Sí, ¡asombrémonos!

No deberíamos extrañarnos frente al asombro de aquellos que descubren admirados que en Cuba, por ejemplo, el ballet es un arte que nos pertenece a todos, porque también le da sentido a nuestro existir

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Les sucede a todos, menos a los mortales que vivimos en esta tierra. Es cuestión de costumbre, forma parte de nuestro patrimonio. No se nos ocurre verlo de otra manera que no sea como lo más natural, atendiendo al desequilibrio del mundo. Lo cierto es que no deberíamos extrañarnos frente al asombro de aquellos que descubren admirados que en Cuba, por ejemplo, el ballet es un arte que nos pertenece a todos, porque también le da sentido a nuestro existir.

Lo que supuestamente tocaba en esta tierra singular, sin dudas milagrosa que en 1959 dejó de aceptar que ya no podíamos esperar nada más, era que siguiéramos creyendo que no nos asistía el derecho de recibir educación, de cultivarnos, de dejarnos conmover por el arte. Pero el pueblo no quiso otra opción que crecer, que soñar, incluso aunque pareciera una quimera, como la de la gran Alicia Alonso de tener una compañía de ballet en Cuba.

Y lo mejor en la utopía de Alicia era no pensar solo en los artistas, en los bailarines, «sino en una cultura para el pueblo, en el derecho de todo ser humano a disfrutar de un arte bello, que tenía que dejar de ser para una élite. No podía hacer mucho por el mundo, si no partía de mi tierra. El artista es como un árbol, que necesita nutrirse de la tierra, absorber de ella todos sus nutrientes para crecer y robustecerse. Solo así podrán nacer de él frutos saludables. Esos frutos son el arte con que debemos alimentar la espiritualidad de los otros pueblos; y la tierra, la Patria».

Nadie mejor que Alicia para enfrentar el enorme desafío de hacer del ballet en Cuba un arte popular, porque ella, como enfatiza el crítico Ahmed Piñeiro, «se hizo representativa de nuestro país, y con su arte lo situó, por primera vez, en la historia de siglos del ballet. Asimismo, aprovechó la proverbial facilidad del cubano para el movimiento y la integró en su danza. Su peculiar y novedosa forma de bailar conllevó a que se notaran marcadas diferencias en el sentido del ritmo, en el estilo, en el fraseo, en el acento…, al ejecutar los mismos pasos que otros bailarines. Sin proponérselo, inició el camino estético de la hoy mundialmente reconocida escuela cubana de ballet».

Sí, Alicia fue esencial. Alicia, la Revolución y Fidel, como siempre le ha gustado recalcar. «Fidel ha hecho posible mi sueño dorado: que en Cuba tengamos una de las mejores compañías de ballet del mundo, y una escuela muy prestigiosa. Seguramente muy poco de eso hubiera sido posible sin su apoyo incondicional, sin su reconocimiento de la significación de la cultura para los cubanos».

Claro que no fue sencillo conformar ese público que hoy abarrota las salas y hace que se agoten con rapidez de relámpago las entradas para un Festival Internacional de Ballet que resulta impensable en muchas otras partes del mundo. El mismo Fernando Alonso, uno de los pilares fundamentales de la escuela cubana de ballet, recordaba con frecuencia aquellos tiempos de principios de la Revolución en que la compañía viajaba por toda la Isla, y especialmente la vez que estuvieron en el Valle de Viñales. «¿Qué cree que pasó cuando les dijeron que iban a ver un ballet revolucionario que se llamaba “Sí Fidel”?, contaba. Fue perturbador cuando vieron aparecer a aquellas muchachas envueltas en tules, bailando y dando saltos... Estaban muy sorprendidos y con razón. Habían entendido “Sí Fidel” en lugar de Las Sílfides... ¡Qué más se podía esperar! Era la primera vez en sus vidas que veían un espectáculo de ese tipo...».

Ahora parece lo más natural cuando sabemos que no lo es. Y sin embargo, por diez días esta Isla se convierte en la capital universal de la danza cuando consigue reunir a compañías o estrellas, cuyas presentaciones podrían valer una fortuna: Martha Graham Dance Company, Justin Peck con su Dance Americana, el Ballet Hispánico de Nueva York, Les Grands Ballets Canadiens, el Dutch National Ballet, Brooklyn Mack, Joaquín de Luz, Ashley Bouder, María Kochetkova, Joel Carreño, Lucia Solari, Javier Torres, Dugaraa Altankhuyag, Mary Carmen Catoya, Osiel Gouneo, María Ricetto, Gustavo Carvalho... Pero lo hacen por admiración hacia Alicia y la extraordinaria escuela que fundara junto a Fernando y Alberto. Lo hacen por Cuba. Lo hacen por su gente linda, que se emociona y agradece con aplausos calurosos y sinceros, aunque a veces no le otorgue la dimensión real a aquello que hace más trascendente nuestra vida.

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