El Dibu, un pequeño sin miedo a las alturas

Personaje local de popularidad en Cienfuegos, José Andry Aguiar Díaz, conocido por El Dibu, celebra sus diez años de vida artística

Autor:

Glenda Boza Ibarra

CIENFUEGOS.— Verlo entregarse tan apasionadamente en cualquier escenario —desde el Teatro Tomás Terry de Cienfuegos hasta una improvisada tribuna en un central azucarero— puede parecer exageración. Por eso la gente lo sigue, y él se va a los consejos populares sin recelo porque allí igualmente tiene público como en otro lugar.

Su humildad puede traerle tantos admiradores como su proyección escénica. No es de registros vocales sorprendentes, ni estudió música, pero se atreve en el escenario y tal soltura y arrojo crea, ciertamente, una conexión con el espectador.

Empezó por casualidad, como muchos, aunque su padre notó desde pequeño que lo de su hijo era el arte.

«Comencé como aficionado a los 14 años en un taller de técnica vocal en la Casa de la Cultura Benjamín Duarte, de la ciudad cabecera. Era ajedrecista y estaba en la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA). Me motivó mucho el instructor del curso, y aquellas ganas de no querer asistir se transformaron en la pasión desmedida por el canto, tanto que en vez de sacar las libretas para el deporte ciencia, me ponía a estudiar música en el aula. Mi entrenador se dio cuenta y me regañó, y ese año ni siquiera me preparé para las competencias».

Intentó entonces entrar en el Instituto Superior de Arte (ISA) muchas veces, mas aquel anhelo nunca se convirtió en desmotivación.

«Me fui como oyente a la coral Cantores de Cienfuegos y luego me incorporé al grupo. Allí fue mi iniciación. Estuve cerca de cuatro años y pasé a Ecos, una agrupación que interpreta melodías de la década prodigiosa y buscaba quien cantara en inglés y español».

Él mismo se define como una persona intranquila en el escenario, pero el término hiperactivo sería el más exacto. Tal vez buena parte de esa proyección escénica que lo caracteriza es la influencia de la Compañía de Espectáculos Musicales de Wilfredo Figueredo.

«Allí tuve una experiencia fenomenal porque incorporé a mi repertorio temas de artistas nacionales y extranjeros. La música cubana me ayudó mucho en mi desarrollo artístico. Asimismo aprendí cómo comportarme en el escenario, la manera de llevar el vestuario, sobre la ubicación y relación de los bailarines y cantantes, etc. Esas lecciones me acompañan hasta el día de hoy y a veces hasta extraño esos shows».

Sin embargo, El Dibu soñaba ir más allá. Deseaba iniciar una historia como solista, interpretar sus propias canciones, hacer sus arreglos. Entonces se lanzó.

«Tomé las riendas de mi carrera en 2013 y comencé a proyectar un disco, el cual por ser independiente demoró más. A pesar de los contratiempos, ya tengo listo Mi talismán con temas de Raúl del Sol y míos. El videoclip de la canción homónima se estrenó en la Televisión cubana y estoy muy emocionado con esta promoción a nivel nacional».

Con presentaciones habituales en varios centros recreativos del territorio, El Dibu se identifica más con el pop rock. Aunque le gusta hacer desde una salsa hasta una fusión latina, muchos coinciden en que es la fuerza y la pasión en cada tema la causa de poder moverse libremente en los géneros.

«Cuando tomo el micrófono soy otra persona. No importa el escenario, ni el público, trato siempre de dar lo mejor, En la vida cotidiana, en la casa soy más tranquilo y calmado, pero al hacer música todo cambia».

—¿Y por qué El Dibu?

—Ese sobrenombre surgió en el Cantores de Cienfuegos. Durante esos años proyectaban la serie argentina Mi familia es un dibujo, y como el personaje principal, yo siempre estaba moviéndome de un lado a otro, encaramándome donde la gente no se imaginaba, y así nació el apodo. Luego comenzaron a llamarme de esa manera, y ya pocos me dicen José Andry.

«Algunos amigos me han sugerido cambiarlo porque suena infantil, pero a mí no me molesta, y nunca he sentido que me lo digan en tono ofensivo, sino más bien con cariño», bromea.

Así, ni su apodo o estatura lo acomplejan, aunque como casi todos los artistas sueña con ser grande.

«Quisiera que me conocieran en Cuba y claro, también fuera del país. Que mi música les parezca interesante a las personas, y les transmita mucha alegría y ánimos. Trato siempre de mostrar eso en mis presentaciones. Quiero que la gente aprecie lo que hago, tal vez no por tener un impresionante registro vocal, sino por mi proyección en el escenario, por la conexión con el público. Con ser un buen artista me basta».

Este muchacho muy sencillo, a quien la fama en esta provincia sureña no se le ha subido para la cabeza, —mucho menos al ser invitado a la gala del proyecto Lucas de finales de agosto—, no le teme al vértigo que puede provocar estar en las alturas.

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