Jamás renunciaría a lo que soy

El artista es un creador con una sensibilidad superior, con una capacidad para observar más allá de lo que se ve a simple vista, afirma Yadniel Padrón, quien acaba de graduarse en el ISA en Artes visuales

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

«Te voy a hacer un poco de historia de dónde vengo para que puedas entender cómo y por qué estoy aquí», comienza a decirme Yadniel Padrón, quien acaba de graduarse en el Instituto Superior de Arte (ISA) en la especialidad de Artes visuales, cuando quise saber las razones por las cuales en los últimos tiempos de su joven existencia (26 años) se mueve con tanta fuerza en el mundo audiovisual.

«Provengo de Sibanicú, un pueblito muy pequeño situado en la provincia de Camagüey, al que le debo mucho de lo que soy ahora mismo. Allí están mis dos primeros profesores a los que debo agradecer: Maikel Lorenzo Pimentel, egresado también del ISA, y Duniesky Martín, que me preparó para quien pudiera ingresar en la Academia Vicentina de la Torre, donde culminé en 2008. Tres años después fue que conseguí entrar a la Universidad de las Artes... Casi una década consagrada al estudio de algo que amo. Por tanto jamás renunciaría a lo que soy. Y lo que soy se lo debo a una sola persona: mi madre, quien me labró el camino y me ha apoyado hasta este último momento de mi carrera.

«En mi casa había una especie de parafina con la cual yo creaba jugueticos, figuras que resultaban de mi imaginación infantil. A mi alrededor no existía nada que hubiera podido impulsarme a lo artístico. Sencillamente nació conmigo. Un día mi madre cogió esos objetos y se los mostró a Maikel Lorenzo en la Casa de Cultura. Él vio algo que podía llegar a desarrollarse. Así empecé a acercarme a esa institución.

«Debo confesarte que hasta noveno grado estuve debatiéndome entre si estudiaría Informática o Artes visuales, porque a partir de cuarto ambas comenzaron a apasionarme. Cada día, después de que terminaba en mi escuela, me iba para el Joven Club, deslumbrado con esos nuevos medios que entonces no sabía que con los años se convertirían en cercanos aliados; y de allí arrancaba para la casa de cultura, donde estaba descubriendo el ser creativo que llevaba por dentro.

«¿Qué me decidió? La necesidad que tenía de decir, de expresarme sobre el contexto en el que me desarrollaba, acerca de las inquietudes que me asaltaban y las respuestas que creía tener para ellas. Sin embargo, las palabras no eran suficientes. Entonces elegí el arte.

«Volviendo a lo que me preguntabas: soy un artista de las artes visuales, pertenezco a ese universo, de modo que todas las herramientas que este me ha brindado y que he ido haciendo mías, tanto conceptuales como formales, ahora las estoy desbordando en el medio audiovisual como un ejercicio más dentro del mismo campo, o sea, sigo dialogando a través de mi obra pero por otro camino».

—Muchas personas que desaprobaron los exámenes de ingreso desistieron en el empeño de entrar en el ISA, pero tú insististe, ¿por qué? ¿Era tan importante para ti?

—Me impulsan los retos. Eso por una parte. Por la otra, estoy consciente de que el ISA representa para los estudiantes de arte un lugar muy, muy importante, y definitorio en sus carreras. Sobre todo para quienes viven en provincia, porque La Habana constituye el gran centro cultural de Cuba.

«El ISA te entrega herramientas conceptuales que te pueden ayudar en tu empeño de crear una obra distinta, propia, auténtica. Ya luego si las pones a tu disposición o no, depende de ti mismo. Así funciona la Universidad. Estás allí porque quieres, si llegaste al punto de que venciste todos los obstáculos, es porque tienes muy claros tus objetivos, lo que persigues.

«Luego, está el hecho de la validación que te pueda dar dentro del circuito de arte, aunque hay una sola verdad: el ISA no te convierte en mejor artista. Solo te da la oportunidad de conectarte con otros espacios, con muchos otros jóvenes que sueñan y luchan por encontrar el suyo, y que te permiten llevar adelante proyectos interdisciplinarios, porque convives con músicos, actores, bailarines, realizadores… Y ese contacto vivo, diario, te enriquece tremendamente, por el diálogo constante, por el intercambio, la retroalimentación que se establece.

«Al mismo tiempo estaba muy claro de que si en verdad el arte es como una burbuja, entonces el ISA en Cuba es como una burbuja dentro del arte, y esa conciencia me llevaba a salirme con frecuencia de ese espacio para proyectarme en otros más apegados a la realidad de mis coterráneos. Porque me considero un artista que enfoca al arte como el obrero su trabajo. El arte tiene la peculiaridad de que no produce nada más que espiritualidad, satisfacción, ideas, aunque, en algunos casos, puede generar economía, pero lo que le aporta a la sociedad es más de tipo subjetivo. Por ese motivo la responsabilidad del artista es mayor. Ya que no produce bienes materiales, sino que genera sentido que debe tener un poder transformador. Al artista le toca incidir en los procesos que vive y alertar sobre los problemas; mantener una vigilancia crítica. El artista no es un político, ni un sociólogo, sino un creador con una sensibilidad superior, con una capacidad para observar más allá de lo que se ve a simple vista».

—¿Cómo apareció la inquietud de realizar un videoclip?

—En cuarto año de la carrera en el ISA tuve la oportunidad de viajar a Alemania, como parte de un intercambio con la Universidad de Arte y Diseño de Halle, que terminó con una exposición. Luego por mi trabajo me contactaron en Francia, donde participé en una campaña publicitaria en la que trabajé desde la fotografía y el video. Ahí se halla el germen de esta inquietud.

«Un mes después de regresar a Cuba, tras esa experiencia de un primer viaje que te marca tanto, cargado de una enorme cantidad de información (en ese tiempo se dio el inicio de muchas obras que se desarrollaron después, como Tolerancia, por ejemplo), me encontré con Jorge Iván en los pasillos del ISA, quien había visto el trabajo que había realizado en Francia, y me dijo: “Mi hermano, me otorgaron la beca El reino de este mundo y me encantaría que me hicieras un clip”. Se refería a Pensar en ti.

«Jamás había hecho algo así, aunque había intervenido en otros proyectos audiovisuales, como el documental La Lavandería (2011) que hice junto a Rolando González para la 11na. Bienal de La Habana. De modo que me tomé Pensar en ti como si fuera el único que haría en mi carrera, pero creer tal cosa te lleva a emplearte a fondo, sin dejar nada para mañana, lo cual es muy común en mí, por el grado de seriedad con la que enfrento los procesos creativos y por el respeto que siento por el público.

«Así salió un video en el que se me fue casi la vida. Asumí el guion, la edición, la dirección, Kalet Polo en la fotografía, y Pepe Reyes en dirección de arte. Cuando la gente ve Pensar en ti me dice que les recuerda a Cuba. Y claro, no podía ser de otra manera: ese video recoge la Cuba que soñé desde la distancia. ¡Qué hermoso que mi primer acto creativo haya sido expresarle a mi país mis amores!, ¿no?

«Más tarde el Centro Promotor del Humor me propuso la realización de Piel pálida para Pagola la paga en su aniversario 20, que también constituyó un desafío, porque se trataba de encarar una obra de carácter serio para un grupo humorístico. Más tarde la AHS, con motivo de su 30 cumpleaños, me volvió a convocar para que hiciera un making of de la grabación del tema de Silvio Rodríguez, Con un poco de amor, en los Estudios 18 de la Egrem, y salió un video.

«Todo ocurrió muy espontáneo, imagino que por ese mismo espíritu joven de la Asociación. Sin embargo, resultó genial, no solo por el probado talento de los músicos que participaron, o por el magnífico arreglo musical de Andy Rubal y de Wilma Alba Cal, sino también por la propuesta visual que generó. Apelé a un cambio de concepto para este tipo de clip que suele ser a lo We are the world, y acompañado por mi equipo (Kevin Álvarez en la fotografía, Pepe Reyes, en la dirección de arte, y Raudel Hoyo, en la postproducción) logramos entregar una propuesta que se impuso cambiar lo que habitualmente había funcionado. Los convencí cuando les dije: “Creo que lo puedo hacer diferente. No mejor ni peor, pero sí diferente, lo que no presupone que lo anterior esté mal, sino que deseaba probar otros caminos”, y me dieron ese voto de confianza.

«Como joven yo también quiero contar mi historia y ser parte de la historia en la que vivo».

—¿Lo de tu viaje a Alemania y Francia fue cuestión de suerte o eras en el ISA un alumno excelente?

—Buena parte de la suerte se la labra uno mismo: cultivas, cultivas, y un buen día recoges la cosecha. Siempre he sido muy aplicado, muy responsable hacia mi trabajo y mis prácticas. Mi obra ha sido productora de sentidos y no de una estética para el mercado, lo cual exige una actitud de vida. O sea, no puedes ser alguien que proclama una idea y visualiza otra.

«Este intercambio tuvo su antecedente en Cuba, en un taller en el que participó un grupo de jóvenes muy talentosos, del cual se hizo una pequeña selección y ahí estuve yo. A eso se le puede llamar suerte, pero creo que de todas maneras la selección depende del camino que hayas transitado».

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