Maykel Herrera a golpe de sensibilidad

El reconocido artista de la plástica también es reverenciado por los espectadores de Europa, de donde acaba de regresar tras presentar en Berlín su aplaudida exposición La verdad parece un cuento

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Desde hace tiempo, Maykel Herrera ya no es solo profeta en su tierra. Y es que el reconocido artista de la plástica también es reverenciado por los espectadores de Europa, de donde acaba de regresar tras presentar en Berlín su aplaudida exposición La verdad parece un cuento, que tantos admiradores convocara en el Palacio de Lombillo, del Centro Histórico de La Habana Vieja.

Como antes había sucedido en España, Italia, Portugal, Inglaterra..., ahora la tierra de Goethe acogió con los brazos abiertos a este creador que desde muy pequeño tuvo una inclinación muy marcada por el arte. «Siempre estuvo muy cerca de mi vida, por lo que veía cada día. Mi papá, arquitecto, también es un gran dibujante. Viendo en casa sus trabajos comenzó a visitarme la inspiración».

Gracias a ello hoy Maykel Herrera puede mostrar con orgullo su admirable quehacer, magníficamente recibido en la EAGL Gallery, donde mostró La verdad parece un cuento, en buena medida gracias al empeño de Ada María de Boer, quien se confiesa su hada madrina, «la de esos ocho corazones que van en este deseo que se hace realidad. Le agradezco a mi madre —escribió no hace mucho esta promotora cultural cubana—, porque me educó con el sentimiento de querer a mi tierra, mi cultura, mis raíces».

Esta vez Herrera no pudo quedarse tranquilo en un solo espacio, sino que también protagonizó una intervención pública en las embajadas de Bolivia y Venezuela el día de Las puertas abiertas en Berlín. «La posibilidad me la ofreció nuestra sede diplomática, lo cual me permitía compartir con las culturas de esos países, de modo que el pueblo alemán se pudiera integrar más con la historia y las tradiciones de Latinoamérica.

«Esa constituyó una experiencia muy interesante. Hice grandes dibujos usando los símbolos de nuestra patria, para que niños alemanes y latinoamericanos los colorearan e intervinieran a su antojo».

Y hubo más, pues el autor de series como Ysla for ever y Príncipes enanos igualmente se sumó a otros proyectos colectivos —dos de ellos en la mencionada EAGL Gallery (Colores de Cuba e Ida y vuelta)— como Arte cubano exhibida en Eggersberg; Kubanische Kunstler, en Stuttgart; y el Salón Berlín, un espacio que él considera verdaderamente significativo para su currículo.

«Es casi como la Bienal de La Habana, pero en Alemania.  Para este salón se lleva a cabo una selección de artistas más que rigurosa. En representación de Cuba participamos Rigoberto Mena, destacado pintor abstracto, entre los de mayor relevancia en la Isla, y yo».

Herrera no dejó escapar tampoco la jornada dedicada a la lengua española en Europa, y se unió a la premio nacional de Literatura Nancy Morejón, quien dictó una conferencia magistral en el Instituto Cervantes. Inspirado por las palabras de la Morejón y junto a otros colegas como Juan Arel, Julia Valdés y Bárbara Sánchez Novoa, realizó además una intervención pictórica, acción que concluyó con la donación de las obras a esa afamada institución.

De vuelta a casa, ya este joven nacido en Vertientes, Camagüey, comenzó a preparar su próxima expo, donde compartirá créditos con la afamada Alicia Leal, para así celebrar el venidero aniversario de la emisora Habana Radio.

—La verdad parece un cuento continúa ofreciéndote muchas satisfacciones...

—Tienes razón. Y me siento satisfecho porque algunos pensaban que La verdad parece un cuento era una versión de Príncipes enanos, porque en ella también aparece la figura del niño. Sin embargo, presenta cambios y experimentaciones sustanciales que dieron pie a una imagen ligeramente diferente, no solo en el dibujo, sino además en los colores, en la agudeza de la iluminación, que crea una atmósfera, un drama dentro de una escenografía pictórica deudora de impresionistas como Claude Monet y Edouard Manet, y de postimpresionista al estilo de Paul Cézanne y Vincent Van Gogh...

«Lo mismo a través de la pintura, el performance que de las instalaciones, sabes que mi obsesión es conseguir comunicarme, provocar un diálogo con el espectador. Y resulta genial cuando lo puedo lograr más allá de tus fronteras, cuando puedo comprobar que mi obra, a pesar de las barreras idiomáticas, también funciona en otras latitudes, lo cual me demuestra que nadie se resiste si se apela a la sensibilidad. Por otra parte, mi creación no se enriquece únicamente con esta Cuba bella que no deja de enamorarme, sino además con otras culturas ricas y diversas».

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