Un atractivo: la dificultad

Después de haber leído Cuentos de La Habana Elegante, confieso cierto regocijo por haberme detenido en sus páginas

Autor:

Luis Sexto

Después de haber leído Cuentos de La Habana Elegante, confieso cierto regocijo por haberme detenido en sus páginas. Porque, aunque el lector actual se percate de que algunas piezas carecen de maestría, o de interés, uno comprende que el cuento como molde literario se fundamenta en Cuba sobre una tradición que ha permitido la existencia en el siglo XX de autores como Pablo de la Torriente, Onelio Jorge Cardoso, Dora Alonso, Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez, Julio Travieso, Arturo Arango, María Elena Llana, Aida Bahr, y otros narradores, más o menos contemporáneos, ante cuyo número me arriesgo a decir que el cuento comparte con la poesía el mérito de ser en Cuba el género de más perdurables aciertos.

Claro, no pensemos que el cuento podría ser un género predilecto entre escritores cubanos, porque se distinga por la brevedad, o por una relativa brevedad. Por el contrario, la brevedad del cuento exige síntesis y concisión, además de una fuerza rítmica, una rotundez que hagan de ese breve enunciado, como dijo Horacio Quiroga, una especie de tigre de la fauna literaria. Es decir, al disponerse a escribir un cuento, el narrador ve delante dos enormes colmillos a los que él quitará filo y punta o sucumbirá desgarrado por el fracaso. Tal vez lo que atraiga a los cuentistas sea la dificultad del cuento.

En Cuentos de La Habana Elegante, pro-logado y anotado por la investigadora Cira Romero, aparecen firmas entonces ya establecidas o en vías de alcanzar el dominio de las formas y el estilo de la literatura. Se trata de Ramón Meza, Aniceto Valdivia, Justo de Lara, Cirilo Villaverde, Antonio Zambrana, Manuel Serafín Pichardo, Aurelia Castillo de González, Enrique Hernández Miyares. Otros nombres nos son desconocidos, tal vez pasaron al olvido.

La sección Cuentos de La Habana Elegante, comenzó a publicarse en 1887, cuatro años después de fundada la revista. Posiblemente, con la presencia de género tan desafiante, la revista derivó en un medio estrictamente literario, una especie de órgano temporero del movimiento modernista en Cuba.

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