¡Ya Cubadisco nos premió! - Cultura

¡Ya Cubadisco nos premió!

Christian y Rey agradecen a esa enorme herencia familiar que empezó a brotar como manantial perenne con el abuelo, el inmenso Pacho Alonso, y cuyo caudal no solo alcanzó para calar a Pachito, su hijo

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Cierto que tienen ese gran don de convertir en buena música todo lo que tocan, y Christian y Rey se lo agradecen a esa enorme herencia familiar que empezó a brotar como manantial perenne con el abuelo, el inmenso Pacho Alonso, cuyo caudal no solo alcanzó para calar a Pachito, su hijo, sino que regó el talento de sus nietos, quienes hoy encabezan una agrupación que con su ópera prima, Qué lindas son las mujeres, acaba de ser nominada a la Feria Internacional Cubadisco 2017, la cual dará a conocer sus premiados este sábado.

«Estamos superorgullosos de ese legadoque nos han dejado nuestros antecesores. Se sabe que no siempre sucede que la descendencia reciba la gracia que distinguió a sus mayores, porque por alguna extraña razón esa “información” no la trae en la sangre o no se transmitió a través de los genes; por ende, no crece, no se desarrolla. Pero en nuestro caso la vida nos ha premiado», afirma Christian en diálogo con Juventud Rebelde. El mayor de los hermanos asegura haber sido tocado con la felicidad desde el mismo instante en que nació, al empezar a respirar casi al unísono con otra reconocida artista: la bailarina, coreógrafa y directora Yolena Alonso.

«Creo que estaba escrito en nuestro destino que fuéramos artistas de todas todas, porque la influencia nos venía de ambos frentes: por vía paterna, pero también materna. Rey, que estudió con maestros particulares, vino al mundo producto de la relación de mi papá con su mamá, que era bailarina al igual que la mía. Definitivamente mi papá se moría por el cabaré (sonríe con ganas).

«Yo me gradué de trompetista, de nivel medio en el Conservatorio Amadeo Roldán —sigue contando Christian. Ese era el instrumento que tocaba mi abuelo materno, a diferencia de su otra hija, que se fue por la flauta e integró Anacaona. Por eso digo que no había forma posible de que nos pudiéramos “escapar”.

«Quien decidió presentarme en la escuela de música, en la Guillermo Tomás, fue mi abuelo. Entonces vivía en Guanabacoa y entré por trompeta, que me llamaba mucho la atención, aunque te confieso que me sorprendí un poco cuando me vi haciendo los exámenes, porque jamás me dijo a dónde íbamos ni a qué. Tal vez previendo indisponerme, a partir de que en tercer grado no me habían aceptado en la Manuel Saumell.

«Ya en el conservatorio fundé mi primera orquesta, nombrada Los chicos de la salsa. Ahí empezamos juntos Roberto Carlos Rodríguez Valdés “Cucurucho Valdés”, el pianista; Mandy Cantero (Van Van), Aned Mota (Charanga Habanera)... Como ves fue una verdadera cantera para las grandes... En aquella etapa yo era el mayor y llevaba a Rey a mis conciertos en el cabaré Las Vegas, donde inicié mi carrera como profesional, pero siempre dejándoles la indicación a los productores de que velaran porque se portara correctamente», sonríe con su broma quien conduce los pasos de la agrupación que está en la porfía del Cubadisco 2017, e insiste en que Rey es y ha sido, en verdad, un muchacho muy responsable y de bien.

«Resultó genial contar con el apoyo no solo de mi padre cuando formé Los chicos..., sino que pudiera recibir consejos de los directores de aquellas agrupaciones que vivieron tiempos de esplendor con el boom de la salsa: Juan Formell, Paulito FG..., con quienes me tomaba el atrevimiento de hablar para que me dejaran hacer “cortina” en sus presentaciones, porque lo cierto es que sonábamos bien... Fue así como Pacho, mi papá, comenzó a echarme el ojo.

«Llegó el momento en el que Robertón salió para la orquesta los Van Van, y me tocó tomar una decisión muy difícil: dejar a un lado mi propio proyecto, al que sinceramente le veía un prominente futuro, para sumarme a Pachito Alonso y sus Kini Kini.

«Es evidente que estaba un poco verde cuando entré en los Kini Kini, porque venía directo del conservatorio. No escasearon las críticas, pero a mí me encantaba cantar, expresarme ante el público... Con mi propio padre había tocado antes la trompeta en su orquesta, pero para serte sincero no me gustaba permanecer allá atrás, con los metales, como en un segundo plano, mientras Robertón gozaba de lo lindo interactuando con la gente (sonríe), así que me lancé a cantar...

«Sucedió que más tarde salió el Lele de la orquesta, y su lugar lo ocupó mi hermano, aunque ya desde antes cantábamos a dúo, como resultado de las clases con el maestro Hugo Oslé, quien hizo que nos superáramos en la técnica de canto, en la proyección escénica, etc. Con la Academia de Canto Mariana de Gonitch nos presentamos en reconocidas instituciones de la capital como el Gran Teatro de La Habana, el América, interpretando clásicos de mi abuelo como Niebla del riachuelo, Dame la mano...», continúa Christian narrando la historia que los condujo hasta este instante, en el que él y su hermano constituyen el centro de Qué linda son las mujeres.

Asegura que desde el principio estuvo convencido de que Rey era el hombre justo que necesitaba Pachito Alonso y sus Kini Kini. «Se lo hice saber a mi padre enseguida cuando el Lele se unió a la Revé, porque considero que mi hermano heredó la fuerza interpretativa de nuestro abuelo. Él es dueño de esas voces que la “ponen donde quiera”.

«Recuerdo que Rey se probó con el tema Locos de amor, una versión que aquí había popularizado el Lele, y de inmediato dio en la diana. A partir de ese instante empezamos a trabajar juntos y a “pegar” éxitos como Pasarela, La curvita, La Habana me queda chiquita, La cara bonita, Quiéreme... Sin dudas le insuflamos juventud a una orquesta en la que nos sentíamos muy a gusto».

La otra cara

Aunque Rey Alonso estuvo cerca de dos años recibiendo los cursos que se brindaban después de las seis de la tarde en la escuela Alejandro García Caturla, su formación se produjo por «cuenta propia». De ese modo se acercó al piano, una experiencia que considera vital. Sin embargo, el canto pudo más que todo lo demás.

«Que el rumbo tomara esa dirección se lo debo especialmente a Christian. Él fue quien me “descubrió”. No puedo dejar de decirlo. Siempre me traía al retortero y ello me permitió dar con el maestro Oslé, quien posibilitó que tuviéramos el privilegio de compartir el escenario con figuras de la talla de Rosita Fornés, Luis Carbonell, Ela Calvo..., vivencias que me fueron preparando para el momento en que con 18 años conseguí integrarme a Pachito Alonso y sus Kini Kini.

«Mi hermano y yo hemos sido muy unidos, y hemos mantenido una linda comunicación. Aunque soy un poco más rebelde, Christian ha sido mi patrón, lo imito en muchas cosas, lo admito sin tapujos. En lo absoluto me avergüenza, por el contrario…».

—¿En qué circunstancia decidieron ustedes armar su propia orquesta?

CH: «Esas decisiones por lo general parten de inquietudes musicales que aparecen y que pujan por hacerse realidad. Al menos eso fue lo que nos llevó a fundar Christian y Rey. Queríamos también cultivar sonoridades más contemporáneas, explotar las nuevas tendencias de la música, lo cual de cierta manera rompía con el estilo que distingue a Pachito Alonso y sus Kini Kini».

R: «Deseábamos asimismo traer a estos tiempos ese legado musical que nos viene de familia, acercarlo de un modo más fresco a la gente de nuestra edad para que permanezca, para que viva también en la preferencia de los más jóvenes. Por eso es tan importante esta nominación al Cubadisco, porque significa que la propuesta que traemos con Qué lindas son las mujeres tiene una indiscutible calidad».

CH: «Definitivamente ya es un premio enorme esta nominación, porque se reconoce el trabajo que hemos realizado por nosotros mismos, sin demeritar el apoyo inmenso que nos ha dado nuestro padre, por el impulso, la fuerza que nos ha insuflado. Decimos con orgullo que somos los hijos de Pachito y los nietos de Pacho Alonso, el rey del pilón. No lo escondemos, lo gritamos a los cuatro vientos, pero ya el pueblo nos identifica por nuestros nombres. Nuestra gente sabe que él es Rey y que yo soy Christian».

Todo lo anterior explica que estos muchachos, pertenecientes a la empresa Musicuba, no tuvieran que pensarlo mucho a la hora de determinar que pondrían en práctica sus desvelos musicales, plasmados en buena medidad en Qué lindas son las mujeres, su ópera prima. «Le estamos muy agradecidos a la casa discográfica Egrem por confiar en nosotros y abrirnos las puertas para materializar este disco producido por Emilio Vega y dirigido musicalmente por Saúl Valdés y mi hermano», señala Rey.

«Cuenta con invitados de lujo como Haila M. Mompié, quien nos acompaña en Dame; Israel Rojas, el líder de Buena Fe, que nos regaló una balada maravillosa, la cual interpreta junto a nosotros titulada Si tu amor no vale nada; y timberos actuales  y muy populares que participan en Timba con velocidad: Norisley “Noro” Valladares, Yaser Ramos, “Mandy” Cantero, Alexis David “Samurái”, Míster King, El Rival...

«Nos hemos dado el gusto de convocar también a instrumentistas fuera de serie, como se merecía nuestra primera producción, en la cual la mayoría de los temas fueron escritos por Rey y por mí, excepto Si tu amor no vale nada y Cuando tú llegues a entender, un bolero de mi abuelo, apunta Christian. Los arreglos son de Efraín “Pacho” Chibás, Saúl Valdés y míos. Qué lindas... es una expresión del respeto que le profesamos a nuestra herencia, a nuestro país, a nuestro pueblo».

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