Pomares en todas partes

El inmenso, respetado y amado actor Raúl Pomares falleció este lunes en La Habana

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Lo más seguro es que la magia de la televisión nos permita admirarlo una vez más en La otra esquina, sentado allí en aquella silla sin pronunciar palabra y, al mismo tiempo, «hablando» hasta por los codos. Como todo un maestro. Sorprendiéndonos siempre con sus soberbias actuaciones. Por orgánicas. Por convincentes. Y entonces pensaremos que fue un rumor infeliz ese de decir que este lunes murió el inmenso, respetado, el amado actor Raúl Pomares.

Escribo estas líneas y aún no lo puedo creer. Desconozco si estaba enfermo, si se le detuvo el corazón. La verdad es que esos detalles de poco sirven cuando lo cierto es que el cine, la televisión y el teatro cubanos, la cultura toda, acaba de perder uno de sus más sobresalientes representantes.

Tampoco sabía que, para acrecentar mi orgullo, nació en mi tierra, Las Tunas, que espero lo haya recibido siempre hijo ilustre. Lo hacía santiaguero, quizá porque en aquel suelo comenzó a hacer su propia historia a partir de que primero se diera a conocer en el Teatro Universitario, para integrar más tarde el Conjunto Dramático de Oriente, tras la experiencia en el renovador grupo Galería... Después su nombre se hizo más visible, porque se convirtió en connotado fundador: de conjuntos como Sones de Oriente, La Perla Típica de Oriente y el Septeto Santiaguero, del Conjunto Folclórico del puerto de Santiago de Cuba, del Guiñol, del canal Tele Rebelde...

Muy claro estaba el muchachón que fue Pomares, cuando con 19 años se le «enfrentó» a su padre para decirle «que no iba a estudiar más, que quería ser actor». Al parecer desde pequeño tenía el don de mirar con luz larga, y él se lo achacaba a la suerte. «Nací en zurrón. Dicen que el que nace en zurrón tiene mucha suerte. ¿Sabes lo que es? Hay niños que vienen envueltos en una membrana que no es la placenta. También le llaman el Manto de la Virgen. Y los muchachos que nacen así tienen tremenda suerte».

Su «estrella» fue tanta, que un día de 1970 llegó Manuel Octavio Gómez a la capital del Caribe y enseguida vio en Pomares al periodista de Los días del agua, la primera película del patio hecha en colores (había conseguido su colaboración en La primera carga al machete). Y no había acabado de rodar y Titón (Tomás Gutiérrez Alea) lo convocó para Una pelea cubana contra los demonios... En lo adelante sería indetenible para suerte (esta vez sí) de la cinematografía nacional, que lo tuvo en El hombre de Maisinicú, ¡Plaff! o demasiado miedo a la vida, El elefante y la bicicleta, Kleines Tropicana, La vida es silbar, Y sin embargo, Esther en alguna parte...

Pomares con otros grandes actores en Esther en alguna parte, Reinaldo Miravalles y Enrique Molina. En la imagen el muy talentoso Héctor Medina. Foto: Fotograma de la película

Una y otra vez dejando su huella: El naranjo del patio, Salir de noche, Al compás del son, Oh, La Habana, Diana, Bajo el mismo sol..., y ahora como el Yayo de La otra esquina, haciéndonos un guiño cómplice, tocándonos el corazón, porque, además, era un buena gente. «Tengo una ética, compadre. Sí, es verdad que me quiere la gente, hasta los malos me quieren. Creo que es por eso», decía para «despistarnos», cuando sabíamos que todo, absolutamente todo, se hallaba en su arte para conquistar.

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