La torre de marfil y el sueño de Michel

Por un espacio de privilegio como Fábrica de Arte Cuba comenzó a exponer por vez primera, a título personal, el joven tunero Michel Johnson Sánchez

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Por un espacio de privilegio como Fábrica de Arte Cuba (FAC) comenzó a exponer por vez primera, a título personal, el joven tunero Michel Johnson Sánchez. En La pared negra se ven fabulosas las diez fotografías a gran formato (90 cm x 124 cm) que integran La torre de marfil, la cual podrá ser apreciada hasta el venidero 1ro. de julio.

«Todo comenzó con una serie de poemas míos, aún inéditos, que titulé Poemario sobre puntas, inspirado en la belleza del arte de los bailarines. Pensé en las fotografías para ilustrar esos textos que habían nacido de mi afición de balletómano», cuenta a JR quien es Informático de profesión, pero ha redirigido su camino hacia el arte, inicialmente como poeta y luego también como fotógrafo que tiene ya a su haber varias muestras colectivas.

«Fue un trabajo arduo y prolongado, al principio por la complejidad de las fotos en sí, al tratarse de desnudos. Pero algo tenía claro: no quería buscar la sensualidad ni el erotismo, sino mostrar la armonía casi perfecta de sus cuerpos».

Michel Johnson Sánchez

Explica Michel que para La torre de marfil no llevó adelante «un proceso selectivo en escena, aunque ya sí los había observado en el escenario. Preferí verlos día a día. Lejos de mallas y zapatillas, para ir descubriendo sus cuerpos poco a poco antes de hacerles alguna fotografía.

«Cada pieza partió de una idea, aunque ellos, por supuesto, le daban el acento propio, que surgía espontáneo. Nos quedaba claro que no deseábamos captar un movimiento ni una secuencia rítmica. Ellos entendieron perfectamente que se trataba del reflejo de sus almas, como mismo sucedía en los poemas».

Las sesiones fueron largas y agotadoras. Michel tardó un año y medio para realizar todas las imágenes antes de pasar por el proceso de curaduría. «No podía haber Photoshop en sus cuerpos a la hora de la edición, sino que estos se mostraran tal cual son. Si bien es cierto que los bailarines clásicos tienen una belleza física que ayuda mucho en el momento de encontrar un buen resultado, la luz es esencial para poder conseguir ese balance entre luces y sombras que es primordial.

«Creo que en La torre de marfil hay mucho lirismo, porque es lo que me llega de ese universo que encierra a un bailarín», asegura este creador que vio la luz en un pequeño pueblo pesquero, el Puerto Manatí, en la provincia de Las Tunas.

—¿De dónde surgió ese apego por el arte?

—El arte siempre estuvo en mí, pero como modo de creación. Aunque amo mi pueblo, necesité salir a buscar mis musas. Y el ballet es una de ellas, creo que la más importante. Hace años el ballet pasó por mi provincia y quedé tan hipnotizado que me fui detrás de él. ¡Qué locura!, ¿no? En mi pueblo no se tiene esa cultura, y yo sueño con mostrársela, pero heme aquí ahora intentando desarrollar mi carrera en la carretera, entre el ir y venir (sonríe).

—¿Cómo fue trabajar el desnudo?

—¿Que si me fue fácil? Para mí lo fue y creo que para ellos no resultó incomodo, porque creé un clima en el cual pudieran sentirse libres. Llegó un momento en el que terminé conociendo de sus vivencias como seres humanos, adentrándome más en su mundo. Quiero agradecerles por su entrega. A ellos y también a quienes me apoyaron en este proyecto e incluso a los que no creyeron en La torre de marfil, porque tanto unos como los otros me inspiraron a seguir adelante.

«Fue un proyecto costoso, no solo por el alto presupuesto de las obras, sino por el duro trabajo que acarrea montar y mover piezas de esta envergadura. Te cuento que previo a la apertura de la expo llovió mucho, y que el agua se condensó dentro los cuadros que ya estaban montados. Pasé un susto horrible. Por suerte no se me echaron a perder las fotos, pero hubo que desmontarlas y volver a la carga horas antes de que FAC abriera».

—¿Cómo ha sido la reacción de los espectadores en FAC?

—Algunos se quedan perplejos, anonadados, otros exclaman exaltados ante la belleza de las obras. He encontrado reacciones distintas entre los espectadores, pero todas positivas. Creo que las piezas han conseguido la misma conexión que debe encontrar un poema con su lector. 

—¿Y tus poemas entonces?

—Algún día no muy lejano también pienso compartirlos.

—¿Satisfecho con tu primera expo?

—No, porque siempre les encuentro a mis obras defectos, no técnicos, sino más bien espirituales, sin embargo, La torre de marfil me está haciendo muy feliz.

 

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