Nada «cortos» para un Coral

Una mirada a los cortometrajes cubanos que compiten en el certamen fílmico

Autor:

Jaisy Izquierdo

Con cinco cortometrajes, Cuba presenta el mayor número de obras en esta categoría de la competencia cinematográfica en La Habana. Aunque pequeñas en el tiempo que ocupan en la pantalla, son estas también historias dignas de ser contadas y miradas en estos días en que reina la magia del cine.

En las lides del cortometraje, Eduardo del Llano es todo un reincidente con sus más de diez obras pertenecientes a la saga de su controvertido protagonista Nicanor. El personaje protagonizado por Luis Alberto García regresa ahora bajo el título de Épica para remontarnos a los años 60, gracias a los artilugios de una máquina del tiempo.

El realizador de Vinci, confirma a JR que es esta su tercera incursión en la ciencia ficción después del corto Brainstorm (2009) y el largo Omega 3 (2014).

«Aunque me siento orgulloso de la primera y la segunda, siento que aquí el elemento fantástico (en Brainstorm fue las invasiones extraterrestres y en Omega 3 la sociedad posapocalíptica) está puesto en función de una anécdota minimalista, entrañable para todos los cubanos y además imposible fuera de los límites del género», afirma y expresa además sentirse particularmente satisfecho con las actuaciones de Luis Alberto García, Carlos Gonzalvo y Néstor Jiménez, la fotografía de Raúl Prado y la música «de Chico Gil (quien guarda, por cierto, un sospechoso parecido con Frank Delgado)», insinúa.

Eduardo del Llano, quien ha sido también guionista de Alicia en el pueblo de Maravillas, Lisanka y La película de Ana, por la cual ganó un Coral de Guión, se considera ante todo un escritor de cuentos. Tal vez por eso acumula ya una quincena de cortos que son, como prefiere calificarlos, el equivalente del cuento en el cine. «Siempre le doy a una película el tiempo que en mi opinión requiere: es letal cualquier intento de estirarlas o encogerlas para que encajen en límites elaborados por festivales o regulaciones televisivas», afirma el realizador, quien también mereciera por su mediometraje Casting, un segundo Premio Coral.

Para Marcel Beltrán, quien presenta su obra de 20 minutos La nube, las potencialidades del cortometraje se evidencian en la posibilidad de trabajar con menores recursos y en que luego, el resultado final, puede ser una buena carta de presentación para el desarrollo de otro proyecto. Antes de compartir un poquito acerca de este nuevo filme, agradece el realizador el apoyo del equipo de amigos y profesionales con los que laboró, así como la invitación de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, que hizo posible esta nueva entrega.

Resalta Beltrán la colaboración de los actores en este empeño: «Papi, el personaje que interpreta Manuel Porto, es el verdadero protagonista de la historia al convertirse en una sombra que persigue y alcanza a todos. Después de muerto sus memorias adquieren más fuerza, y Ana, su hija, quien fue interpretada por Broselianda Hernández, decide no cambiar las cosas. El niño Jean Carlos González fue ganando protagonismo y convirtiéndose en un alter-ego para nosotros. Alguien que llegó a ese mundo cuando todo estaba ya prestablecido y que debe crecer en ese medio».

El también director de los documentales Cisne cuello negro cuello blanco, y Parihuela, aprovechó para darnos algunas claves que encierra el nombre de este, su más reciente trabajo.

«La nube es un instante. Un pequeño drama que transcurre siempre en el interior de los personajes. Hay algo externo que los amenaza y que los obliga a tomar decisiones. Un elemento externo que no está definido con exactitud en el relato y, de ahí, quizá, el título. La nube que nos impide ver más allá y que nos obliga a tener días de penumbra». Un misterio que se acentúa desde la fijeza del encuadre utilizado como un filo cortante, implacable, que no desea acompañar a los personajes siempre; que oculta», según señala el joven director, quien actualmente es asesor de proyectos de documentales de la EICTV e imparte el taller para niños Lecinema, coordinado por la Cinemateca Francesa.

Desde los predios de la EICTV también se incluyen en la competencia los cortos Crepúsculo, de Juan Pablo Daranas Molina y Tiznao, dirigido por el dominicano Andrés Farías Cintrón.

La primera reúne a dos personajes entre sus luces y sombras, sus aspiraciones y desesperanzas: una joven que sueña con ser actriz y que ha sido enviada a cumplir su servicio social trabajando como payasa y un niño obligado a vivir en las sombras por padecer una rara enfermedad de la piel. Un drama que, en palabras de su realizador, explora esas contradicciones de la vida que coloca a unos a admirar un amanecer, en el mismo momento en el que otro ve cómo se pone el sol ante sus ojos.

Por su parte, Tiznao intenta acercarse a lo caribeño insular en una trama no exenta de amenazas, avaricia, y deseo pasional, en medio de una Habana acechada por un huracán.

Farías, quien se graduó de Dirección de Ficción de la EICTV y es autor además del documental Las cosas buenas y del corto Rollout, apuesta por crear una «ficción poética que dialogara directamente con lo insólito de lo ficticio y el pesimismo implacable de lo cotidiano, erigido desde la nostalgia de unos años que para muchos en mi país son considerados como la época dorada de Santo Domingo, los finales de los años 70 e inicios de los 80».

Como joven realizador no duda en afirmar que el cortometraje es «la escuela que permite a los nuevos directores explorar, crear, equivocarnos y comenzar de nuevo sin la presión que podrían significar los inversionistas o las tendencias imperantes del propio mercado».

En este espacio de libertad creativa también se inserta la obra La profesora de Inglés, de Alán González Hernández, quien conquistó por esta cinta el Premio de Mejor Ficción en la pasada Muestra Joven Icaic.

Para el egresado de Guión de la EICTV, era vital transmitir «el estado de ánimo de su protagonista, interpretada por Coralita Veloz, quien expresa unos deseos de vivir tremendos y se vale de lo que sea para escapar de la terrible situación en la que está presa. Algo perfectamente contable en 15 minutos», afirma Alán.

Se acerca así este filme a un tema muy sensible: el de las personas que dedican sus días a cuidar a sus familiares enfermos. Confiesa Alán que le atrajo acercarse «desde el conflicto de una mujer, a un fenómeno hace años creciente en la población cubana: el problema de las cuidadoras. Y digo cuidadoras porque este papel, por muchos motivos, suele recaer sobre todo en las mujeres. Esta cinta muestra los sentimientos encontrados de Sonia, que lleva tiempo atendiendo a su pareja moribunda, y siente que él se lleva también su vida. Una situación de difícil salida para ella, y donde no somos quién para juzgar sus actos», nos adelanta.

Estos cinco representantes criollos, junto a las restantes 17 obras del continente que participan en la competencia, serán una provocación más para constatar que el cine, como el buen perfume, puede calar bien profundo aunque nos llegue en frascos más «cortos».

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