Un Kcho de nobleza

En ese pedacito de la ciudad que se llama Romerillo, en la capital, crece la esperanza con el alimento de la voluntad, la solidaridad y el amor con que se construye

Autores:

Juana Carrasco Martín
Aracelys Bedevia

Siento decir que es un hombre fuera de serie. Debieran existir más de uno. Uno en cada barrio, para empujar a los demás. Quizá entonces sería más llevadero el diario de a diario, y la imaginación y los sueños pudieran convertirse en creación y realidad. Y no es altruismo lo que derrocha, no le gusta esa palabra. Lo entendemos.

Se conjugan generosidad, desprendimiento, nobleza y desinterés. Él no se reconoce esos atributos, pero de hecho los define con estas pocas palabras: «He hecho lo que tengo que hacer».

¡Aaaah, si cada uno de nosotros hiciera lo que tiene que hacer! Por supuesto eso no nos daría la categoría de la perfección. Tampoco este hombre lo es, pero no estamos aquí para encontrarle sus defectos. Solo ver su obra, y ella es buena.

Conversa este mediodía con un grupo de trabajadores de JR que han escogido como forma de celebrar alguna fecha fundamental, ir a conocer colores, olores y sabores del Romerillo. Una que otra pregunta en la plática amena, libre, expresiva de todos los sentimientos, que incluyen alegrías y frustraciones que pueden darse por igual en La Habana o en París. Se motorizan criterios y reflexiones de uno y otro lado de la palabra.

La sustancia está en la familia. «Soy así por educación. Mi mamá me hizo de esta manera…», y miramos el rostro de esa mujer de belleza natural, que desde una foto enorme recibe a quien entra en la galería que lleva su nombre, y guarda un tesoro preciado de la cubanía, rescatado de lo particular-privado para ser contemplado por cualquiera y por todos: Lam, el imprescindible, al alcance de la mano, regresado a Cuba en El último viaje del Buque Fantasma.

«No creo que haya mejor destino; que lo que yo hago con el arte, sea para esto», dice, y a la vista salta un mundo de creaciones. Nos rodean la galería Martha Machado —el homenaje a la madre y su génesis de valores—, la biblioteca Comandante Juan Almeida Bosque; La Nave, espacio para el arte contemporáneo; el Taller Experimental de Gráfica Romerillo, la sala de teatro Tocororo… y, sobre todo, una isla de 12 manzanas destinada a cambiar su vida. Esto es Kcho Estudio Romerillo Laboratorio para el Arte.

La inquiebrantable constancia de un cubano

Como esas flores que crecen silvestres en cualquier pedazo de tierra, incluso en los tejados de las casas, germinan la alegría y la esperanza en una de las comunidades más humildes de la capital cubana: Romerillo.

Quizá nadie sepa exactamente cuántas viviendas hay en ese asentamiento humano, ubicado en el Consejo Popular Cubanacán del municipio de Playa, ni cuántas personas viven en ellas. Pero lo que sí conocen todos es que mucho ha cambiado esa comunidad desde que un cubano llamado Alexis Leiva Machado (Kcho) decidió hacer ahí su estudio, en las naves de una antigua base de ómnibus.

Donde antes había basureros y placeres abandonados (llenos de malezas y escombros) ahora hay parques infantiles y espacios para compartir con la familia. Donde antes reinaba una oscuridad imponente ahora hay luces por doquier y un centro sin fines de lucro, que desarrolla acciones con un perfil social, educativo y cultural, dirigidas al mejoramiento humano y a defender los valores de nuestra cultura nacional.

«Cuando Kcho llegó y nos dijo que quería hacer un proyecto de reanimación social, al principio, mucha gente estaba descreída y no confió en lo que él decía, porque habían venido otras personas diciendo que harían y al final no hacían nada. Pero Kcho cumplió. Él y su equipo de trabajo están llevando a cabo un plan de reanimación excelente», enfatiza Lourdes Morgado Rodríguez, presidenta del CDR y responsable de Vigilancia de la zona.

«La bodega la iban a cerrar porque el techo estaba desbaratado y los alimentos se mojaban cuando llovía. Él compró los materiales y se los dio a los vecinos para que la repararan.

Las instituciones locales se sumaron. «Nos arreglaron las calles que estaban llenas de huecos. Quitaron los salideros de albañales y los de agua potable; mejoraron el alumbrado y se ocuparon de que pusieran teléfonos públicos, porque ni eso teníamos aquí», describe esta líder del barrio.

En compañía de Lourdes recorrimos Romerillo, donde resultan evidentes los cambios. Y nada de actos de magia, son consecuencia de la constancia, voluntad y entrega de un artista que no olvida sus esencias y está convencido de que cultura y comunidad pueden y deben ir de la mano.

«El proyecto desarrollado por Kcho ha sido muy impactante y bueno. Por lo menos la gente está agradecida», cuenta. Tenemos parque para los niños y para que todas las personas hagan ejercicios. La Casa de Cultura ha tomado auge. Él trajo el circo, a La Colmenita, a Silvio; hasta René González, nuestro héroe, ha estado en Romerillo», continúa contando Lourdes con evidente orgullo.

«Somos un barrio insalubre. El nivel cultural de las personas que viven aquí es bajo y el trabajo que se está haciendo ha ayudado mucho a todos. Los niños, en su inocencia, a veces rompen las cosas pero los estamos enseñando para que las cuiden. Antes, estaban la mayoría del tiempo en la calle, jugando pelota, corriendo, y ahora tienen parques. Antes la mayoría se pasaba el tiempo “mataperreando”, pero ya comprenden que el juego es después de asistir a la escuela.

«En un inicio fue una lucha tremenda porque a muchas personas de aquí no les interesaban los parques y se llevaban las lámparas y bancos. Ahora los mismos niños impiden que esto suceda y hasta traen a los padres al centro cultural (Kcho Estudio Romerillo) a ver películas o las muestras de pinturas.

«Algunos no quieren ir, otros aunque no entienden bien de qué se trata, porque no tienen el conocimiento cultural para hacerlo, se interesan y se acercan de todos modos», subraya.

Romerillo en floración

Aseguran que cuando Kcho llegó a Romerillo, lo primero que hizo fue transformar el barrio, incluso antes de que se construyera su estudio. Se reunió con varias entidades y luego de un recorrido por el entorno desfavorecido, esbozó los dibujos de lo que sería el proyecto.

Los tres parques proyectados al inicio se convirtieron en seis, situados en 9na. y 118 (que es un área infantil y de estar); en 7ma. y 118 (parque infantil José Martí); y en 7ma. y 116 (parque Hugo Chávez, con canchas deportivas y un set completo de equipos biosaludables). También en 5ta. F y 118, espacio que se transformó en un terreno de fútbol, al tiempo que los sitios donde se cruzan las avenidas 9na. y 110, y 5ta F. y 114 son igualmente lugares para disfrutar del entorno.

Si todo se ha hecho realidad ha sido, en buena medida, por el apoyo de una brigada de mantenimiento que se ocupa de la carpintería, jardinería, de arreglar las luces para que los parques se mantengan funcionando como el primer día, según explica Aylín García Brunet, del departamento de Comunicación de Kcho Estudio Romerillo Laboratorio para el Arte. Y es que es una tarea difícil, apunta, que lleva muchos recursos.

La reanimación social se empezó a notar a partir del verano de 2012 y todavía está en pleno desarrollo. «Ahora estamos reconfortando la avenida 120. Se han recuperado todas las aceras y los contenes; se hará la jardinería. También se señalizaron los principales lugares...», ejemplifica Aylín.

«En este momento se funden los bancos que irán en todas las paradas de guaguas  —a las que se les ampliarán los techos—, y están poniéndose lumínicos o cajas de luces; no para la publicidad que estimule el consumo, como ocurre en otros países, sino para que den a conocer nuestra historia, nuestras personalidades y hasta los personajes del barrio».

«Si París lo hace…», les había dicho el pintor con una sonrisa cómplice que se convierte en carcajada colectiva, al escuchar esa picardía en el vozarrón fuerte que atropella las palabras por la velocidad del parlamento y del pensamiento de quien las expresa.

«Desde este centro cultural estamos llevando adelante una transformación educativa —prosigue Aylín—. Ideamos actividades para los niños, proyectamos películas, traemos al circo, grupos de teatro. Hemos tenido dos presentaciones de la Escuela Nacional de Música, con gran aceptación por parte de la comunidad.

«Los estamos enseñando cómo se debe ir a un cine y a una biblioteca: vestidos y calzados, aunque sea con chancletas.  Aprenden asimismo cómo deben comportarse en una sala de arte: que se mira, no se toca, ni se juega a la pelota. Ellos saben ya quién es Wifredo Lam, y realizan solos el recorrido y se lo enseñan a sus padres.

«Desde que creó la Brigada Martha Machado, Kcho estaba convencido de que cuando tú le cambias la vida a un niño al hacerlo sonreír, ese niño cambia a su familia, cambia a una comunidad, y esa comunidad cambia a un país. Por eso trabajamos de esa manera».

Otras voces entusiastas

Otras voces acompañan la descripción de una comunidad en movimiento. «Yo les puedo decir que aquí ha cambiado todo. El barrio ha tomado otro matiz. La gente está muy entusiasmada, ha cogido un poco más de nivel, de cultura; contribuyen, ayudan, se ve otro ambiente, visitan el teatro... Los «factores» del barrio han ayudado mucho y la muchachita de la Casa de Cultura ha hecho muy buen trabajo», apuntala Efraín Díaz, vecino y trabajador de Romerillo.

«Ahora como que la gente es más decente. Gracias a los parques, nosotros podemos divertirnos aquí mismo. Mi hermana está en La Colmenita de la Casa de Cultura y yo vengo a la biblioteca cuando me hace falta algo para la escuela». Así de serio y sencillo se expresa Jesús David López, un pionero que cursa el 6to. grado, y se sabe entre los grandes beneficiados de la obra colectiva iniciada por un hombre dispuesto y su equipo.

Una pertinaz lluvia nos impide llegar a las canchas deportivas. Marlene Ricardo Almaguer, directora de la Casa de Cultura Romerillo, considera que tuvo la suerte de asumir esa función justo cuando Kcho llegaba a esta comunidad en desventaja, con alto índice delictivo e indisciplina social.

«La Casa de Cultura no tenía sala de video y Kcho compró un televisor y un aparato de DVD. Luego, con unas sillas plásticas que teníamos guardadas y esos equipos, logramos crearla. Tenemos también un teatro en el patio. A medida que se mejoraron las calles y se crearon los parques, la población se empezó a interesar por el trabajo de esta institución. Todas las organizaciones y líderes de la comunidad han ayudado.

«Aquí han actuado Arnaldo y su Talismán —se reunió un público de más de 2 000 personas y no hizo falta la policía para mantener el orden—, Francis del Río, Virulo, Kelvis Ochoa, Mentepollo…».

Del mismo modo, cuenta Marlene Ricardo, a petición del reconocido pintor, La Colmenita central se presentó en Romerillo y de paso este le solicitó a Carlos Alberto Cremata que conformara una en esa localidad. «Él nos envió a una instructora para la Casa, en mayo de 2013, y en marzo de este año 2014 inauguramos nuestra Colmenita con 57 niños.

«También surgió un grupo de abuelas. Ellas habían llegado hasta nosotros en busca de espacio para hacer talleres de manualidades, y aprovechamos para crear Las abuelas soñadoras (bailan, cantan, recitan, hacen monólogos…). Lo inauguramos en el teatro Tocororo de Kcho Estudio.

«Actualmente contamos con más de 30 jóvenes vinculados a la Casa y un plan de atención y prevención social, que incluye a niños que no cumplen con sus deberes escolares», señala Marlene, quien además destaca el apoyo que reciben de las cercanas ENA (Escuela Nacional de Arte) e ISA (Instituto Superior de Arte, Universidad de las Artes).

«El vínculo, afirma, es más fuerte ahora. Gracias a estas instituciones pudimos hasta organizar un concierto de guitarra que, para sorpresa nuestra, fue del agrado del público».

Las opiniones «llueven», tal vez porque afuera todavía no escampa. Y entre todos los criterios, tal vez resuma el parecer de la mayoría el de la señora que mantiene un pequeño negocio, donde brinda apetitosas hamburguesas y deliciosos jugos de frutabomba, a apenas unos pasos del portalón de hierro de Kcho Estudio. Como vive bien de cerca lo que acontece en su barrio, dice con pocas palabras lo que quizá a muchos les resulte un poco excesivo, pero a ella le sale del corazón: «Kcho aquí es como un dios…».

Una obra colectiva

Pero no es esta la obra de un hombre, y lo aclara el mismo Kcho: «es una obra de la Revolución y no de Kcho, un núcleo cultural, sin fines de lucro, cuya intención es la experimentación, el desarrollo, la difusión de las artes y el entendimiento humano. No es el estudio individual de un artista, sino un centro cultural abierto al público.

«Es importante defender los valores que la Revolución sembró. Soy de la Isla (de la Juventud), pero este carapacho lo he echado aquí, en esta ciudad, vine a esa escuela (la ENA) que está a pocas cuadras, cuando tenía 14 años, y supe de este lugar, donde veía que vendían la comida para comprarse alcohol…

«Por eso hacemos cosas como estas, por eso se creó la Brigada Martha Machado, fuimos a Haití y estamos ahora en Romerillo. Estoy convencido de que lo que estoy haciendo es correcto, convencido de que el arte puede cambiar a la sociedad, para poner a la gente-barca en el mapa. Este lugar —dice del Estudio Taller— es el guardián del Romerillo, una isla atrapada entre algún tipo de bienestar…

«He sido testigo de la educación de la Revolución. Ese es el sentido de la vida. Imagínense que seamos otro país, que sea el sentido egoísta lo que permanezca. Hay cosas que no podemos perder, cosas que hemos hecho como país, un país que comparte lo que tiene, no lo que le sobra.

«Soy hijo de este pueblo, un pueblo muy creativo, que lo ha inventado todo. Esa es la energía que nos antecede, que nos preside, que nos conduce. Y sabemos y compartimos el nombre propio de la energía de quien habla: Fidel».

Alexis Leiva Machado se mueve, gesticula, actúa sin actuar, te mira a los ojos, y no para de hablar…

«Nuestro propósito es desarrollar proyectos con un marcado perfil social, educativo y cultural, dirigido al mejoramiento humano y a defender los valores de nuestra cultura nacional, así como su papel y aportes en el concierto global.

«Son momentos de hacer», concluye, y poco después un hombre joven que se apuraba en tragar su bocado de merienda para dejar plasmado su criterio, sentencia: «Sí. Nos ha cambiado la vida».

Y ahí está la isla de 12 manzanas, «tan a la mano que asusta»(*), que asusta no poder hacer lo mismo, o algo parecido, en los otros Romerillos de Cuba…

A la memoria viene la sentencia de Félix Varela —el hombre que nos enseñó en pensar—: «No hay patria sin virtud».

(*) Frase tomada de la Carta de Corina Matamoros a los vecinos de Romerillo, instándolos a cuidar ese tesoro.

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