Los raíles de la vida - Cultura

Los raíles de la vida

La guantanamera Liset Colina Cuadras tiene la gracia natural que necesitan muchos humoristas

Autor:

Yisel Reyes Laffita

Guantánamo.— «Siempre me ha atraído el mundo de la radio, por tanto escuchaba todos los domingos el programa Que aparezca el nombre, de Miguel Moreno (La Llave), y a cada rato me encontraba con él en la calle y le decía que me gustaba su show, que por qué no me invitaba un día.

«Nunca imaginé que haría caso a mis delirios, pues soy ferroviaria desde hace casi 40 años y no tenía experiencia de ese tipo, pero un día atravesó la puerta de mi trabajo, guión bajo el brazo, y me dijo: «repásate esto y a las cuatro de la tarde te espero en el estudio».

«Pude reunir fuerzas para presentarme a la hora que me dijo porque la gente siempre me decía que yo era una cómica, así que de algo me debía servir, pero aun así fui sin muchas esperanzas. Sin embargo, al terminar el programa escuché un «le gustaste a la directora. Nos vemos el lunes», y ahí me quedé por los próximos tres años.

«Pero desgraciadamente el espacio radial desapareció y me aparté del mundo artístico. Al final, lo que realmente hago es atender los recursos humanos en el área de operaciones del Ferrocarril, pero Miguel nunca se olvidó de mí, y cuando hacía espectáculos en el teatro Guaso, siempre me llamaba».

Jaranera de nacimiento, sencilla y trabajadora es Liset Colina Cuadras, quien se ganó el amor del público que la conoce mayormente por Indalecia, nombre con el cual la bautizó La Llave, gran amigo de ella, mientras actuaban juntos en Que aparezca el nombre. Ese espacio fue un parteaguas: cambió para siempre su vida y ahora puede hablarse de una Liset antes de trabajar en él y otra después de esa experiencia.

«La gente comenzó a conocerme, incluso me llamaban en la calle por Indalecia, que era la guajira que representaba en el programa, y comenzaron a hacerme invitaciones a empresas o locales de entretenimiento. Como siempre he sido un poco atrevida, hacía en esos lugares una que otra actuación, además de en mi centro de trabajo, donde siempre doy un paso adelante cuando hay alguna actividad», nos cuenta.

Pero la salida del programa del aire no marcó el fin de los sueños de Liset, quien no tardó en encontrar otra sorpresa en su poco común tránsito por la actuación.

«A veces, cuando piensas que tu corta carrera como artista ha terminado, aparece una nueva oportunidad. Escuché por la televisión que Cuqui la Mora (Aliannis Jáuregui) estaba promocionando un casting para mujeres humoristas, y aunque era a nivel nacional, no llegaron a Guantánamo, pero igual yo me emocioné y fui para Santiago de Cuba. No tenía las condiciones para hacerlo, pero sí el interés.

«De toda la Isla se presentaron alrededor de 120 féminas. Yo fui, actué y luego me olvidé de aquello, hasta que un día, como dos meses después, me llamaron por teléfono y me dijeron que había sido escogida entre las 15 finalistas, que posteriormente me avisarían la fecha en la cual debía estar en La Habana.

«Una vez allí, fui la tercera en concursar y me agencié la primera mejor puntuación de la competencia. Ahí me mantuve hasta llegar a las cuatro finalistas, que fuimos una habanera, dos santiagueras y yo, y aunque di todo, nunca imaginé que sería el segundo lugar, aun cuando haya sido compartido».

Tanto reconocimiento sacudió a Liset de felicidad, pero dejó la puerta abierta a la gratitud. «Algo sí debo dejar bien claro, y es que ese premio no lo hubiera podido lograr sin la ayuda de Miguelito, por tanto se lo dedico a él. En ese proceso tuve su apoyo incondicional, me ayudó mucho, se preocupó por mí, estuvo pendiente de la competencia y cada vez que terminaba una ronda me llamaba para que le dijera cómo había salido o cómo me sentía. Cuanto he logrado en mi carrera artística se lo debo», añade.

«Ella es una persona muy espontánea, tiene la gracia natural que necesitan muchos humoristas que viven de eso. De hecho, creo que haber obtenido el segundo lugar entre tantas concursantes demuestra su calidad y valía, pues fue la única guantanamera que se presentó», dijo Miguel Moreno al referirse a su pupila.

A pesar de que nuestro país tiene un grave problema con la presencia del mal llamado sexo débil en el humor, el casting para Más mujeres, nombre del programa televisivo que saldrá al aire este año, demuestra que sí las hay, solo que ese talento está oculto.

Y hay que ser muy valiente para desnudarse espiritualmente y no temer al ridículo, sobre todo cuando se hace humor de micrófono, y agallas le sobraron a esta guantanamera que, con más de 50 años de edad, cambió los raíles de su vida.

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