Cine en Casa y más allá

Los organizadores del Almacén de la Imagen trasladaron la magia del cine a la Casa del Joven Creador de la Asociación Hermanos Saíz de Camagüey

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

CAMAGÜEY.— Como el Raúl de Oslo —cortometraje de Luis Enrique Doñas que conquistó el codiciado premio Luces de la Ciudad—, quien decidió traer la nieve a casa para así complacer la vieja obsesión de su Amanda, los organizadores del Almacén de la Imagen consiguieron trasladar la magia del cine a la más activa de las Casas del Joven Creador (CJC) de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de toda la Isla, la de la tierra de los tinajones, como para seguir marcando la distancia.

Debo admitir que llegué a pensar en la posibilidad de que esta 23 edición peligrara por la falta de acceso a las salas donde, por lo general, se ha desarrollado el evento, a partir de que, desde hace un tiempo, la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe se ha hecho casi intransitable en algunas partes de su centro histórico, por su empeño de lucir aun más hermosa (que ya lo es mucho) para la celebración de sus primeros 500 años, en 2014. Sin embargo, la filial de la AHS de Camagüey ha demostrado que no existen lluvias, ciclones ni contingencias que impidan la materialización de un certamen que convoca con fuerza a los jóvenes realizadores que viven para retratar la realidad que les rodea y ansían crecer profesionalmente, informarse, intercambiar experiencias y debatir; aprender.

Para ellos y un público cada vez más creciente fue que ahora el ejemplar café literario La Comarca, de la CJC camagüeyana, cedió su amplia galería a fin de albergar allí la elegante y provisional sala Hitchcock, donde, junto a su vecina sala de video Canal 11, se exhibieron durante cuatro días las 99 obras en concurso.

Entre todas sobresalió justamente Oslo, que se llevó las mayores palmas de un auditorio entusiasta y de un jurado presidido por el cineasta Lester Hamlet e integrado, además, por el crítico de arte Frank Padrón y Jorge Rey, especialista este último de la Oficina de Festivales de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV). Ellos determinaron entregarle el Gran Premio al filme por «la coherencia de un trabajo que seduce desde la exquisita metáfora de los sueños alcanzables y la conjugación virtuosa de los elementos expresivos del audiovisual; por sublimar lo cotidiano y por narrar desde un mínimo de recursos con absoluta destreza».

Otros importantes reconocimientos en diferentes especialidades se agenció este corto protagonizado por dos premios nacionales: Carlos Pérez Peña (Teatro) y Nilda Collado (Televisión); dirección, banda sonora y música original (Denis Colina), así como a la Dirección de arte (Yani Monzón), categoría en la que lo acompañó Cebú, de Milaisis Pino, «por la verdad conseguida en sus escenarios y el impecable rigor estético».

Mas no solo Oslo y Cebú compartieron honores en algunos acápites. Sucedió también con las excelentes actuaciones de Broselianda Hernández y Rosa Vasconcelos en Tati y Nani, de Adolfo Mena Cejas, y en Fotografía, con Madera, de Román Lechapelier, y La faz de las aguas, de Eliecer Jiménez, que descolló por la Edición y recibió un reconocimiento especial del jurado. Este privilegio se le otorgó asimismo a El cuchillo de Macbeth, de Nuevitas, «un proyecto comunitario que refleja temáticas locales y universales desde propuestas estéticas disímiles, y que va adquiriendo cada vez más fuerza y participación de sus lugareños».

Todos los lauros se dieron a conocer en una gala de clausura que pintaba interminable (por la cantidad de premiaciones) y que, sin embargo, transcurrió de manera amena, sin dar ni la más mínima oportunidad a que el auditorio perdiera el interés, gracias a la pericia de la musicóloga Heidy Cerero, quien propuso para esta ocasión las presentaciones de agrupaciones de primera línea en el territorio, al estilo de Harold Díaz y Punto de giro, Norlis Venega y As de Trébol; y José Luis Piloto y Dinastía, un grupo novel que habrá que seguir de cerca por su frescura y poder de comunicación con el público.

Esa capacidad de Piloto y Dinastía, que es de envidiar, la posee en abundancia el Ballet Contemporáneo Endedans, que tiene el poder de despertar las más vivas emociones por las imaginativas y provocadoras coreografías de Tania Vergara, quien se las apaña para, además, regalarnos piezas que atraen por su alto nivel estético y que son defendidas con los espectaculares piernas, brazos, torsos, miradas..., de unos bailarines que las interpretan como si ese fuera el único legado que quisieran dejar en este mundo. Su Intervención Pública No. 1 debería ser apreciada por todos los que de una manera u otra tenemos que ver con la prensa.

Fue exactamente en esa gala, dedicada, como el evento, al muy próximo II Congreso de la AHS, donde se informó que Alcides Rafael Perea (Bigger, faster, better, more!), Alexander Rodríguez (El hombre que quería…), Alexandra Maciuszek (Escenas previas), Erián Ruiz Montano (In extremis) y Zaida Solomón (Ergo sum) no encontraron competencia en los apartados de Ficción, Animación, Documental (hubo Mención para Isla, de Lenia Sainiut), Video promocional y Minicorto, respectivamente, mientras que algunos realizadores, como Adolfo Mena, se llevaban más de una alegría (por el guion de Nani y Tati, y por saber que la EICTV lo invitaba a participar, por el mencionado corto, en uno de sus talleres internacionales).

Una felicidad comparable, supongo, a la de Fernando Fraguela Fosado cuando se enteró por Patricia Gallego, directora del Departamento de Creación Artística del Icaic, de que su proyecto Ladridos sería financiado por esa institución al resultar el vencedor de la cuarta entrega del Pitching Imagen del Almacén.

Y hablando de talleres, los organizadores de la muestra que auspicia la AHS (inaugurada con la seductora exposición Imitando a Bob, de Yara Ramírez) deberán pensar en la posibilidad de convidar con más frecuencia a su tierra a una comunicadora de altos quilates como la experimentada Patricia Ramos, tal vez la especialista más perseguida de esta edición por su Introducción a la escritura audiovisual, lo que puso en evidencia la comprensión cabal de los jóvenes realizadores de la necesidad que tienen de concebir sus obras a partir de textos sólidos, que respeten las leyes de la dramaturgia, y desborden ingenio y creatividad.

Aunque de seguro ya debe estar trabajando en los preparativos del Almacén del próximo año, Reynaldo Pérez Labrada (se alzó con el premio que otorga la UJC, por Poema pedagógico). Desde 1998 ocupado en cada detalle de la muestra, debería disfrutar por un tiempo del éxito de la recién finalizada entrega, no solo porque atrajo a participantes de todas las provincias, excepto Villa Clara e Isla de la Juventud; o por la acogida de los espacios Coffe Arábiga, Pantalla Clip o Play, sino, sobre todo, porque no se conformó con que la fiesta del séptimo arte se quedara únicamente en la CJC.

Evidentemente, Pérez Labrada estaba convencido de que debía estar al menos, por obra y gracia del proyecto Cine en los barrios, en comunidades como Manantiales, en Vertientes, y Martí, en Guáimaro, a sabiendas del asombro que comúnmente despiertan el sonido y las imágenes en movimiento; un «hechizo» que no deja a nadie indiferente.

Por todo ello es que puedo asegurar que el Almacén de la Imagen, que contó con apoyo absoluto de la Dirección Provincial de Cultura y la UJC, cumplió con su cometido, lo cual, como enfatizaba Yunielkis Naranjo Guerra, presidente de la filial de la AHS en Camagüey, «avala la trascendencia y reputación de un evento que apuesta por la calidad y sabe que el arte nos puede hacer más útiles y mejores. Eso nos obliga a mantenerlo vivo más allá de estos días, de modo que estas magníficas muestras de los más jóvenes cineastas que sin abandonar la belleza dialogan sin complacencia con la realidad, sean apreciadas en esas comunidades y barrios distantes que tanto lo necesitan», concluyó, con la certeza de que en lo absoluto se trata de una utopía.

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