La Asociación es mi vida

Gracias al diálogo, nuestros trabajos convergen en un punto, en un superobjetivo común: la gente, el pueblo, que al final es nuestra razón de ser, asegura Yunielkis Naranjo Guerra, presidente de la organización en la provincia de Camagüey

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Aunque hoy pudiera parecer poco probable, en la primera juventud de Yunielkis Naranjo Guerra ni por un segundo le pasó por su cabeza que en su vida el mundo de la cultura le sería tan afín. Mucho menos que con el tiempo formaría parte de una organización de vanguardia como la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

«Sucedió que en los Camilitos sobresalía en la realización de investigaciones históricas. Motivado por mis profesores María del Carmen, Alina, Bruno, Estévez..., participaba en los concursos de Historia en los que salía una y otra vez vencedor».

De eso modo Yunielkis, presidente de la AHS en Camagüey, invitado por JR a desandar por sus memorias, rememora las circunstancias que lo llevaron a descubrir una organización para la que ha vivido. «Recuerdo que interesado en argumentar bien mis estudios fui a la Sección de Investigaciones Históricas del Partido, donde me encontré a Gustavo Sed Nieves, entonces especialista principal de Patrimonio Cultural, y luego Historiador de la ciudad. Ese contacto me cambió definitivamente...

«Por problemas de salud tuve que abandonar la escuela militar, pero Sed Nieves siguió siendo mi tutor. Una vez me envió al Centro Provincial de Cine con el fin de buscar información para unos programas de radio, y allí  conocí a Reynaldo Pérez Labrada, hoy presidente del comité organizador de la muestra audiovisual Almacén de la Imagen, pero quien entonces estaba al frente de la Asociación.

«Por Reynaldo supe de la sección de Crítica e Investigación, y de la AHS. Tanto me impactó ese hallazgo que me dispuse a estudiar sobre la presencia de poetas y trovadores en la ciudad. Ya yo dirigía el Club Juvenil de Radio Cadena Agramonte, y con el auspicio de la radio, la AHS y Cultura, presentamos un proyecto...».

—¿Te refieres a Pista abierta?

—Efectivamente. Mira, yo entré en la AHS en 1998, en Crítica e Investigación, pero para el 2000 ya había pasado cursos en la radio de guionista, musicalización de programas dramatizados..., los cuales me sirvieron para idear Pista abierta, que contó con el apoyo de reconocidos profesionales como José Martínez Estévez, premio nacional de Radio; María Dolores Abín, Eduardo de Jesús Figueredo Ballester... Fueron muchos los que me ayudaron para ese nacimiento.

«Fue un “escándalo” cuando salió ese espectáculo destinado al público juvenil y que tenía un carácter cultural, educativo y promocional. Agrupaba todas las manifestaciones y su principal objetivo era actuar en las comunidades de difícil acceso cuando ni siquiera se hablaba de eso; un camino que ha continuado Golpe a golpe, el cual surgió seis años después. La diferencia radicaba en que los miembros de Pista abierta eran jóvenes desvinculados de la sociedad, a quienes encauzábamos a través del arte.

«Decir Pista abierta era llenar una plaza sin groserías ni chabacanerías. Creo que con ese alto nivel de convocatoria que tuvo —sobre todo para adolescentes y jóvenes—, no ha aparecido nada más en este territorio, ni siquiera Golpe a golpe».

—¿En qué se diferenciaba Golpe a golpe de Pista abierta?

—Golpe a golpe llegó gracias a la vinculación de la AHS con la Brigada de Instructores de Arte José Martí y artistas aficionados de la FEU. Es decir, contaba desde el inicio con mayor calidad artística y una estrategia de trabajo, que no existía con Pista abierta. Si bien esta última recibió desde el principio el abrazo de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), Golpe a golpe ha logrado un apoyo gubernamental superior.

—¿Cuánto ha significado la presencia de Golpe a golpe en esos lugares adonde por lo general no llegan los grandes artistas?

—El artista que transite por Golpe a golpe pasa por una escuela que lo enseña a ganar en disciplina, en sensibilidad, que lo prepara aun más desde el punto de vista profesional, y que le desarrolla valores como la solidaridad, la camaradería, el amor al trabajo. Como está diseñado para desarrollar hasta tres funciones diarias, realiza mensualmente de 17 a 30 actividades, es decir, que sus integrantes son muy sacrificados a pesar de que no reciben remuneración alguna.

«Golpe a golpe siempre aparece allí donde hay algún problema, alguna carencia. Hemos recorrido las comunidades intrincadas, escuelas, preuniversitarios, todos los hospitales y centros penitenciarios de la provincia...

«Si en algún momento fuimos criticados por nuestra insistencia de estar en las comunidades durante 14 años, el tiempo nos ha dado la razón. Golpe a golpe ha ayudado incluso a derribar el mito de que hay que hacer concesiones artísticas para que ese público nos acepte. Ahí ha estado su Brigada de Jóvenes Creadores, que reúne lo más genuino de la Asociación, para demostrarlo; o la Brigada Arte Joven que se activa durante el verano, o Cine en los barrios...

«Lo más importante es que invariablemente la gente se emociona, te pide que, por favor, regreses, y te ofrece lo poco que posee... Nunca olvidaré cuando actuamos por primera vez en un asentamiento como Entre Ríos, en Minas, donde un compañero de 65 años nos aseguró: “Esta es la segunda actividad que nos llega desde que nací. La otra fue un termo de cerveza...”. Ocurrió en 2002 o 2003, lo cual nos convenció de que había que volver más y más.

«Un año después de su surgimiento (2006), el actor Gabriel Castillo Santos, quien se desempeñaba como presidente de la AHS en esa etapa, como otra demostración de su confianza hacia mi trabajo, le dio la tarea a este proyecto de asumir la organización de eventos y de las acciones que se efectuaban fuera de la Casa del Joven Creador (CJC), sede de la AHS. Por tanto, cuando un creador realiza una gira, se la produce y organiza Golpe a golpe.

«Por supuesto que nada de lo explicado hubiera sido posible sin el apoyo incondicional del Partido, el Gobierno, Cultura, la UJC... Porque en Camagüey todo es lo mismo, a pesar de que en algún momento nos cueste ponernos de acuerdo. Sin embargo, gracias al diálogo nuestros trabajos convergen en un punto, en un superobjetivo común: la gente, el pueblo, que al final es nuestra razón de ser».

—Te acercaste a la AHS sin conocerla y, de repente, director de la CJC y finalmente presidente...

—Llegué siendo un analfabeto en cuestiones de arte y cultura, aunque todavía estoy en pañales (sonríe). Entré con 17 años y ya llevo 16 en esta organización que me permitió recibir cuanto curso de habilitación convocaba el Centro de Superación: dirección artística, relaciones públicas, promoción cultural, gestor económico de la actividad cultural... Y la AHS me deslumbró tanto, que me hice promotor de su sede y luego productor de espectáculos artísticos, fui secretario ejecutivo, me nombraron director de la CJC y finalmente mis compañeros me eligieron presidente. Allí, junto a Gabriel, fuimos cambiando el rumbo de la Asociación y perfeccionando el trabajo...

«A partir de entonces se fundaron espacios como el café literario La Comarca, la sala de video y conferencias Canal 11, las dos galerías, el portal infantil Dulce hogar, la sala teatro El Prana (en reparación aún), el Balcón de las artes, la Terraza Arte joven, una sala de navegación abierta las 24 horas..., al tiempo que se rediseñó la programación: de dos veces a la semana la CJC empezó a abrir con sus actividades de lunes a lunes, gracias a que la Dirección de Cultura presupuesta el 95 por ciento de ellas. Asimismo cambiaron las condiciones de la Casa, por la incidencia de todos los factores de la provincia, pero también por la colaboración de proyectos internacionales como la ONG Camaquito y la constancia y entendimiento de lo que hacemos de Mark Kuster.

«Por ello, y porque existe la voluntad política del Partido, el Gobierno y la UJC, y porque cuando la AHS habla se escucha, lleva dos años consecutivos siendo Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura, aunque ciertamente aún no estamos satisfechos. Nos quedan muchos nuevos proyectos por emprender».

—¿Qué es la AHS para ti?

—No sé qué sería de mí fuera de la AHS. Esa organización lo es todo. Mi casa. La verdad es que paso más tiempo en la CJC que en mi hogar. El horario en que puedo concentrarme para cumplir con mis otras responsabilidades es entre 11 de la noche y una, dos de la madrugada. Por el día son muchos los artistas; personas, asociados o no; las instituciones culturales que se acercan para coordinar actividades, para que la Asociación los apoye, los acompañe, para preguntarnos qué creemos, y eso es algo muy especial porque significa que se reconoce nuestro trabajo.

«Algunos dicen que soy inmaduro, malcriado, “petatero”..., pero no me incomodan esos calificativos, porque respondo a los intereses, preocupaciones, sueños... de esos artistas que confiaron en mí y me eligieron. Quienes se expresan a través de mi voz son esos creadores. De cualquier modo creo que seré un eterno inmaduro y un eterno inconforme. Y también un eterno fidelista. Quienes me conocen bien saben que amo a Fidel. Fue como me criaron, fue lo que me enseñó mi madre».

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