La música de Norteamérica en La Habana

De la mano del maestro Leo Brouwer, el público asistente a la Basílica Menor de San Francisco de Asís pudo disfrutar de un concierto destinado a enriquecer el conocimiento y a tocar la sensibilidad del espíritu

Autor:

Prensa Latina

Bajo los acordes de un piano, violín y cello vibró aquí lo mejor de la música norteamericana, en un concierto, en el cual primó la calidad interpretativa y la excelencia de las obras.

De la mano del maestro Leo Brouwer, Premio Iberoamericano de la Música, el público asistente a la Basílica Menor de San Francisco de Asís pudo conocer detalles de este programa, destinado a enriquecer el conocimiento y a tocar la sensibilidad del espíritu.

Un verdadero banquete de sonidos, como calificó Brouwer la fusión de los diferentes ritmos que integran la música de Norteamérica, brotaron de las manos del pianista Leonardo Gell, el violinista Fernando Muñoz y el cellista Alejandro Martínez.

Obras como María, una de las canciones de amor más hermosas del compositor Leonard Bernstein (1918-1990), permitieron rememorar pasajes de la película West side story, en tanto el sonido suave de John Adams (1948) «avivó la belleza de la naturaleza».

De John Williams, los concertistas interpretaron tres piezas del laureado filme La lista de Schindler (1993), ritmo melancólico que contrastó con la sonoridad fuerte y vibrante de Charles Ives (1874-1954), creador de los racimos de notas y del espacio estereofónico, explicó Brouwer.

El maestro anunció que la versión para piano y violín de los temas de Williams, interpretados en el convento habanero constituye un estreno en Cuba y una muestra de la música de cámara escrita por este compositor del mundo del celuloide.

En este concierto muy especial, al decir del afamado guitarrista, tuvo un aparte la música de Aaron Copland (1900-1990), quien rindió homenaje a la ciudad rusa de Vitebsk, cuyo movimiento de vanguardia resulta «un ejemplo en el camino de la libertad creadora en cualquier parte del mundo», sentenció Brouwer.

La música de este «judío y comunista» provocó la ovación del público, cuando el trío de concertistas interpretó Rodeo: Four dances episodes (1942), tema que cerró el programa de la noche.

En declaraciones exclusivas a Prensa Latina, Brouwer reconoció que la selección del repertorio respondió a la variedad y altísima calidad de todos estos compositores, cuyas piezas recogen el lente de la cultura musical norteamericana y sus formas más sofisticadas y populares.

Reconoció el altísimo nivel de complejidad de las interpretaciones, que fueron ejecutadas con «gran intensidad por esos tres jóvenes artistas excepcionales», dijo.

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