A puertas cerradas, mentes abiertas

El grupo Punto azul fue merecedor en 2014 de la beca El Reino de este mundo, que otorga la AHS, con un clásico de Jean Paul Sastre

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

«El infierno son los otros», afirma una de las más famosas frases del filósofo, escritor y dramaturgo francés Jean Paul Sartre, la cual aparece en el clásico A puerta cerrada, escrito en 1944 por el Premio Nobel de Literatura.

Setenta años después de haber sido concebido, el texto le sirvió al grupo Punto azul para plantear temáticas de todos los tiempos y con su puesta en escena, bajo la dirección artística de Carlos Sarmiento, obtener el pasado año la beca El Reino de este mundo, que otorga la Asociación Hermanos Saíz.

A puerta cerrada expone el universo interior de los seres humanos, y lo hace de un modo magistral: situando a los tres protagonistas en el infierno. La peculiaridad está en que el mencionado averno no se parece en nada a aquel descrito por Dante en La Divina comedia. Este es un infierno muy acogedor.

Para abrir las puertas de esta historia, Juventud Rebelde dialogó con el joven teatrólogo Carlos Sarmiento, quien con este espectáculo asumió por segunda ocasión la compleja tarea de dirigir.

«Esta representación esconde una trampa, pues el supuesto abismo es muy similar a una habitación de hotel. Los personajes descubren que no tienen verdugo y que por lo tanto deben torturarse entre ellos mismos. La esencia no es provocar dolor físico, sino psicológico. Entre ellos, además, se desata un triángulo amoroso, del cual surgen pasiones extremas e incontrolables. Entonces cada uno comienza a atormentarse a partir de su relación con el otro».

A puerta cerrada se inscribe en lo que se denomina como teatro existencialista. Pone especial énfasis en el individuo y la circunstancia que lo rodea. Al mismo tiempo se refleja una crítica a la sociedad actual, que cada día vive más preocupada por las apariencias y los juicios externos.

«A pesar de los años que han pasado, la obra mantiene una vigencia extraordinaria. Cuando la leímos, sentimos que le hablaba al hombre del 2015, que tenía muchos puntos de contacto con este tiempo. Esas fueron algunas de las motivaciones que nos llevaron a escogerla para provocar la reflexión», aseveró Carlos Sarmiento, que además trabajó durante un par de años al lado de José Milián, premio nacional de Teatro.

Asimismo el novel artista comentó que el texto posee un inmejorable manejo de la ironía. Ese último aspecto fue uno de los que más impacto tuvo en el elenco, conformado por los jóvenes Hamlet Paredes, Gleibis Conde, Massiel Rubio y Yordan Castro. «Creo que ese doble sentido es una de las cosas que más gustó cuando la estrenamos —la obra estuvo a consideración del público durante un corto periódo de tiempo en la presente etapa estival. Por ese camino intentamos establecer una conexión enriquecedora».

Al referirse a los desafíos y satisfacciones de la segunda puesta que dirige, Carlos Sarmiento se detuvo para hablar de la significación de la beca El Reino de este mundo. «En ocasiones los jóvenes pasamos mucho trabajo a la hora de presentar un espectáculo, ya sea por cuestiones de presupuesto o de otra naturaleza. Sabía de la beca y decidimos presentar el proyecto. Afortunadamente ganamos y nos dieron todo lo necesario para la producción, pero más que eso nos otorgaron un apoyo institucional que, para los que nos iniciamos, es fundamental, y tristemente a veces nos falta. Más que el financiamiento se trata de un aval, un respaldo que tantas puertas puede abrir.

«Siempre digo que en nuestra trayectoria la beca fue decisiva, marcó un antes y un después. Para hablar de nuestro quehacer siempre hago una referencia obligatoria al grupo Punto azul, al cual pertenecemos, y a la AHS».

Casi al final de la conversación, solo una cuestión quedaba en el tintero: su valoración, como joven, acerca de la creación teatral facturada por las noveles generaciones.

«Creo que el movimiento escénico juvenil está un tanto desarticulado. A veces siento como si todos fueran por su lado y actuaran como islas. Considero que necesitamos agruparnos. La realidad es que el teatro necesita más apoyo. Pero eso no nos detiene. Muchos seguimos trabajando como podemos para tratar de hacer obras que impacten y así legitimar un teatro hecho por jóvenes».

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