Donde nada pasa… y pasa

La vieja, que titula el relato, es una recurrencia dentro de la soledad del personaje narrador y el examen interno de un hombre en la peor de las soledades

Autor:

Luis Sexto

¿Un poema? ¿Un manual de la vida vacía, inútil? ¿Las memorias de un demente? No, quizá este libro titulado La vieja, del escritor polaco Rafal Vojasinski y publicado por la Editorial Arte y Literatura, sea una honda y clarividente revelación novelesca en cuyos enigmas y visiones vitales nos podremos ver retratados.

Escrita en primera persona, esta noveleta se lee con interés. Más que un monólogo, semeja el diálogo interior del personaje principal, el único con alma y cuerpo, porque los demás personajes, en mayoría, son nombres, referencias, alguna cita ante quien consigo hablar.

Por breve e intensa se distingue esta novela, o noveleta. Y su lectura resulta intensamente atractiva por sugerente. Porque, a fin de cuentas, en La vieja nada pasa. Al menos en el sentido que esperamos: la acción, el suspenso, la diversidad de personajes…  

La vieja, que titula el relato, es una recurrencia dentro de la soledad del personaje narrador. Es quizá ello, el examen interno de un hombre en la peor de las soledades: estar rodeado de gente y no significar nada para nadie, porque parece insignificante, aunque logre trabajar, incluso pintar cuadros, que a pocos interesan.

Como relato novelesco leeremos la crónica de un aburrimiento, de una existencia frustrada. Es el tanteo meditativo de un sujeto que a veces nos da la sensación de ser un sonámbulo. Un sonámbulo que medita sobre la vida, y llega a conclusiones que, por momentos, nos  obligan a detener la lectura. Como esta frase: «El sentido de ser no puede consistir en ser alguien que sepa mucho». Al menos, el personaje no sabe leer ni escribir.

En las últimas páginas, el hombre elige un camino. Siente que se va perdiendo sin dejar rastros. La gente como él, dice, no deja huellas, y empieza a extrañar a Dios como a la vieja, la esposa, y se alegra que ya nunca más tenga que creer en ellos. Porque él puede permanecer en las tinieblas.

Por esa razón, por ese relato tan preciso, y a veces tan lacónico y marcado por una coherencia incoherente, creemos que podríamos estar leyendo un texto de ciencia ficción. Pero La vieja, la omnipresente esposa del personaje narrador, parece ser la influencia decisiva, la promotora de este testimonio de un hombre que se achica en estatura mientras envejece.

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