Canciones para alimentar la fe - Cultura

Canciones para alimentar la fe

El joven cantautor A Frank Martínez Oliva conversa con Juventud Rebelde acerca de sus concepciones musicales, preferencias e inicios en la trova

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

A Frank Martínez Oliva fue la poesía lo que lo acercó definitivamente a la trova. Como a muchos adolescentes, primero lo deslumbró la lectura y luego descubrir que podía trasladar al papel, en forma de lírica, sus más apremiantes sentimientos. Después vino la guitarra, y casi sin percatarse se fue convirtiendo en un genuino bardo, al comprobar que «la trova no era más que poesía musicalizada».

«La poesía me inundó de golpe y comencé a tratar de transformar en canciones los poemas que escribía, en un tiempo en que me llegó la influencia de los trovadores de Santiago de Cuba y, claro, de Silvio y Pablo... en un inicio, y más tarde de Joaquín Sabina, Serrat, de la canción protesta norteamericana encabezada por Bob Dylan, del jazz...».

Todo ocurrió en su natal Contramaestre, en Santiago de Cuba, por el empuje, sobre todo, según reconoce, de una muy activa célula de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) enclavada allí, responsable en aquel territorio oriental de una vida cultural verdaderamente intensa. «El poeta Eduard Encina, hasta hace poco nuestro presidente, fue esencial. Me halló un día cantando canciones que no clasificaban dentro de la trova todavía. Entonces, me presentó a otros trovadores que no conocía. Eso me ayudó a encaminar mi propuesta.

«A partir de ese instante, comencé a hacer mía la Casa del Joven Creador, nuestra sede de la AHS, junto a Ramón David y otros, y a vincularme con la filial de Santiago de Cuba, y con ello comencé a crecer como artista, con 18, 19 años. Esa experiencia me aportó mucho: perder el miedo escénico, ganar en confianza, y hacerme de vivencias que han ido enriqueciendo las canciones que he compuesto, al vincularme con trovadores de mi generación, a diversos proyectos comunitarios, a eventos como las Romerías de Mayo...».

—¿Cuánto ha cambiado la AHS a la cultura en Contramaestre?

—Me atrevo a decir que la AHS es el alma de la cultura en Contramaestre. Tuvimos la suerte de contar con un primer secretario del Partido, Arnel Fernández Chaveco, que poseía una notable sensibilidad artística, esto ayudó mucho. Nos convocó y nos preguntó de qué manera podíamos enriquecer la vida espiritual de nuestro municipio.

«Así se planificaron algunas obras de artes plásticas que hoy son referentes; surgieron el Café Con-cuerda y otros espacios. Pronto hubo un público no solo para la poesía y la literatura, sino también para la trova.

«La sede de la AHS, que había estado abandonada se transformó en una de las mejores de la Isla: espaciosa, muy cuidada y bonita, con su propio audio, a pesar de estar a 78 kilómetros de la cabecera provincial, y todo gracias a la voluntad política, a la unión, a los deseos de echar para adelante, a la conciencia que hay de que la cultura nos hace mejores seres humanos.

«Igual cambió el panorama en las comunidades más alejadas, como es el caso de Baire, donde rescatamos la Casa de Cultura, en la que apenas se realizaban actividades, y desarrollamos talleres literarios, de guitarras, a los que la gente respondió con prontitud; un territorio donde hacemos una visita obligada cada 24 de febrero, porque es importante preservar la historia».

—Hablas con devoción de tu tierra, pero desde hace algún tiempo te radicas en La Habana...

—Cierto, pero seguiré representando mi pedacito de tierra, aunque por cuestiones de la vida ahora esté en la capital.

—¿Qué te inspira? ¿A qué le cantas?

—Tengo muchas maneras de enfrentarme a la canción. A veces lo primero que nace es la letra, otras la melodía, y lo que me inspira es mi entorno, la gente y sus dramas, sus sueños, sus alegrías. En ocasiones vivo experiencias que me han marcado tanto, que quiero inmortalizarlas. Tanto lo bueno, como lo malo despiertan mis musas. Bebo también de los libros que leo, de las canciones que escucho. De hecho, me ha sucedido que algunas de las historias que narran me han motivado a contarlas de otra manera.

—He escuchado que ya estás preparando tu primer demo...

—Esa ha sido una de las ventajas de estar ahora en La Habana, además de que es mayor el acercamiento que se produce con el público, el intercambio con tus iguales y muchos otros músicos, que existen espacios que han adquirido cierta connotación a nivel nacional, que es superior el acceso a la información y a los medios (ya he grabado programas como Paréntesis, Entre manos...).

«Sin dudas, unas de mis más grandes alegrías ha sido grabar mi primer demo en los estudios de la Egrem, compuesto por 11 canciones. Este disco pienso nombrarlo Miedos, al igual que su segundo tema. Esta ha sido una experiencia muy enriquecedora para mí, aunque ahora me queda enamorar a las disqueras. Sinceramente, tengo mucha fe de que le puede ir muy bien.

«En esta propuesta aparece un tema que es un poema de Wole Soyinka, el premio Nobel de Literatura, un texto maravilloso nombrado Viaje. Se encuentran también El suicida, el gato y la ciudad, que nació de una selección que hice de poemas de Eduard Encina recogidos en Ángeles perversos; otra canción dedicada a mi tierra, Santiago PM, además de Selección natural —como se denominaba mi peña en la Casa de Cultura Julián del Casals, en La Habana Vieja—; La balacera, una pieza más apegada al son...

«Si me preguntaras cuáles son mis creaciones favoritas reunidas aquí te diría que La vida, tal vez porque es de esas canciones que a veces te salvan de algo o de alguien; también Catedral, Condesa de barrio y Una canción, el tema que uno espera que se siga escuchando, aunque pase un siglo, porque continuará diciéndole cosas a la gente.

«En cuanto a los géneros, es un demo muy variado, a pesar de que todo gira alrededor de la trova».

—¿Cómo conseguiste dominar la guitarra?

—¿Dominarla? No, aún. Me queda mucho por aprender. La guitarra siempre me sorprendió. Mientras a los niños de mi edad les llamaba la atención los juguetes, yo veía ese instrumento y enseguida había una conexión inmediata, que yo no podía entender. Por mi padre tuve la primera, pero ya había transcurrido el tiempo para entrar a una escuela de arte, entonces empecé a hacerla mía de manera autodidacta, hasta que busqué un profesor que me revelara sus secretos esenciales. Hoy todavía sigo «perdido» en ella.

—¿Cómo prefieres actuar: a solas con tu guitarra o acompañado por un grupo?

—Muchos trovadores arman su grupo por la necesidad que tienen de conseguir un mayor impacto entre los más jóvenes, además de que así logran un sonido más fuerte. Yo también lo he hecho. En Santiago, por ejemplo, tuve un proyecto que conformaban cinco excelentes músicos, pero ahora mismo quiero ser un cantautor que se acompaña con su guitarra con el único afán de llegar a aquellos que confían en que una canción también les puede mostrar un camino; que puede alimentarles la fe.

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