A escena, unipersonal sobre Salvador Allende

Durante las intensas jornadas del evento escénico podrá verse un monólogo que refleja las horas finales del mandatario chileno

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Un hombre, su escritorio, una bandera, una parte de la historia de un país, los instantes últimos de una vida… La escena está en penumbras y es el 11 de septiembre de 1973.

El dramaturgo y periodista argentino Rodolfo Quebleen recreó en el monólogo Allende, la muerte de un presidente, la última hora del líder chileno en La Moneda, durante el golpe militar que dio paso a un régimen dictatorial.

El experimentado histrión Jorge Booth asumió el rol de Allende. Poseedor de una trayectoria exitosa avalada por sus desempeños en el teatro, el cine, la televisión y la radio, el actor ha expresado en varias ocasiones el placer de haber interpretado ese papel, que nunca sintió como una carga, sino como una responsabilidad.

Fue tal vez la casualidad la que condujo a Booth hasta Allende… Se dice que mientras buscaba unipersonales en Internet se topó con el texto y desde entonces se fusionó en la escena con el ejemplo de una vida signada por el compromiso y la verdad.

Días antes de su viaje a La Habana, con el objetivo de participar en el Festival de Teatro, Jorge Booth dialogó vía correo electrónico con Juventud Rebelde y compartió algunas de sus impresiones acerca de la obra y de su presencia en la cita de las artes escénicas.

«Será muy emocionante para mí representar al querido Salvador Allende. Por un lado, debido a que Cuba demostró su coraje y resolución para soportar todo tipo de agresiones,  bloqueos e intentos desde el exterior para poner fin a su Revolución. Si bien Allende estaba convencido de poder llegar al socialismo a través de la democracia, sin el uso de las armas, demostró con su actitud que defendería su creencia hasta las últimas consecuencias, lo mismo que hizo Cuba».

La puesta está dirigida por Norberto Gonzalo y podrá ser vista el viernes 30 y el sábado 31, a las  6:00 p.m.; y el domingo 1ro. de noviembre, a las 5:00 p.m., en la Sala Teatro El Sótano.

El director ha comentado que es en el recuento de esos últimos instantes donde aflorarán los conceptos y criterios libertarios del Presidente andino, «a través de los diálogos y las reflexiones consigo mismo y con su entorno más cercano y querido. Ahí están sus definiciones y convicciones, su vocación de servicio...».

Allende… fue declarada obra de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura de Argentina, según consta en la resolución firmada por la ministra Teresa Parodi.

Jorge Booth explica a JR que la pieza se estrenó el 14 de septiembre de 2013 en el Teatro La Máscara, en Buenos Aires; aunque su estreno mundial —una puesta bastante diferente y que además fue en inglés— tuvo lugar en el Theater for the New City, en Nueva York, en 2006. Desde entonces ha sido exhibida en diversos países de América Latina, con excelente acogida de público.

Asegura Booth que «tanto Salvador Allende como Fidel Castro y el Che son figuras enormes para los latinoamericanos y el mundo en general, por lo cual representar a uno de ellos en la tierra de los otros dos, será para mí un broche de oro para la obra».

Quebleen, quien conoció personalmente a Allende en 1972 cuando lo entrevistó en las Naciones Unidas, se apoyó en alegatos de sobrevivientes, documentos de archivo y grabaciones para crear este impresionante testimonio biográfico y teatral.

El tiempo cronológico de los hechos ocurridos durante esa mañana, —subraya el dramaturgo— está roto. El creador radicado en Estados Unidos incluyó comentarios expresados por Allende en otras oportunidades y fragmentos del discurso de despedida que fue transmitido en directo por Radio Magallanes. Todo se conjugó dramatúrgicamente para dar forma a los pensamientos e inquietudes que se develan en la puesta.

No hay mejores palabras que las del autor para entender las razones de una obra dedicada a Salvador Allende: «Cuando niño soñó con ser Presidente de su país. Cuando joven comprendió que lo esperaba un largo camino. Cuando comenzó a marchar descubrió que el camino era áspero, pero no le importó. Cuando peleó su primera batalla supo que tenía que pelear hasta la última. En su última batalla murió como el Presidente que soñó ser cuando niño».

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