El humor es siempre fresco - Cultura

El humor es siempre fresco

Hacer reír requiere de trabajar todos los días, considera el caricaturista espirituano Ramsés Morales (Ramsés), quien se descubre de cuerpo entero conversando acerca de la salud del humorismo en nuestro país

Autor:

Arturo Delgado Pruna

El caricaturista espirituano Ramsés Morales es participante asiduo de dos eventos internacionales del humorismo gráfico cubano: la Bienal habanera de San Antonio de los Baños y el salón anual del suplemento humorístico villaclareño Melaíto. El artista, que trabaja en la Oficina del Conservador de Trinidad, promueve el cuidado de los valores patrimoniales de su ciudad y el talento creativo de los jóvenes, mediante un taller de gráfica humorística e historieta. Lo conocemos por sus trazos en la página del dedeté de Juventud Rebelde; pero ahora lo descubriremos de cuerpo entero.

—Los caricaturistas se quejan de la falta de espacios donde publicar, pero están Palante, Melaíto, dedeté, La Picúa… ¿Son pocos?

—Existen opciones, cada órgano tiene su plantilla, su línea editorial e intereses propios; no podemos culpar a las publicaciones. Creo que son buenas las que hay, aunque debería haber más. Somos muchos caricaturistas, nos damos cabezazos constantemente; pero aún no estamos en condiciones de sostener no solo más publicaciones, sino la periodicidad, que es quien le da el oficio al dibujante.

—¿Qué experiencias te dejan los eventos de humor?

—Cuando nos reunimos los caricaturistas compartimos nuestras experiencias, pero no tenemos conocimiento general de lo que se está haciendo en otras provincias. Los eventos me permiten afianzarme en lo que hago. Tengo mucho camino por recorrer, mas ya estoy entrando en donde quiero: pretendo discursar sobre cómo la sociedad humana es absurda e ilógica. Es básicamente lo que deseo expresar en mi trabajo, pues somos un compendio tragicómico de seres que buscan la autoafirmación.

—Una enigmática afirmación de la crítica e investigadora Caridad Blanco dice: «No se han enfermado los humoristas, sino el humor, y no es una cuestión de publicaciones». ¿Cuánto hay de cierto?

—El humor no se enferma; es un principio, un espíritu de las cosas. Quienes se enferman son los humoristas: se gastan, se hastían, se entecan. Creo que, en parte, es falta de publicaciones y de enfermedad. Quienes asuman el espíritu del humor podrán iluminarse con su sanidad y su juventud. Si asumimos su espíritu y nos reímos de nosotros mismos, vamos a ser mejores. El humor es siempre fresco, venga de donde venga.

—¿Cuál es la enfermedad?, ¿la falta de talento?

—La falta de talento, la autocensura, la omisión, la poca disciplina… Hacer reír requiere de trabajar todos los días, desechar malos dibujos y seguir dibujando. Creer que siempre hay un buen tema para dibujar. A pesar de los años, uno debe levantarse nuevecito para el ejercicio del humor; si no, está perdido.

—¿Por qué no abundan las caricaturistas en Cuba?

—Lanzarse a crear implica una decisión muy fuerte, y las mujeres deben sacrificar más cosas que los hombres. El camino se les hace el doble de difícil. Pero aun así las que llegan son muy buenas. Ellas aportan una visión particular del tema, una arista intuitiva. Aquí conozco a Miriam, de Palante; a Catherine Pettersen, con sus fotos; a María de Antoms, de Las Tunas, quien está nucleando una reserva femenina de humoristas gráficos en esa región.

—Gestaste La anguila cerrera, que fue un intento de sistematizar el humor gráfico mediante una publicación. ¿Por qué salió un solo número?

—A finales de los años 80 y principios de los 90, como parte de mis estudios de Bibliotecología en La Habana, me enviaron a la Editorial Pablo de la Torriente Brau para hacer un trabajo. Ellos tenían un pequeño taller de creación y editaban El Muñe. Así comencé a relacionarme con el mundo de la caricatura y la historieta. Aquello me fascinó tanto que me quedó la idea de hacer una publicación de humor. En 1999, la filial de la Asociación Hermanos Saíz en Trinidad estaba buscando proyectos comunitarios. Les propuse hacer un fanzine* de humor gráfico y aceptaron. Convoqué a Daniel Acebo, Ández, Fabián y Osvaldo (Montos) e hicimos La anguila cerrera. Solo pudimos publicar un número porque los costos eran grandes y todo corría por nuestros bolsillos, además de la poca costumbre que había de editar fanzines en la provincia.

—¿Tiene la Academia de Artes Plásticas de Trinidad estudios que desarrollen el humorismo gráfico?

—En la Academia impartí las asignaturas de Diseño Gráfico e Ilustración, indistintamente. Luego, por razones de trabajo, no pude continuar dando clases. Es una pena que la enseñanza del arte de la gráfica haya decaído en los últimos años en la Academia. En esto influyen varios factores. Uno de ellos es que siempre se ha tenido el humor gráfico como un hijo bastardo de las artes visuales, lo cual es un sinsentido, pues Bernardo G. Barros y Guy Pérez Cisneros nos enseñaron a ver el humor como esencia de nuestra nación. El investigador Axel Li pertenece a la nueva generación que continúa la larga lista de los defensores y estudiosos del tema.

«Respecto a retomar la enseñanza de este arte en la academia trinitaria, la Uneac tiene una estrategia de acercamiento a las instituciones de arte y a través de ella pretendo impartir el ciclo de conferencias y talleres que antes di en la Oficina del Conservador de Trinidad».

—Generalmente los libros de historietas conocidos se editan en La Habana. ¿Cómo lograste preparar Alejandro de Humboldt, de La Habana a La Trinidad lejos de la capital y con tantas dificultades financieras?

—Alejandro de Humboldt…, mi segundo libro de historietas, partió de una idea que propuse en el taller Ruta Cultural Alejandro de Humboldt en Cuba. Está dirigido a los adolescentes y a los adultos. Los últimos lo reciben muy bien. Creo que se debe a que la historia está contada como si fuera una película. El guión lo basé en el Ensayo político sobre la Isla de Cuba, que escribió el naturalista y explorador alemán cuando hizo su viaje por el sur de La Habana y Trinidad. Es una historieta seria y con fuerte basamento en el documento. Para el vestuario hice una investigación del momento en que ocurrieron los hechos, a principios del siglo XIX. También me auxilié de retratos al óleo de Humboldt, cuadros de la época y la información gráfica que pude tener a mano. La época me es familiar porque mi trabajo en la Oficina del Conservador de Trinidad tiene que ver con ese período. Esta edición en colores fue financiada por nuestra Oficina y contó con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y la Asociación Exterior XXI, dos instituciones españolas que colaboran con los países iberoamericanos.

Revista de escasa tirada y distribución, hecha con pocos medios por aficionados a temas como el cómic, la ciencia ficción, el cine, etcétera.

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