Bitácora sobre las tablas - Cultura

Bitácora sobre las tablas

La muestra nacional del importante certamen de las artes escénicas incluye la participación de cuatro premios nacionales de Teatro y sugerentes propuestas que no podemos dejar de disfrutar

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Cuando el teatro es necesario,
no hay nada más necesario.
Peter Brook

Faltan apenas cinco días para que comience el viaje. La embarcación está casi lista. Destino: los dominios del teatro. Afine la mirada tras el catalejo. Tome la brújula, encuentre su norte y marque en el mapa la ruta a recorrer. Vayamos juntos llenando de apuntes y derroteros nuestra bitácora sobre las tablas.

Fijar la trayectoria no será tarea fácil, ni siquiera para los más experimentados «marineros», pues son muchos los puertos donde atracar. En un trabajo anterior ofrecimos detalles generales del certamen y algunos de sus principales atractivos. Por esa razón, ahora les propongo realizar un «bojeo» por algunas de las propuestas de la muestra nacional que trae la decimoquinta edición del Festival de Teatro de La Habana.

A toda vela

Durante diez intensos días, el Festival de Teatro de La Habana acaparará atención y aplausos. En ese sentido, la compañía El Público tendrá mucho que ver.

El texto El jardín de los cerezos, de Antón Chéjov, será una de las propuestas. Esta obra sirvió de graduación a mediados de este año a un grupo de estudiantes de la Escuela Nacional de Arte, a partir del original del escritor y dramaturgo ruso, bajo la guía del actor y profesor Osvaldo Doimeadiós.

El jardín… narra el declive económico de una familia de aristócratas, mostrando una inversión de papeles que pone en entredicho la manera de vivir de las clases adineradas tradicionales.

Asimismo, el grupo suizo Apsara Teatro presentará No es tiempo de sirenas, dirigido por Carlos Díaz, con las actrices Silvia Barreiros y Margarita Sánchez, que fuera estrenado en Ginebra a inicios del 2013.

Bajo la firma de Carlos Díaz nos llega además Antigonón, un contingente épico, con textos de Rogelio Orizondo, diseños de Roberto Ramos Mori y Celia Ledón, y actuaciones de Giselda Calero, Daysi Forcade, Abel Berenguer, Linnet Hernández, Luis Manuel Álvarez, Yaikenis Rojas, Yordanka Ariosa y Roberto Espinosa.

A la vez que retoma el mito de Antígona, la obra se sumerge en los complicados vínculos que una generación sostiene con el pasado y la historia de la patria, mediante diversas conceptualizaciones y abordajes de lo cotidiano. El relato se erige sobre el Contingente Épico Antigonón (CEA), organismo que agrupa a todas las antígonas del territorio nacional. Dos de sus integrantes hacen un muestrario confesional, didáctico y dramático de su relación con el CEA.

Del contingente damos un salto para asistir a un paseo por los conflictos y secretos de Ana en el trópico. Uno de los títulos más reconocidos de la escena mundial contemporánea, la pieza del cubanoamericano Nilo Cruz —escrita y estrenada en 2003—, ganó el Premio Pulitzer.

La puesta corresponde también a Carlos Díaz y es el resultado de una producción conjunta entre la compañía que él dirige, Fundarte (organización sin fines de lucro, dedicada a la presentación, producción y promoción de diversas manifestaciones artísticas) y la Universidad de Miami.

Ana en el trópico —cedida especialmente por el autor para este montaje— se ubica en la ciudad tampeña de Ybor City en 1929 y trae de vuelta en el tiempo el oficio de los tabaqueros. La llegada de un nuevo lector de tabaquerías, que trae consigo la novela Anna Karenina, desatará tensiones tejidas con encuentros, desencuentros y evocaciones.

Seguimos navegando y arribamos al muelle de Argos Teatro. El grupo dirigido por Carlos Celdrán vuelve a seducir con una versión de La puta respetuosa, de Jean-Paul Sartre, titulada Fíchenla, si pueden, —nombre que alude a uno de los últimos cuentos de Virgilio Piñera.

«Nuestra relectura del clásico de Sartre debía encontrar una denominación que reorientara la mirada del espectador hacia un nuevo contexto y otra significación. La aproximación al título del cuento piñeriano resultó, por muchas razones, apropiado.

«La estrategia de trabajar textos clásicos ha sido zona de indagación del grupo. Esta vez, retorna como ejercicio teatral y actoral en el cual la sencillez de los comportamientos busca hacer posible, legible, la fuerza del relato original», así ha manifestado Carlos Celdrán en el sitio oficial del grupo.

Mientras, al espacio naturalista de una sala-comedor-cocina de una casa nos invita a entrar Teatro D’Dos en Delantal todo sucio de huevo, escrita por el brasileño Marcos Barbosa.

La propuesta escénica, bajo la tutela de Julio César Ramírez, describe las experiencias de una familia cuyo retoño, Moacir, se marchó sin dejar señales ni noticias. El retorno al hogar ocurre casi 20 años después, con el hijo travestido en mujer. Esta situación pone sobre la mesa múltiples interrogantes, inquietudes y miedos.

Hacia otras costas nos empuja Teatro del Viento. Sus brisas nos acercan a Adiós y Welcome, que dirige Freddys Núñez Estenoz. El espectáculo reúne dos textos: Weekend en Bahía, de Alberto Pedro Torriente, y El último bolero, de Cristina Rebull e Ileana Prieto.

La mirada al presente de la sociedad cubana contemporánea, fusionada con aires de reencuentros y separaciones, nos devuelve «un pasado que convoca a la memoria para intentar conciliar el recuerdo». Los papeles serán asumidos por los actores Ana Rodbers, Vladimir del Risco, Lia Guerrero, Marian Royan y Viviana Poveda Piloto.

En aguas «premiadas»

Son cuatro los premios nacionales que deleitarán al público con su participación. La proa de nuestra embarcación apunta en dirección a René Fernández con la obra Se durmió en los laureles, que Teatro Papalote pone a disposición de toda la familia, en especial de los más pequeños. En el espectáculo, dos payasos titiriteros asumen, entre divertimentos y travesuras, juegos simbólicos encarnando a la vida y la muerte.

Si giramos unos grados el rumbo de nuestro timón nos topamos con el premio nacional de Teatro del pasado año, el actor Pancho García, a quien volveremos a ver en su magistral interpretación de una vieja prostituta, que va deshojando ramilletes de recuerdos y nos conduce por las esquinas de su vida, en el unipersonal La Legionaria —pieza con la cual también se alzó con el premio nacional de la Crítica Cubana en 1996—, a partir de la novela homónima de Fernando Quiñones. De esta obra ha dicho el propio actor: «es con la que más he disfrutado y la que me permite estar en contacto directo con la gente».

En la categoría de los unipersonales podríamos detenernos asimismo en las obras Rapsodia para el mulo, de El Ciervo encantado; El baile, de Teatro D’ Dos y La boca, de El Taller.

Dirigiendo la vista a otros horizontes, divisamos a ese grande de las artes escénicas que es Nelson Dorr, que nos invita a revisitar la ingenuidad de Desdémona y la pasión del moro Otelo en el clásico shakesperiano de igual nombre.

El encuentro con José Milián será otro de los momentos importantes. El destacado dramaturgo nos convida a hacer nuevamente un guiño a Virgilio Piñera —y a figuras del cine silente— con la puesta de El flaco y el gordo, de la mano de Pequeño Teatro de La Habana.

La pieza, reseñada y comentada en las páginas de nuestro diario, exhibe con sencillez y dinamismo, el sello distintivo del director, al introducirnos en el absurdo virgiliano desde el diálogo contrastante y el careo clasista de los personajes.

No menos importante será la sección teórica del festival, con múltiples opciones, entre ellas el ciclo de conferencias «Otro espacio o espacio de los otros: La política de las fronteras sociales en el teatro y la danza de hoy», a cargo del Doctor Benjamin Wihstutz, de la alemana Universidad Libre de Berlín.

También se reflexionará acerca de la presencia de Stanislavski en el teatro cubano —intervención a cargo de Norge Espinosa—, la dirección teatral experimental y joven, con las intervenciones de varios dramaturgos presentes en el evento.

Como parte del certamen se desarrollará el Foro Unima Cuba, para dialogar sobre la evolución visual del teatro de títeres.

Está claro. Hay buen viento para navegar y un océano de propuestas. El clima no podría ser mejor. Se elevan las anclas para avisarnos que este barco está a punto de zarpar. Únase a la travesía.

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