Teatro de todas partes

La lectura dramatizada de Sonia se fue, escrita por la cubanoamericana Melinda López fue una oportunidad de entrar en contacto con lo que hacen dramaturgos que no viven entre nosotros, pero tienen con Cuba un vínculo afectivo y familiar imborrable

Autor:

Frank Padrón

Ya sea en visitas a provincia o en recientes eventos vinculados a las tablas (como el Festival de Camagüey) hemos podido apreciar muestras del arte escénico en Cuba, más allá de la capital, más allá incluso de nuestras fronteras.  

La lectura dramatizada de Sonia se fue, escrita por la cubanoamericana Melinda López (presente entre nosotros) fue una oportunidad de entrar en contacto con lo que hacen dramaturgos que no viven entre nosotros, pero tienen con Cuba un vínculo afectivo y familiar imborrable. Con traducción y dirección de Alberto Sarraín, resultó casi una puesta gracias también a la habitual profesionalidad de Argos Teatro mediante algunos de sus más capaces actores.

La pieza, susceptible de reducción, con ciertas imprecisiones sobre todo en la segunda parte, es sin embargo, un sensible testimonio del tema que enlaza a la Isla y Estados Unidos: la emigración, aunque lo trasciende para discursar en torno a guerras ajenas, a familias escindidas, lo cual, aunque muy histórico y concreto, supera una perspectiva cosmopolita.

Muñecos en acción

El teatro de títeres no se detiene: colectivos como La Chimenea y Teatro Tuyo (Las Tunas) y Teatro de las Estaciones (Matanzas) han provenido algunas de las muestras más significativas.

El círculo, del primer colectivo tunero, sorprende por una puesta donde la ambientación a través de una música de connotaciones místicas, muy acorde con el mundo representado, complementa la sugerente animación, donde las figuras flotan y transmiten la atmósfera mágica y suprarreal del texto. Aunque El círculo requiere ciertos ajustes, se trata de un motivador espectáculo para adultos.

Originalmente diseñado para los más pequeños, ¡¡Pum!!, del también tunero Teatro Tuyo vuelve a reivindicar el payaso con esa concepción tan humanizada como mucho más graciosa, que conecta asimismo con espectadores de todas las edades. Globos en función de las más variadas figuras y objetos llegan en el quehacer del experimentado Ernesto Parra (director del grupo) en un intercambio esencial con el público todo; otra victoria para un ensemble que ha ganado notoriedad mediante títulos como Gris, Narices y Súper banda clown.

No menos exitoso, el matancero Teatro de las Estaciones presentará este fin de semana en La Habana su Retrato de un niño llamado Pablo, versión de Rubén Darío Salazar sobre un cuento de la catalana Carmen Fernández Villabol (Teatro de la Orden Tercera, sábado, 11:00 a.m. y 4:00 p.m., y domingo 11:00 a.m.). La habitual combinación de técnicas en la animación de títeres con actores en vivo y en directo, los planos témporoespaciales y un imaginativo diseño escenográfico y de vestuario, enfilan esta vez contra la descuidada educación de los hijos, el apego a lo material y la desvalorización familiar/social; lo hacen, como es habitual en ellos, con sentido del humor, dinamismo escénico y un destacado nivel actoral.

Máscaras y más…

Teatro específicamente para adultos hay no poco para aplaudir; digamos, el capitalino Jardín Adentro, con La isla secreta, de Lola Amores y Eduardo Martínez, por ellos mismos: la máscara como eficaz dispositivo dramático en el trazado antropológico de personajes que revelan un rostro marginal y oscuro, evidencia, además, un excepcional tratamiento de vestuario y escenografía.

El Cuartel ha revisitado un título menos reciente: 24 horas de viaje, de la argentina Gilda Bona, que en su relato disparatado y absurdo volvió a enfrentarnos al superlativo desempeño actoral de Annalié Quero, Aymeé Reynoso y Neisy Alpízar, bajo la certera guía de Sahily Moreda.

De Pinar del Río, Teatro de la Utopía presenta en su remodelada sede Virgilio Piñera una versión de Josefina la cantora, célebre relato de Kafka en versión del director Reinaldo León, también responsable de la puesta.

Desde la entrada del teatro al lunetario, centrándose en un escenario ampliamente recorrido y revisitado, la actriz alerta sobre problemáticas que pueden ser lo mismo bélicas y sociales que estéticas y personales, alternando el monólogo con canciones de diversas épocas que entronizan una vez más al clásico autor checo en nuestros días.

Para una propuesta como la que reseñamos, donde se combinan registros y tonos, se requiere de un desempeño matizado y dúctil nada fácil, y es lo que logra de manera sobresaliente la actriz Yuliet Montes, conducida de modo certero por León.

Otras actividades

Con la exposición Deshaciendo capas de polvo en el peso del olvido, la galería habanera Raúl Oliva conmemora sus diez años de creada en torno al diseño escénico no solo en las tablas, sino en otras manifestaciones artísticas con las que se interrelaciona. Curada por Gabriela Reyna y Niurka Avilés, bajo la dirección de Nieves Laferté, el lobby de la sala de conferencias del Centro de Convenciones de Camagüey se engalanó recientemente con esta bien montada muestra de un quehacer sostenido y hermoso, que honra la memoria de un rubro esencial en el teatro.

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