Escribo como si estuviera sentado en primera fila

No quisiera sentirme en ningún momento realizado. Me gustaría tener siempre una cuenta pendiente, aseguró a JR Yunior García Aguilera, actor y dramaturgo

Autor:

Raquel Caballero Ruiz

Yunior García Aguilera es un joven actor y dramaturgo que a sus 29 años ha sido capaz de entregarnos un válido repertorio teatral. Su mirada crítica hacia el teatro cubano lo convierte en un eterno indagador de nuevas formas de decir y hacer, en aras de impregnar en sus obras un sello de originalidad. Es un autor que no quisiera sentirse, según afirma, en ningún momento realizado. «Me gustaría tener siempre una cuenta pendiente». Empezó escribiendo para gente como él, pero también ha querido legar a las futuras generaciones el conocimiento de la realidad cubana actual.

En cuarto grado comenzó a actuar y escribir. Junto a dos compañeros de clase creó su propio grupo, llamado Arroz con pollo, con el cual concebían representaciones fundamentalmente humorísticas. «Éramos los únicos niños que hacíamos eso en Holguín, mi ciudad natal. Se nos quedó una peña fija todos los miércoles en un lugar nombrado el Alba, auspiciado por la AHS. Teníamos muy buena aceptación», recuerda.

«Desde que empecé a hacer teatro en Holguín ingresé a la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Integrarme a esa organización me ofreció la posibilidad de participar en talleres, de compartir experiencia con otros creadores, hacer encuentros y publicar mis obras.

Tengo todos los motivos del mundo para agradecer el apoyo brindado, porque sin la Asociación no hubiese podido hacer la mayoría de mis trabajos».

—Durante un tiempo asumiste la dirección artística de la compañía teatral Alas Buenas. ¿Cuán complejo resultó llevar adelante esa labor en una agrupación con un repertorio para el público infantil y adulto?

—Realmente no resultó difícil. En aquel momento no había un gran ambiente cultural en Holguín. El público juvenil entonces estaba casi olvidado. En la compañía Alas Buenas nos dimos cuenta de la existencia de muchos jóvenes que estaban ávidos de funciones que respondieran a sus intereses y decidimos hacer algo urgente por ellos. Así surgen obras como Todos los hombres son iguales y Sangre, esta última obtuvo siete premios en el Festival Nacional de Pequeño Formato de Santa Clara.

A los 17 años Yunior aprobó los exámenes de ingreso a la Escuela Nacional de Arte (ENA), en actuación. Fue allí «donde me enseñaron a ver el teatro no como un juego sino como una profesión», reconoce quien ha publicado, además de los dos mencionados textos, Baile sin máscaras y Cierra la boca, y ha podido estrenar una decena de textos, lo cual, dice, «me hace en un autor afortunado».

—Sin dudas, Alas Buenas te preparó para luego participar en la creación de Trébol Teatro, proyecto fundado en 2003, por jóvenes actores graduados de la ENA...

—Trébol Teatro surgió por la necesidad de crear un discurso propio, de decir lo que nos interesaba como jóvenes y como artistas. Es un espacio que nos dio la libertad de innovar, no solo desde el punto de vista temático, sino también estético.

«Lo nuevo en nosotros fue reflejar nuestra generación, esa generación que nació en los años 80 y ha tenido la oportunidad de ver un poquito más el mundo. Expresar el punto de vista de esa generación, desde Cuba, era algo totalmente nuevo. Y se hizo evidente tanto en lo temático como en las maneras de hacer. Queríamos romper con el teatro que llamábamos “de palo y trapo”, porque la escenografía era más importante que los actores. Eso fue lo que nos propusimos con Trébol Teatro».

La casualidad quiso que acabado de arribar a La Habana viera el espectáculo La boda, pieza de Virgilio Piñera con la cual luego se graduó como actor con el grupo Teatro de la Luna en 2003, bajo la dirección de Raúl Martín. Pero ¿cómo consiguió graduarse con título de oro en sus estudios de dramaturgia en el Instituto Superior de Arte (ISA)? «A mí me ha sucedido como a otros dramaturgos que antes se desempeñaron como actores. De repente, quería hacer algo más que actuar: concebir esos personajes que a mí me hubieran gustado encarnar, pero que no existían. Por eso decidí completar mis estudios en el ISA, que me abrió un mundo nuevo».

—¿El hecho de haber sido actor te ayudó a la hora de escribir tus obras teatrales?

—Lo que ocurre con la mayoría de los escritores jóvenes es que llegan a las aulas del ISA a estudiar dramaturgia sin conocer el teatro. El mayor referente con que cuentan es la literatura. Sus obras evidencian mucha riqueza del lenguaje, pero son pobres en el sentido de la representación. Yo venía de la actuación y mi necesidad de escribir surge como actor. Esta reciprocidad entre la escena y la literatura me aportó mucho.

«Cuando escribo un texto no estoy seguro de él hasta verlo en las tablas. Luego le hago una reescritura. Considero que es necesario el conocimiento de la escena».

—¿Cómo conseguiste pertenecer al Royal Court Theatre de Londres?

—Hace dos años participé en un taller para dramaturgos que ofreció el Royal Court Theatre en La Habana. Posteriormente realizaron un concurso y quedé elegido. Me invitaron a participar en la escritura de una obra que planean estrenar en Londres durante los Juegos Olímpicos de 2012.

«Contribuir con mi aporte en este proyecto constituye un gran reto, porque somos cinco escritores de diferentes países: Estados Unidos, Brasil, Nigeria, Inglaterra y, por supuesto, Cuba, quienes trabajamos en la construcción de un texto único. Resulta un trabajo bien complejo.

«Asimismo he tenido la oportunidad de compartir con escritores de otros cuatro países (República Dominicana, Colombia, México y Reino Unido). Considero que es vital el intercambio con el quehacer escénico internacional».

—Has escrito guiones para televisión. ¿Cómo ha sido la relación entre el guionista y el director?

—He tenido la suerte de escribir proyectos sabiendo quién es el director. Entre las series que he escrito está SOS, academia, dirigida por Rubén Consuegra. Desde el principio el diálogo fue directo, nuestro trabajo consistía en llevar a un texto las imágenes que idealizaba el director. Lo mismo ocurrió con el telefilme Ni pocos ni locos. Ahora estoy escribiendo una telenovela llamada Vereda tropical, cuyo director será Roly Peña.

—¿Cuáles son tus mayores preocupaciones con respecto al teatro cubano actual?

—Me temo que por intentos de imitar modelos foráneos, los escritores actuales se olviden de lo auténtico. No quisiera que nuestro teatro se convierta en una mala copia y pierda la diversidad.

—¿Qué no debe faltar en una pieza teatral?

—Una dramaturgia del espectador. Cuando escribo hago como si estuviera sentado en primera fila y escribo lo que me gustaría ver sobre la escena. Pienso dónde está ubicado el espectador, qué efecto podemos utilizar para sorprenderlo. Creo que se ha perdido un poco la magia del teatro.

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