Necesarios acercamientos

En esta bienal sobresale la acción de la chilena Francisca Benítez, creadora de un performance con personas de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Aunque el pasado 22 se inauguró oficialmente la 12 Bienal de La Habana, en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, edificación situada a un costado de la Plaza de la Catedral en el Centro Histórico, no hay descanso posible. No obstante, sus especialistas han dedicado un poco de su tiempo para conversar con Juventud Rebelde acerca de las propuestas que ofrece la importante cita. En esta ocasión dialogamos con Margarita Sánchez Prieto, curadora encargada de atender la región de América del Sur.

«Creo que esta Bienal se distingue, más que ninguna otra, por el esfuerzo de socializar, de tomar el arte y sacarlo a la calle, al alcance del ciudadano común, distanciándose en gran medida de la obra limitada al museo. No se trata de que el artista llegue con una pieza acabada y la coloque en el llamado “cubo blanco”, a lo que aspiramos es a sumar al espectador en la realización de la propuesta como un ente activo», subraya Sánchez Prieto.

Uno de los ejemplos más sobresalientes es el de la chilena Francisca Benítez, creadora de un performance con personas de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba (Ansoc).

La acción se titula Son en señas y se basa en la interpretación de poemas de Nicolás Guillén con la gestualidad y el lenguaje de señas. Cabe destacar que con anterioridad Francisca Benítez había realizado en su país algo similar que se llamó Canto visual, tomando como punto de partida el poema Canto general, de Pablo Neruda.

Aclara la curadora que «Son en señas entraña varios retos. No estamos hablando de una interpretación lineal, porque hay palabras que no poseen traducción como sóngoro cosongo, para lo cual Francisca ha apelado a la creatividad, en pos de llevar ese mensaje con elementos de nuestra cubanía».

La sala-teatro El ciervo encantado, una de las plazas de la presente   Bienal, acogió asimismo la obra Multitud, de la uruguaya Tamara Cubas, quien encontró la colaboración de estudiantes del ISA, instructores de arte y alumnos de la Facultad de Artes y Letras. «El propósito del performance es reconstruir situaciones disímiles mediante la representación colectiva de emociones, por ejemplo: todo el mundo alegre, triste, un camino de hormigas, la idea de mover montañas o la concentración compacta de personas que se desplazan como un todo».

Del colectivo artístico CRAC (Centro de Residencia y Arte Contemporáneo) es el taller titulado Manuales de ejercicios para la vida, en el que se abordan el conocimiento y las formas en que se desenvuelve la vida en una determinada localidad. Los creadores trabajan con estudiantes de Arquitectura y analizan los aspectos que distinguen a un territorio. Escogieron para su ejercicio a La Habana Vieja, por su concentración de valores patrimoniales e interacción directa que se produce entre pobladores y turismo.

La presencia de muchos artistas jóvenes hace de la Bienal un espacio de promoción. Si bien en muchos casos se trata de creadores que poseen una trayectoria reconocida en sus  países, nuestra cita adquiere mayor valor porque tributa al más amplio conocimiento de esas producciones, comenta Margarita Sánchez.

En ese caso se inscribe el destacado artista Joaquín Fargas, quien dirige en Argentina una cátedra nombrada Arte, Ciencia y Tecnología. Para reflexionar sobre la incidencia que ha tenido la mano del hombre en el desarrollo del mundo natural, él brinda un taller en el museo de Historia Natural. Su iniciativa se basa en la construcción de bioesferas —pequeñas esferas transparentes, en cuyo interior se hallan plantas creciendo—, para que quien las tome en sus manos se sienta responsable por la vida del planeta.

El artista argentino Joaquín Fargas mientras imparte una conferencia en el Museo de Historia Natural.

«Otra obra preciosa es No vendo nada, de la argentina Dolores Cáceres, que cultiva el arte público mediante la mixtura de la acción y el texto. Ella tomó un cartel con luces de neón con la frase que titula esa producción, se situó en el medio de esa antipublicidad y se hizo rodear por estudiantes que llevaban mensajes de lo que no se vende: honor, niños, dignidad, patria, amor, etcétera. Todo eso se combinó con la lectura de fragmentos de El Capital, de Marx. Esta acción ocurrió aquí, en el Lam».

Mirando hacia Casablanca

Como se ha dicho en múltiples ocasiones, el poblado de Casablanca constituye uno de los espacios principales de esta edición de la Bienal. Hasta allí se trasladó el dúo uruguayo Alonso y Cracium, con el fin de intervenir en esa comunidad con una fuerte poética del sur.

Según Margarita, ambos artífices tienen muy incorporado en su conciencia cultural el paradigma del reconocido pintor y teórico de arte Joaquín Torres García, artista de la vanguardia creador del mapa invertido de Sudamérica y de la conocida expresión Nuestro Norte es el Sur.

«Ellos buscan lugares de la periferia que aporten esa tónica de la distancia, para conocer la percepción de las personas en torno a centros de socialización como La Rampa, L y 23, el Centro Histórico. El objetivo es empoderar a esa ciudadanía, que es más desconocida y pasa desapercibida, trascender lo visible como el Centro de Meteorología o el Cristo de La Habana y centrar la mirada en aspectos relevantes como que allí se conserva el tren eléctrico más antiguo y existe el astillero donde aún se elaboran las propelas y hélices de los barcos… Podría decirse que más que una acción de rescate, es una manera de proyectar a Casablanca, desde su espacio, al resto de la ciudad».

Otro de los proyectos provenientes del Sur, pensado para Casablanca, es el de Guisela Munita, de Chile. Nos cuenta Sánchez Prieto que tiene como antecedente una iniciativa similar que la artista desarrolló en Valparaíso.

Guisela Munita situó unas 70 sillas de espaldas a la ciudad, mirando a Casablanca. Una vecina de la comunidad preparó limonada fría, adecuada para refrescar a quienes se sentaron. De una manera diferente, se planteó interpelar a la ciudadanía y convidarla a reflexionar».

Porque al final de eso se trata: formar públicos y convertir al espectador en partícipe y gestor del hecho artístico. Al menos así se lo impuso esta significativa cita cultural.

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