Mis cuadros son hijos

Lorenzo Padilla, artista de la plástica, coleccionista y grabador cubano radicado en París, preserva a Matanzas en un lugar especial de su inspiración y sus esfuerzos

Autor:

Hugo García

MATANZAS.— Este hombre inspira respeto. Con traje oscuro y bastón de madera, camina lentamente y se detiene ante un grupo de piezas de arte africano del Museo de Arte de Matanzas. Mira con asombro y humildad las máscaras de diferentes etnias que se exponen allí gracias a su denodado esfuerzo de coleccionista, una afición que desarrolla desde hace 54 años.

Nunca ha perdido el acento cubano. El artista de la plástica Lorenzo Padilla Díaz se siente emocionado al regresar a su ciudad natal, Matanzas. «Me ha dado mucha alegría que se acuerden de mí», solo atina a decir antes de un homenaje que le rindieran por su contribución al engrandecimiento de la cultura nacional, el Ministerio de Cultura, Cultura y Patrimonio provincial, el Museo de Arte, y la filial de la Fundación Fernando Ortiz de la Universidad de Matanzas Camilo Cienfuegos.

«Siempre soñé con que Matanzas contara con un museo de este tipo, no solo de arte africano, al que pertenece la mayoría de las piezas, sino de arte en general.

«Ese es un deseo que tuve desde joven. Entonces me dije que el día que pudiera hacer un museo para Matanzas sería el más feliz de mi vida; al pasar los años fui recopilando las piezas que he donado.

«Empecé por pirograbados y recogí grabados antiguos, los cuales guardé como primera idea. Después dibujos y, por accidente, el arte africano. Mis amigos pintores, más de cien, me dieron una obra suya cada uno, para Matanzas, y fue con esas con las que realicé una de las primeras donaciones».

Precisa que se decidió por el arte africano cuando en una ocasión fue con su esposa a una tienda de antigüedades. «Aprecié su gran belleza y decidí estudiar ese arte y coleccionarlo. Emprendí la lectura sobre el tema, tenía buen ojo, sabía si la pieza era verdadera o una copia, de vez en cuando vendía una de mis pinturas y me compraba una o dos originales. Durante 40 años acumulé todas las donadas al Museo de Arte de Matanzas.

«Toda mi casa estaba llena: los armarios, las mesas, ya no se podía caminar, y siempre me decía que todo eso tenía que llevarlo para Cuba.

«Me encontré en París con la ya desaparecida escultora y ceramista cubana Marta Arjona (durante años fue directora del Consejo Nacional del Patrimonio Cultural), le enseñé fotos de las piezas y le dije que quería llevarlas para Matanzas para conformar un museo. Ella prometió que me ayudaría. Así pude traer la primera donación».

Padilla ha entregado al museo cientos de obras de arte originales de casi la totalidad de las naciones del continente africano y de más de 60 etnias. Muchos expertos consideran esta colección entre las más completas de América y con un valor inestimable en el mundo.

Lorenzo sostiene que Matanzas es su respiración, una ciudad que quiere: «Aquí perdí a mis padres y a mi abuela. Cada vez que vengo siento mucha emoción, como cada cubano que vive en otro país y llega a su patria».

En declaraciones exclusivas a este diario, Padilla comentó que dibuja y pinta todos los días, que espera que muchas de sus obras un día estén en Cuba en un gran museo.

—¿Qué obra no cedería a nadie?

—Todos mis cuadros son mis hijos. A veces los hijos se van para otros lugares, pero uno nunca los deja de querer. Tengo algunos cuadros que no vendo por nada. Solo los donaré a Matanzas o al Museo Nacional de Bellas Artes.

«Tal es el caso de un cuadro que permanece en mi cuarto, lo pinté en la década de los 60. Por él me dieron hasta un cheque en blanco; una persona rica me dijo: “ponle el precio que quieras”. Yo vivía en esa época en la ciudad universitaria y tenía necesidad de dinero, pero le contesté: “no lo vendo, porque ese cuadro lo pinté cuando mi hija estaba ingresada en el hospital”; se lo dediqué a ella y lo titulé Niño montado en un caballo».

—¿Cuánto de cubanía hay en su obra?

—Es posible que tenga influencia extranjera, pero quienes conocen mi obra me comentan que donde quiera que esté y aunque no vaya firmada, sabrían que es un Padilla. Uno no se desarraiga tan fácilmente de sus raíces.

—¿Usted conoció a Wifredo Lam, qué puede contarnos de ese pintor cubano?

—Fue mi amigo. No solo era un gran pintor que admiré y admiro mucho, sino también un hombre de gran cultura y sencillez; una persona extraordinaria, a la que recuerdo con cariño.

Perfil

Padilla nació el 18 de septiembre de 1931 en la ciudad de Matanzas. Se graduó en la Academia Tarascó en 1957. Con el título de profesor de dibujo y pintura, y por sus resultados obtuvo una beca para estudiar en el Museo de Arte del Prado, en Madrid. Posteriormente se trasladó a París, donde continuó su vida artística.

Ha recibido diversas condecoraciones y reconocimientos como la de Hijo Distinguido de la Ciudad de Matanzas, en 1990; la Distinción por la Cultura Nacional, 2006; y la Medalla del Senado Francés, en 2012.

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