Piña Colada: la fusión que enriquece el arte

Diverso y cada vez más cercano a la gente, el festival Piña Colada sigue apostando por el quehacer de los más nuevos y su visión de la cubanía desde los más disímiles conceptos musicales

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

CIEGO DE ÁVILA.— De rojo y sin manto, pero con castañuelas y pasillos cadenciosos de la Península, las bailarinas de Habana Compás Dance actuaron en el teatro Principal, como parte del festival Piña Colada, que cerró sus puertas el domingo. Una vieja tradición, que con seguridad peregrinó al Nuevo Mundo con los conquistadores, regresó al centro de la Isla con esa mixtura que solo el tiempo y las regiones donde se arraigó le aportan nuevos conceptos.

Musicalmente esa compañía danzaria impresiona. Una melodía, nítida, contagiosa y bien fusionada marca el paso de sus bailarines. Pero el grupo no solo se centra en lo español, en sus coreografías hay ritmos criollos como la rumba o el son. De ahí que el público que fuera a disfrutarlo sintiera deseos intensos de aplaudir por largos minutos su única actuación en Piña Colada, un evento que propició la presentación de figuras noveles de la música actual.

Entre lo más significativo estuvieron los conciertos de Gretell Barreiro y Deja Vu, en el patio de la Uneac. También las actuaciones multitudinarias en la Plaza Indersito, tanto con exponentes de la música alternativa (Gitano, Mediterráneo e Insurrecto), como de la popular, con Arnaldo y su Talismán, Bony y Kelly, JG y su grupo, y Qva Libre. Todos ellos defendieron en el escenario los preceptos de un festival que, ante todo, respeta la diversidad de estilos musicales y conjuga los gustos del público con propuestas atractivas y enriquecedoras.

Igualmente en el evento se disfrutó desde lo más extremo del metal hasta lo más urbano del hip hop, pasando por esas expresiones melódicas arraigadas en la cultura popular, como es la rumba, de la que apreciamos a dos grupos importantes de la región: Rumbatá, de Camagüey; y Rumbávila, de la ciudad sede del certamen.

Uno de los valores de este festival es que ofrece la posibilidad de apreciar el talento joven que posee Ciego de Ávila. Así, junto a Rumbávila se presentaron los grupos Aromas, Motivos personales e Iré tocao —este último compuesto por instructores de arte—; los trovadores Héctor Luis de Posada y Yoan Zamora, los raperos de Aka-demia, y la cantante Dayany Gutiérrez, entre otros.

Virginio Menéndez Moro, director de Cultura en el territorio, explicó que «este es un espacio para que se sepa que existen. Es una buena oportunidad para dar a conocer a estos creadores, a pesar de que se han presentado en otros eventos».

Momento especial resultó la noche sabatina, la cual estuvo marcada por la impronta de un cantautor esencial: Santiago Feliú. Noveles figuras de la trova y de la canción se reunieron en esa velada, en el teatro Principal, para homenajear al trovador, recientemente fallecido, y autor de temas imprescindibles en la cancionística nacional como Para Bárbara y Un bolero para ti.

Un tributo a la Egrem en su aniversario 50 dedicó Piña Colada con un conversatorio desarrollado en el Museo de Artes Decorativas. Allí la musicóloga Gretel García destacó el interés de esa casa discográfica por registrar el quehacer de la joven vanguardia musical, lo cual se demuestra con los diferentes proyectos que mantienen con la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

Arnaldo Rodríguez, presidente del comité organizador del festival, agradeció a la disquera por el respaldo al arte hecho por las nuevas generaciones de artistas y por su colaboración en la realización de las 11 ediciones de la cita avileña.

Porque para el también líder del Talismán, Piña Colada es realmente un espacio en el que sus jóvenes participantes intercambian experiencias y establecen relaciones de amistad; además de que es un certamen que contribuye a la formación del gusto estético del público, ya que propone en sus conciertos un cuidado repertorio, en el que no se olvidan las preferencias de la audiencia.

«El festival se desarrolla en un momento de cuestionamiento de los presupuestos estéticos de las expresiones musicales en el país. Del tema de la chabacanería en los textos se está hablando mucho. Ese es uno de los derroteros al que nos enfrentamos e intentamos mostrar nuestra visión aquí», afirmó a JR el autor de Tierra de la soledad.

Diverso y cada vez más cercano a la gente, Piña Colada sigue apostando por el quehacer de los más nuevos y su visión de la cubanía desde los más disímiles conceptos musicales. A más de una década de su surgimiento, se sigue apreciando en cada uno de sus escenarios.

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