Los viejos caprichos de un creador

Al artista de la plástica Yorjander Capetillo Hernández, ganador de la beca de creación Juan Francisco Elso, que otorga la Asociación Hermanos Saíz, no le gusta subestimar al público, al que considera siempre muy inteligente

Autor:

Dachelys Alfonso Leal

No creer en estructuras cerradas, sino en lo dinámico, la mezcla, lo siempre inconcluso y la vinculación con otras manifestaciones artísticas, caracterizan al artista de la plástica Yorjander Capetillo Hernández, quien inauguró recientemente la exposición Monstruos de mi maquinaria, en la galería de arte del Pabellón Cuba, sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), luego de haber obtenido la beca de creación Juan Francisco Elso, que otorga dicha organización.

«Siento que un artista es como una caja de herramientas. Si te preguntan: “¿qué eres?”, tú dices: “pintor”, pero no eres solo pintor. Eres todo lo que te enseñaron, todo lo que aprendes, todo lo que consumes. Y eso ocurre porque el arte no es una célula aislada». Así se presenta el joven creador, quien afirma sentirse «elegido por ciertas motivaciones que en realidad no sabe de dónde vienen.

«Tengo muchas influencias. Desde el punto de vista más artístico siempre estuve motivado por Rembrandt y Van Gogh. Creo que mi formación ha sido un proceso muy cíclico. Hice mi primer año en la Escuela de Artes Plásticas de Pinar del Río, en nivel medio. Después vine para La Habana, estudié Artes Plásticas en San Alejandro y, posteriormente, Diseño escénico en el Instituto Superior de Arte (ISA), en el cual encontré un punto de retorno: me di cuenta de que las pinturas de Rembrandt son muy escénicas, muy teatrales. Entonces me conecté más con su historia y me propuse descubrir cómo plantear una escena de la pintura».

Yorjander Capetillo también añade entre sus referentes a los grandes pintores cubanos Ponce de León, José Bedia y Juan Francisco Elso. Sin embargo, plantea que a veces encuentra estimulaciones que no provienen del arte, sino de otras materias como la Filosofía y el teatro, en el que halló a Virgilio Piñera, un dramaturgo imprescindible de la Isla que está presente en algunas de sus obras.

—¿Qué propones con Monstruos de mi maquinaria?

—Cuando estudié Diseño escénico tuve que leer mucho teatro, un mundo completamente nuevo para mí, lo que hizo cuestionarme mis preferencias dentro de esa manifestación artística. Entonces conocí los textos del dramaturgo alemán Heiner Müller, que son obras no finalizadas. A eso le sumé mis reflexiones sobre cómo mi generación veía el arte y encontré un punto de contacto, pues no consume las cosas tan acabadas como la literatura, por ejemplo, sino que aprecia sobre todo las imágenes. De ahí nació la idea de este proyecto: escenas de obras de teatro que no existen y constituyen un posible punto de partida para los directores.

—¿Qué crees que posee ese proyecto para que un jurado de prestigio, seleccionado por la AHS, te haya concedido la beca de creación Juan Francisco Elso?

—Creo que lo que les interesó de Monstruos de mi maquinaria es que se trata de un proyecto que no fue concebido para la beca, para concursar. Estaba inacabado, de hecho, todavía lo está, porque resulta un work in progress, o sea, lo mantengo en constante cambio, no lo pensé para que naciera y muriera aquí mismo, con el premio y con una beca, que me parece muy buena para el arte joven.

Miembro de la Asociación Hermanos Saíz, Yorjander Capetillo opina que esa organización constituye una vía para librar un poco a los creadores, fundamentalmente a los artistas plásticos, de trabajar en soledad, lo cual considera un fenómeno inevitable. «La AHS tiene una dinámica en la cual obligatoriamente te ves conectado con personas que están en tu misma cuerda, es decir, con intereses muy parecidos, lo que te hace sentir más acompañado y apoyado», agregó.

—¿Siempre has asociado tus proyectos con el teatro?

—No, hay otro tipo de propuestas. Tengo otras series como Viejos caprichos, en las que cuestiono algunos aspectos de la Historia del arte, de la cultura, la esencia del hombre con sus sentimientos y miedos. Que abordan, además, asuntos como el poder y la familia, el gran tema del teatro cubano. No soy de los que cree que hay una idea y esa es válida en todos los medios. Pienso en proyectos que se concretan a manera de series.

—¿En qué otras exposiciones de pintura has participado?

—Estuve el año pasado en NordArt, una exposición internacional que se organiza en Alemania y está pensada para Europa, aunque a veces incluye artistas de América, África y Asia. NordArt fue una buena experiencia, porque es la exposición colectiva más grande que se hace en ese continente. En Estocolmo, Suecia, también presenté trabajos que se conectan con mi más reciente muestra. En realidad pienso darle un «aire» a las piezas que estoy haciendo ahora para ver cómo van funcionando y circularlas nacional e internacionalmente.

—¿Encuentras diferencias en la manera como se recibe tu obra en Cuba y el extranjero?

—Hay una gran diferencia. En otros países cuando ven que eres cubano, en muchos casos lo conectan enseguida con clichés que no son necesariamente Cuba. Creen que siempre nuestro arte tiene un contenido político, que ha sido censurado o que refleja el paisaje de la Isla. Para la mayoría de las personas el cubano es buen bailador, muy alegre o conversador, y en realidad no tiene que ser así.

«Entonces es cuando te percatas de que el público de la Isla tiene buena formación. Aquí dices: soy bailarín, y te preguntan: ¿qué tipo de danza interpretas?, pero en otros países te dicen: “¿y qué más?”, o sea, no conciben que te dediques al arte, de ninguna manera, por problemas culturales y económicos. Existen muchas maneras de consumir el arte y de entender lo que significa ser un artista».

—¿Qué crees que falte en la formación del público cubano, sobre todo, en las nuevas generaciones?

—A mí nunca me gusta subestimar al público. Creo que siempre es inteligente, independientemente de que ahora los jóvenes consumen un poco más de trivialidades, de que pasan mucho menos tiempo con los demás, incluso con la familia, o de que no van al cine porque prefieren estar en la casa con los videojuegos. Eso no creo que esté mal ni bien, pienso que lo malo es cuando se hace un exceso.

«Es necesario tener en cuenta que los cambios tienen cosas buenas y malas. La generación de ahora es distinta a las pasadas, pero lejos de juzgar habría que analizar qué hemos hecho bien y mal, y a partir de ahí intentar mejorar las cosas».

—¿Qué crees que no esté funcionando en las escuelas donde estudiaste, como el ISA, si es que así sucede?

—A presar de que en Cuba la formación es muy buena, porque lo he podido comprobar, hay un déficit informacional. En ocasiones existe información en la biblioteca, pero no está actualizada. Tenemos que consultar Internet, las personas necesitan saber qué está pasando, deben consumir lo bueno y lo malo de lo que se hace en el mundo, para a partir de ahí aprender, valorar, evaluar, tomar lo que nos sirva y dejar a un lado lo que no sea sustancioso.

—¿Cuáles son tus preocupaciones como artista hoy?

—Muchas. Me preocupa que en Cuba no acaba de haber un mercado del arte. He estado fuera de mi país y he conocido muchos artistas que no viven de sus creaciones por elección propia, pero qué pasará cuando en Cuba haya creadores que decidan dedicarse al arte y no encuentren un mercado para sus obras, ¿podrán algún día vivir de eso?

«Existen nuevas maneras de circular el arte que no están a las manos de todos, que no se conocen, principalmente porque no hay un mercado, entonces tienes que buscar a los proveedores, cuando en realidad ellos te deberían buscar a ti, porque tú eres quien posee la obra».

—¿Es limitado el espacio que se le brinda a los creadores para su obra?

—Sí, es muy limitado, e incluso te digo más: hay galerías en Cuba a las que un artista puede ir y comercializar su obra, que están dirigidas por personas que no saben nada de arte y te lo demuestran con lo que te dicen. Eso te hace sentir muy triste. Nadie sabe cómo llegaron ahí, y lo peor es que cuando les preguntas llevan en el puesto 20 años.

«El tema del espacio de los artistas a veces se ve muy paternalista, es decir, que hay que buscarle espacio al creador, y no creo que sea así, considero que el problema está en quiénes manejan los espacios existentes».

Colmado de expectativas anda este joven, cuya obra ha recorrido en nuestro país las provincias de Pinar del Río, Santiago de Cuba y Matanzas, pero que ambiciona que el mundo entero se sorprenda por la contundencia artística de sus creaciones.

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