Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La vida me premió

Cuba será la plaza donde la gran cantante búlgara Yordanka Hristova comenzará a despedirse de los escenarios

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Cuba, su isla amada, la tierra que parió hijos que le han robado el corazón, será la plaza donde la gran Yordanka Hristova comenzará a despedirse de los escenarios. Aquí la dama de la canción de Bulgaria, su intérprete más internacional (ha actuado en 43 países, cantado en 18 idiomas y grabado 23 discos (entre ellos dos en español, Te quiero I y Te quiero II, y uno con nueve idiomas: Tutti frutti), decidió cargarse primero de esas energías que salen de su gente, de su música, de la fuerza del mar, del sol intenso..., para luego emprender por dos años una gira que la llevará por esas naciones que han abrigado a sus compatriotas: Australia, Canadá, Holanda, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos...

«Cantar me hacía sentir la persona más dichosa de este mundo y, para colmo de felicidad, me permitía viajar y conocer el mundo; descubrir la cultura de los pueblos. Fue así como la de Cuba me deslumbró», reconoce ante JR quien ofrecerá un concierto único este viernes 2 de marzo, a las 8:30 p.m., en el teatro de variedades América.

«Las motivaciones son muchas. En verdad este concierto lo tenía planeado para el pasado año, con el fin de celebrar el aniversario 50 de mi primer encuentro con Cuba, pero el huracán Irma me lo impidió. Ahora, se suman otras alegrías: los 60 años de la Revolución Cubana, yo cumplo 55 en la escena y 75 de vida, mientras que el 3 de marzo es el día de la Fiesta Nacional de Bulgaria... Como todo lo que comienza tiene un final, yo he venido a despedirme del público cubano, por haberme entregado tanto, pero tanto amor».

—¿Por qué pensar en una despedida cuando su voz sigue siendo tan espléndida?

—No, yo no quiero entrar en el Libro de los Récords Guinness (sonríe)... Sería descabellado de mi parte no hacerle caso a los avisos de la edad. En la rodilla derecha, por ejemplo, se han alojado unos pequeños «ratoncitos» que a veces me molestan, al punto de que me dificultan caminar, mientras se han adicionado unos quilitos de más (vuelve a sonreír).

«Mira, te voy a confesar algo, y espero que no me tomes como una persona vanidosa, pero por primera vez estaré en un escenario con plataformas en lugar de esos tacones muy altos y finos que siempre me acompañaron... Cierto que mis cuerdas vocales tienen una salud de hierro, que no hay problema alguno con la afinación, pero un artista verdadero es un todo: arte y presencia. Quiero que el público me vea como la Yordanka Hristova que siempre lo respetó, porque para mí el escenario es un sitio sagrado, que me exige hacer lo imposible por acercarme a la perfección, y ello significa cuidar al máximo la voz, la imagen, el repertorio, el movimiento escénico, el acompañamiento musical... Todo, absolutamente todo, es importante.

«Ya sabes que a veces la vida es mucho más rica que lo que uno pueda pensar o planear, y nadie puede saber qué puede ocurrir mañana, pero no quisiera defraudar a esas tantas Yordankas que se bautizaron en Cuba como una muestra de cariño hacia mí, de las cuales soy madrina de alma. Solo les puedo asegurar que mi amor por este país será eterno. Tampoco debo hacer compromisos, pues después de esta actuación en la Isla, en la que he recibido el abrazo caluroso del Ministerio de Cultura, estaré realizando esa gira con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bulgaria, lo cual me tomará mucho tiempo».

—Hace un momento hablaba de las Yordankas nombradas en su honor, y es que verdaderamente sus actuaciones calaron hondo en la Isla a partir de su debut en 1967...

—Yo quedé fascinada con ese público que nos recibió con los brazos abiertos, y, por supuesto, con todo lo que Cuba representa en la cultura y en el arte a escala universal. Es que de ambas partes fue un amor a primera vista y a primer corazón, desde el mismo principio, cuando canté aquí con la Orquesta Sofía. Después vendría el 1er. Festival Internacional de Varadero... Hablando de ese evento inolvidable, te cuento que uno de estos días, al terminar el ensayo, tomé un taxi de un amigo de ese gran músico cubano llamado Bobby Carcassés. ¿Qué pasó? Que ese señor me llegó a confesar que cuando tenía 13 años se quedó prendado conmigo por aquella presentación. ¿Te imaginas? Son historias increíbles, gentilezas que te alimentan el alma (sonríe)...

«En fin, que llegó un momento en que sentí a Cuba como mi segunda casa: realizamos giras por la Isla, cantamos en Tropicana, en el Capri, compartí el escenario con mis paisanos Biser Kirov, Margarita Radinska, Margarita Dimitrova, Emil Dimitrov..., mientras cultivé una profunda amistad no solo con Bobby, sino también con Eva Rodríguez, Tony Taño, Omara Portuondo, Elena Burke, Chucho Valdés... Por eso también se hacen cada vez más difíciles estas presentaciones, porque resulta muy triste volver y no encontrar a algunos: Eva, Tony... Es la ley de la vida, pero no deja de ser duro.

«De Eva partió la idea de este concierto en el Teatro América, en complicidad con nuestro amigo común Jorge Alfaro, su director, a quien mucho le agradezco, pero ahora mi hermana no está. Ella, como Tony, era parte de mi familia cubana. Desde antes lo habíamos acordado: cuando en 2015 hice un recital en la Casa del Alba Cultural para saludar los 55 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Bulgaria, momento en que también viajé a Cienfuegos para festejar los 125 del teatro Terry, junto al grupo Kfé Mezclado... Son recuerdos que permanecen muy vivos en la memoria, como aquel honor que tuve de ser la única europea que participó, llena de orgullo, en la Serenata de la fidelidad, por los 90 de Fidel».

—El concierto del América está previsto para este viernes 2, a las 8:00 p.m...

—Y estoy más que feliz, porque Bobby Carcassés estará a mi lado, al igual que su hijo Robertico, en tanto estarán como invitadas dos voces extraordinarias de la Cuba de estos tiempos: Yaima Sáez y Luna Manzanares. En cuanto a mí, aprovecharé para presentarme sobre todo ante ese auditorio joven que no conoce la obra de Yordanka Hristova, pero que tal vez escuchó a sus abuelos o a sus padres hablar de mí.

«De seguro interpretaré canciones que marcaron mi carrera, incluidas algunas de mi país, por supuesto, al estilo de Una rosa búlgara, Y seguiré cantando, Mi país, Bulgaria, o de Mi canción, mi amor, que se convirtió en un himno tras mi participación en el festival Orfeo de Oro. En ellas, como de costumbre, introduciré frases en español para que el público se lleve una idea de qué es lo que expresan. Al mismo tiempo, no faltarán esos temas cantados completamente en este bello idioma, que no puedo dejar de hacer: Veinte años, Cómo fue, Amor por ti, La era..., además de clásicos internacionales como My Way, que inmortalizó Frank Sinatra; Quando l‘ Amore Diventa Poesia, de Massimo Ranieri; Evergreen, de Barbra Streisand, Je t‘attends, de Charles Aznavour...

«Sueño que este sea un concierto que ponga de relieve ese sentimiento auténtico, puro, enorme, que ha existido entre nuestros países, que nada ni nadie ha podido ni podrá borrar. Tal vez sea por aquello que en una ocasión me dijo Nicolás Guillén: los búlgaros son los latinos de Europa. Cierto que no hablamos la misma lengua, pero algo existe que nos une: el temperamento, el sentido de la amistad, de la fidelidad; la pasión por la música...

—¿Satisfecha con la vida?

—No me quejo. He sido una mujer feliz por muchas razones: tuve dos hijos maravillosos, una carrera de la cual me siento orgullosa, y he recibido tanto, pero tanto amor del público, que me creo una persona dichosa, privilegiada. Nací en la época en que los buenos sentimientos y el arte eran armas poderosas para alcanzar la felicidad. La vida me premió.

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