Bailando fue el verdadero premio - Cultura

Bailando fue el verdadero premio

Aún emocionados por su triunfo en Bailando en Cuba (2), los jóvenes de la pareja nueve, integrada por Daniela Rojas O´Farril y Gleyner Jesús Delgado Nápoles, conversaron con Juventud Rebelde sobre su experiencia en el popular programa

Autor:

Alejandro A. Madorrán Durán

A la segunda edición del gustado programa televisivo Bailando en Cuba se presentaron decenas de jóvenes con un mismo sueño: convertirse en ganadores. Finalmente fue la pareja número nueve, integrada por Daniela Rojas O´Farril y Gleyner Jesús Delgado Nápoles la que, por su talento y dedicación, mereció la máxima consideración del jurado.

Como premio, las tres duplas finalistas visitarán otros lugares del mundo para demostrar su valía, aunque Daniela y Gleyner concuerdan en que la verdadera recompensa ha sido la posibilidad de vivir la experiencia que propició Bailando

«He crecido muchísimo. Me he formado como persona y como artista, porque hemos aprendido de muchas figuras de la danza cubana, como los miembros del jurado, y de otras personalidades. También me considero ahora un poco más valiente, ya no tengo miedo escénico, y he aprendido a confiar en mí misma», comenta Daniela.

De la misma opinión es Gleyner, quien aún se siente embelesado por el triunfo. «Desde el tercer programa, que estuvo dedicado a la poesía, me miraba en el espejo y me decía: como ha cambiado tu forma de pensar y de comunicarte ante las cámaras. Todo eso se lo debo a Bailando en Cuba. Pienso que me he convertido en un mejor artista, aunque todos los días hay que conocer más y subir otro escalón».

Natural de la tierra de Ignacio Agramonte, Gleyner Jesús muestra en su forma de hablar tener una personalidad sumamente decidida. Cuenta que un amigo suyo, Jorge Luis Calvaire Cuba (precisamente, el ganador del premio de la popularidad junto a Zaida Liz Aymerich Medina), lo motivó a involucrarse en la aventura de Bailando… y, sin pensarlo mucho, se dirigieron a las audiciones en la capital.

Actualmente estudia el cuarto año en el Instituto Superior de Arte (ISA) y, aunque muy joven, ha tenido un amplio recorrido en su carrera al integrar conjuntos como Identidad, Danza del Alma, las compañías de ballet folclórico de Camagüey y de Villa Clara, y en estos momentos el Ballet Contemporáneo, de su provincia natal.

También en el ISA estudia su pareja de baile, quien vive en Cayo Hueso, Centro Habana, y forma parte del reconocido elenco del Ballet de la Televisión Cubana. Daniela se considera una muchacha tímida y un poco pesimista, aunque ahora no esconde su regocijo al sentirse ganadora del popular certamen de baile.

De seguro muchos televidentes sufrieron, al igual que yo, cuando tuvieron el fallo en el número de la final. ¿Qué pensaron en ese momento?

Daniela Rojas (DR): Eso nunca nos había pasado. Yo pensé: «¡Ay dios mío! Aquí ya terminamos. Posiblemente no gane con esto». En un segundo pasaron mil cosas por mi mente. Sin embargo, me propuse lograr que el jurado no se diera cuenta del error y terminar la coreografía más arriba todavía.

Gleyner Jesús (GJ): En ese momento el teatro se quedó en silencio. Y como el público, también el alma mía y la de mi pareja. Pero lo bueno de tener una pareja como Daniela es que logramos resolverlo en fracciones de segundo. También pienso que el error fue humano, porque no fue que ella se cayó de una cargada por culpa mía o un problema de técnica. Fue un simple resbalón del pie, que pudo haber sido porque el piso estuviera húmedo por el sudor de los demás o, tal vez, una mala colocación.

«Lo esencial, considero, fue saber resolverlo a tiempo. Sé que muchas personas nos juzgan desfavorablemente por eso, pero para nosotros fue algo humano».

Supongo que ejerza una presión muy fuerte el ser evaluados por un jurado integrado por profesionales de tan alto prestigio

DN: Como soy muy tímida, en la mayoría de las presentaciones estaba muy nerviosa. Creo que en los únicos momentos en los cuales realmente disfruté lo que hacía fue cuando bailamos el tema Preciosa, en el programa dedicado a la poesía, y la coreografía de La pavita pechugona.

GJ: Nunca pensé tener a tan altas personalidades frente a mí, y menos evaluando mi trabajo. Desde la primera presentación, en la cual fuimos la segunda pareja de mayor nota, decidimos mantenernos ahí y nunca bajar. Eso nos presionaba aún más. Tuvimos dos presentaciones de 26, dos de 27 y finalmente dos de 30.

¿Cuál fue la coreografía más difícil?

DR: La de la semifinal fue un reto muy complicado porque en ese tiempo teníamos muchos recorridos, visitas, entrevistas en programas como Mediodía en TV, y estábamos a contra reloj.

GJ: Concuerdo con Daniela. Fue muy difícil, aunque al principio pensábamos que iba a ser la más fácil porque era de música afrocubana y yo vengo de compañías que defienden el folclor.

En ese sentido, Bailando… involucra gran parte del tiempo de los concursantes en actividades como entrevistas, visitas a lugares históricos y culturales, sesiones de fotos, etc… ¿Cómo lidiaron con la presión de esos días?

DR: Descansando siempre que podíamos. Nos quedábamos dormidos donde fuera. Aunque fueran cinco minutos tratábamos de tomar un respiro. Sentimos mucha presión y estrés, sobre todo cuando estábamos en la semifinal.

GJ: El momento más complicado fue en la final, porque interpretamos tres coreografías. Para conseguirlo tuvimos que esforzarnos mucho. Llegábamos a las 11:00 p.m. al hotel, y continuábamos trabajando a veces hasta las 2:00 a.m.

Contaron con el apoyo de mucha gente y sobre todo de sus familias. ¿Qué significó esa confianza?

DR: Yo le doy gracias a todas esas personas y a mi familia por haberme apoyado. Cuando me pasó lo del resbalón en la final, la energía que me estaban transmitiendo en ese momento fue la que me ayudó a seguir adelante.

GJ: La familia es el apoyo mayor, la raíz de un árbol. Y en mi caso siempre tuve ese apoyo, como el de algunos primos que me visitaban todos los fines de semana, mi papá cuando podía, y mi mamá que pudo venir en los dos últimos programas. También la familia de mi pareja me acogió como un hijo más.

¿Por qué creen que los seleccionaron como pareja?

DR: Tal vez por la estatura, o por la imagen, porque ambos teníamos el pelo rizado.

GJ: Pienso que tenemos algo en común: somos bailarines que no nos gusta estancarnos en un solo estilo. En mi caso he pasado por varias compañías y ella, aunque no ha tenido esa posibilidad, viene de una escuela de espectáculos donde se mezcla todo. No nos gusta ceñirnos a géneros en específico, siempre tratamos de demostrar en un mismo número todo lo que tenemos.

¿Qué ritmos prefieren para bailar?

DR: La salsa, el casino, y la rumba. Pero me identifico y disfruto todos.

GJ: Me gustan mucho los bailes populares cubanos, el son, la salsa, la rumba, el baile abakuá, y mezclarlos con lo contemporáneo.

¿Cuáles son sus planes en lo inmediato, además de tener como premio el poder participar junto a la compañía Crea Dance Foundation, en España?

DR: Hasta ahora pienso seguir en el Ballet de la Televisión Cubana. Es una compañía que te da muchas posibilidades y una nunca quiere perder algo así. Si aparece un nuevo proyecto, probaré.

GJ: Ahora mismo continúo bailando en el Ballet Contemporáneo de Camagüey. Aunque cuando regrese de Barcelona tengo en mente quedarme en La Habana. Me han llegado propuestas de las compañías de Lizt Alfonso, de Santiago Alfonso, del Ballet Revolution y de Havana Rakatán. Voy a pensar y analizar bien cuál es la que de verdad quiero.

La pareja número nueve conquistó al jurado con su tenacidad y talento

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