vislumbras el porvenir de las artes plásticas?

—Actualmente están muy en boga modos de hacer a partir del desarrollo tecnológico, entre ellos el Net Art y el uso de los nuevos medios. En ocasiones se sobrevalora ese tipo de obra debido al pensamiento de que lo nuevo es lo mejor, y como consecuencia, a veces se tiende a denigrar las demás tendencias de las artes plásticas.

«Estoy totalmente a favor de formular una idea o mensaje del modo que la gente escoja, pero hay que respetar, ser más tolerante, y ver más allá de la estética.

«Son muchos los jóvenes artistas influenciados por el auge de los nuevos medios; y cuando ven un cuadro realista no se detienen a admirar su esencia por el simple hecho de que se trata de una práctica para ellos ya pasada».

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