Cofradía del arte

El proyecto trinitario apuesta por la formación de la sensibilidad humana de niños y niñas, a través de las potencialidades de la cultura

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

TRINIDAD, Sancti Spíritus.— La casona, ubicada en Real del Jigüe número 60, en la tercera villa de Cuba, atrapa al oído más «cuadrado». Sus paredes desprenden temas conocidos, otros acabaditos de llegar por las musas y hasta las fusiones menos comunes. Un vendaval de ritmos corre desde su interior a fin de seducir a los transeúntes que cruzan frente al umbral.

Y es que unos metros después de la puerta, cerca del escenario natural del patio de la vivienda, jóvenes músicos, niños y artistas se unen en una especie de cofradía del arte. Solo se precisa de interés, respeto y amor por la cultura cubana y universal.

Pocos en Trinidad desconocen la existencia de ese encantador lugar, envuelto por un aura, nacido a fuerza de empeño, entrega y pasión de dos forasteros: Líamer Llorente (Lía) y Eusebio Ruiz (Pachi), quienes llegaron en el 2001 a la longeva villa dispuestos a convertirla en el mejor de los escenarios del arte nacional e internacional.

Desde entonces, gestaron el proyecto Musicarte con el objetivo de trabajar con niños, para que crezca la sensibilidad humana a través de las potencialidades de la cultura general y de una canción en particular, asegura sonriente Pachi, quien apostó por la unión con Lía en la vida y el arte en el año 1997.

De Moa a Trinidad

Justamente en ese período, él llegó al holguinero municipio de Moa, donde laboró en el proyecto musical universitario Nueva catarsis, de gran aceptación por esa época. Y en uno de esos días de descarga descubrió a Lía, quien laboraba en una escuela primaria.

«Realizaba un trabajo que nada tenía que envidiarle a cualquier certamen infantil de carácter nacional. Enseguida esa pasión para trabajar con las edades tempranas me atrapó y decidimos unirnos», dice con orgullo.

De esa forma nació el proyecto Mejorarte, con el objetivo de enseñar a cantar, además de aportar elementos básicos de solfeo, teoría musical e interpretación de un instrumento a los niños de Moa. Al mismo tiempo, la pareja deleitaba a los adultos bajo el sello del dúo Anhelos, que, al parecer, de tantos que tenían, hicieron las maletas y exploraron otros horizontes, primero en Varadero y luego encallaron en Trinidad.

«Llegamos a esta encantadora ciudad en el 2001. Enseguida nos percatamos del desfasaje existente entre lo que se le ofrecía a los turistas y lo que realmente es el arte cubano. No necesitamos más motivos. Este era el lugar ideal para asentar nuestros proyectos», reflexiona Pachi bajo la mirada cómplice de Lía.

Un tiempo después Anhelos cambió a Cofradía, el cual une más que a dos apasionados, porque la hermandad les abre los brazos a todos los interesados en el arte. Bajo su cobija músicos, poetas, promotores, grupos como Frijoles mágicos y el proyecto Musicarte han encontrado el camino a seguir.

«Impartimos talleres a los niños y niñas durante seis meses a fin de nutrirlos de herramientas culturales. Aprenden de música, danza y proyección escénica», explica la holguinera convertida ya en trinitaria.

Como parte de los resultados de esos talleres, en el mes de diciembre, auspiciado por el Centro de promoción cultural de la Oficina del Conservador de la ciudad de Trinidad y su Valle de los Ingenios, se realiza el festival Carrusel.

«De ese encuentro salieron quienes representaron al municipio en el Festival provincial Cantándole al sol y, posteriormente, en el certamen de carácter nacional. Ya estamos en los preparativos para la nueva edición», añade Lía, al mismo ritmo en que recuerda cuando en la gala del certamen las obras fueron catalogadas como una canción infantil de nuevo tipo.

Preguntas a dúo

—Pachi, ¿no resulta difícil escribir un texto infantil, después de hacer tanta música para adultos?

—Les entrego la misma cantidad de energía a ambas canciones. Creo que la clave está en la seriedad que le pongas.

—¿Cuáles son los géneros que consideras más atractivos para enamorar a ese grupo?

—En 2014 preparamos 16 canciones donde había chachachás, sones, chacareras argentinas. Así les ofrecemos una gama del mayor número de ritmos para que no se casen con lo primero que escuchen y de esa forma tratamos de revertir los productos de cuestionable factura.

—Lía, ¿crees que Cofradía y Musicarte han cumplido con ese objetivo de dotar a las nuevas generaciones de las verdaderas particularidades de la cultura cubana?

—La generación trinitaria que ingresó a la Escuela de Instructores de Arte de la provincia en el 2006 y a otras de la enseñanza artística provenía de Musicarte. Su formación les permitió que en su primer añito de estudio formaran parte del grupo de alumnos ayudantes. En la ciudad existe un grupo importante de instructores, gestores artísticos, promotores culturales que pasó por aquí o que lo tiene como referencia. Además, mantenemos una relación muy estrecha con el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en La Habana, institución que ha nombrado a nuestra casa como su extensión en el centro del país. No obstante, queda todavía mucho por hacer, sobre todo con los más pequeños. Se precisa de una mayor entrega por parte de todas las instituciones.

—¿Cofradía no ha sentido entonces la necesidad de salir de Trinidad?

—Desde aquí nos damos a conocer al resto de Cuba y al mundo. Esta ciudad nos dio las armas para lograr todos nuestros anhelos. Confía y nos necesita. Tal es así, que en este año saldrá a la luz un CD con melodías interpretadas por integrantes de Musicarte, donde se le canta a Trinidad.

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