Lo que escuchas es lo que soy

«En mi casa nunca faltó la música, siempre había instrumentos cerca de mí. Allí me legaron dos cosas muy importantes: todo ese gran amor que se profesan, y la tradición musical, la pasión por la música»

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Música. No necesita más para autodefinirse esa bellísima muchacha nombrada Chila Lynn, quien quisiera que nunca la abandonaran la naturalidad, la espontaneidad, aquello que nace orgánico, porque viene de bien adentro. «Lo que escuchas es lo que soy. No hay falsedad, ni personajes que me invente. Me aferro con fuerza a la sinceridad en cada acto que enfrento, pero más cuando se trata de música», enfatiza quien con 18 años le pusiera voz a la protagonista de Tiana y el sapo, para la cual Walt Disney convocó a artistas como Álex Ubago, Macaco, Omara Portuondo, King Africa..., en esta la versión en español de la película dirigida por John Musker y Ron Clements (La Sirenita, Aladino, Hércules).

Cuentan que su padre, Dagoberto González Jr., como si tuviera el don de adivinar el futuro, antes incluso de conocer a quien sería la madre de su hija, ya sabía no solo que sería músico, sino cómo le pondría. «Y me nombró Chila Lynn, como una estrella en la constelación japonesa que representa al amor. Hay quienes también aseguran que así llaman en la India a las personas dulces, tiernas...».

De ese modo, Chila vino al mundo en el seno de una familia supermusical. «Mi abuelo, fue fundador de una de las orquestas más emblemáticas de Cuba, la Aragón, a la cual también pertenece mi tío; mientras mi papá fue por muchos años el violinista y tecladista de Pablo Milanés, un reconocido arreglista de sus discos, ganador de Premios Grammy. Por tanto, en mi casa nunca faltó la música, siempre había instrumentos cerca de mí. Allí me legaron dos cosas muy importantes: todo ese gran amor que se profesan, y la tradición musical, la pasión por la música».

El piano le fascinó desde la primera vez que lo vio con uso de razón. «Mi madre no me cantaba porque aunque adora la música, esa rama de mi familia no tiene oído, así que lo evitaba para no “echarme a perder” el mío, según su teoría (sonríe). Optaron por ponerme a escuchar lo mejor de la música cubana: Benny Moré, Aragón..., pero también esa de la cual me nutro constantemente: Earth, Wind & Fire, Aretha Franklin, Nina Simone, Steve Wonder, Mariah Carey... De todos ellos recibí una influencia notable, con lo cual se fue conformando mi esencia como intéprete».

Desde que arribó al primer lustro de vida, la intranquila y creativa Chila empezó a asistir a talleres musicales. Luego matricularía en el Conservatorio Alejandro García Caturla para después entrar en el Manuel Saumell, que le dio paso al Amadeo Roldán, donde culminó su nivel medio. Jamás olvidará que la ya desaparecida maestra Mayra Torres realizó el hechizo de ponerle sus minúsculas manos en el piano.

«La enseñanza de la música requiere de tiempo, de entrega. No todo fue color de rosas, porque hubo que hacer no pocos sacrificios, pero me encantaba ver en lo que me iba convirtiendo. Debo decir que mi familia no me lo hizo muy fácil. Ellos deseaban que me dejara llevar por una vocación verdadera, y papá siempre insistió en que pensara por mí misma. Me ayudaba solo cuando me debía enfrentar a algo demasiado complejo para mi edad, pero si entendía que podía averiguarlo por mí misma, me dejaba romperme la cabeza, como se dice aquí».

Más tarde tendría una superoportunidad, un sueño con «traje» de quimera: estudiar en el Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de la Universidad de La Sorbona de París. «Me gradué de piano clásico en el prestigioso Conservatorio Amadeo Roldán, con mi profesora María Teresa Pita e Isabel Clavera, y debo decir que gracias al alto nivel de la enseñanza artística en Cuba, pude afrontar el elevado rigor de la afamada universidad. Lo logré por medio de mi padre, quien conoció por unos amigos suyos que ese año se estaban ofreciendo becas para estudiantes del Tercer Mundo. Me presenté, audicioné, y me otorgaron una plaza para mi felicidad.

«En cuanto supieron que era cubana, me acogieron con beneplácito porque conocen del fuerte nivel académico que existe en la Isla, y la verdad es que como instrumentistas somos respetados en todas partes».

—¿Crees que hubiera sido diferente tu carrera sin esa etapa en Francia?

—Pues, mira, no lo sé. Agradezco con la vida la formación que recibí en mi país, que fue extraordinaria. Al mismo tiempo, uno debe sacarle el mayor provecho a todas las oportunidades de superación que se presenten, porque de eso se trata también esta carrera: de intentar ser mejor cada día.

—¿Estudiaste piano clásico porque pretendías convertirte en concertista?

—Era muy importante dominar un instrumento, y te aseguro que sin el piano no consigo expresarme musicalmente. Por supuesto que estudiar los grandes clásicos te da un dominio indiscutible, y sí, adoro la música clásica, pero lo que me motiva siempre es la popular. Estudié el piano a conciencia, pero para poder hacer luego lo que sugiriera mi corazón, para ponerle mi alma a esa técnica que bien aprendí.

—¿Cuándo apareció el canto en tu vida? ¿Cómo decidiste tomar ese camino?

—Desde muy pequeña me ponía a imitar la música que oía; siempre con el piano de cómplice en ese juego. A los 12 o 13 años, me empecé a sentir mucho más identificada con ese tipo de artista que se acompaña con un instrumento mientras canta. Ahí surgieron mis primeras canciones, al tiempo que comencé a estudiarme mucho más. Así fui encontrando mi sonido interior, mi manera de decir.

«Luego sucedió que mientras estudiaba en Francia, apareció un contrato con la disquera Emi Music Spain, con la cual firmé para Europa. Entonces grabé, entre Londres y Madrid, mi primer álbum, Real Woman, mi carta de presentación al mundo. Sus temas son interpretados en inglés, porque ese tipo de música que cultivo se identifica plenamente con ese idioma: R&B, lo que se conoció como motown sound, soul, blues, el pop... Es un sonido muy fresco...

«Te mencioné que me fascina componer, pero, gracias a la disquera, Real Woman, el cual salió a la luz en 2012, me regaló la oportunidad de poder interpretar obras de artistas importantísimos, que accedieron en colaborar, al estilo de Pink, Jamie Scott, James Morrison, Maroon 5, Nikka Costa... Traté de llevar esas hermosas canciones a mi universo musical, y  defenderlas lo mejor que pude».

—Un año después pudiste cantar con Alejandro Sanz...

—Otra gran suerte, como también ha sido hacerlo junto a Omara Portuondo y a otras figuras que me han permitido ese honor. Todas han sido experiencias muy enriquecedoras, de las que he aprendido mucho, sobre todo por esa sencillez que los distingue como artistas.

—El gusto de estrenarte como compositora te lo diste en tu segundo disco...

—Como este segundo disco iba a ser esencialmente en español, decidí grabarlo en Cuba bajo el sello discográfico Egrem. Se nombró Amor y miel y lo presentamos con un concierto en el teatro Mella, donde aprovechamos para filmar un DVD que recogió dicha actuación.

«En Amor y miel, además de canciones mías y de mi padre, quien es el productor del disco, aparecen autores que admiro como César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez y Pablo Milanés, mientras que aparecen como invitados la gran Omara Portuondo en Canción de cuna; y Leoni Torres en Tú, mi delirio».

—¿De dónde te alimentas para componer tus canciones?

—Algunas parten de mis vivencias, pero la gente es mi mayor inspiración. Cuando escribo la letra resulta muy importante creerme la historia, el mensaje que deseo transmitir, para que el público se identifique con ello.

—Y de esas canciones, ¿cuál piensas que nunca dejarás de interpretar?

—¡Qué difícil!, ¿no? En este disco, Amor y miel, hay una que me complace mucho, es de mi autoría y se titula Te daré. Me siento tan a gusto interpretándola que me parece que siempre la tendré en mi repertorio. Lo mismo me sucede con Real Woman, de James Morrison, que nombra mi ópera prima.

—¿Cómo has sido recibida por tus contemporáneos?

—Me ha llamado mucho la atención el hecho de cómo mi propuesta es recibida por un espectro tan amplio de edades. En mis presentaciones me he encontrado lo mismo con niños y niñas, que con jóvenes y personas de la tercera edad, quienes dicen disfrutar de mis canciones. Eso me hace feliz, porque es una de las razones por la cuales me dedico a la música: por encender ese brillo en los ojos, por emocionar, por lograr una sonrisa que me abraza en quien me escucha. Es increíble cómo cantando, o simplemente tarareando una melodía, puedes alcanzar el corazón de tanta gente de diferentes culturas, razas y credos distintos... Y si eso sucede en directo, cuando estás piel con piel con el público, que puedes sentirlo vibrar contigo... ¿Quién que posea ese don no se siente humildemente poderoso?

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