Escuela Internacional de Deportes siembra solidaridad

No existe referencia de una escuela de esta naturaleza en el planeta. Solo en las dos primeras promociones se han graduado 810 jóvenes de 54 naciones.

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Roberto Morejón Al caminar por sus pasillos somos testigos de una acuarela de costumbres e idiomas que se entrelazan de manera armoniosa porque asiáticos, africanos, latinoamericanos o caribeños persiguen un mismo objetivo en la Escuela Internacional de Educación Física y Deportes (EIEFD).

La otrora Academia Militar Carlos Roloff fue cedida por el MINFAR para que cobrara vida otro anhelo de Fidel, quien el 13 de agosto de 1999 comentó la necesidad de crear una institución dirigida a forjar especialistas en la cultura física y el deporte.

Bastaron dos años y el centro fue inaugurado por el propio Comandante en Jefe el 23 de febrero de 2001, acontecimiento que marcó el comienzo de una nueva era cuyos frutos ya comenzaron a recogerse.

No existe referencia de una Escuela de esta naturaleza en el planeta. Solo en las dos primeras promociones se han graduado 810 jóvenes de 54 naciones.

La EIEFD tiene una matrícula de 1 216 estudiantes, procedentes de 75 países. De ellos, más de 800 son de Latinoamérica. También hay alumnos de 15 naciones caribeñas, así como de 36 territorios africanos y 7 de Asia.

«Esta es una escuela que nació bajo los principios de la solidaridad», nos dice Arnaldo Rivero Fuxá, rector en funciones, quien nos acompañó en el recorrido.

Aunque formar atletas de alto rendimiento no es el objetivo de primer orden, los colectivos de la EIEFD han acogido con sumo entusiasmo las convocatorias para intervenir en cada Olimpíada del Deporte Cubano o en los I Juegos del ALBA.

Además, si de trascender espacios se trata, en el XI Congreso Mundial de Deporte para Todos, celebrado en La Habana el pasado año, 15 trabajos de los estudiantes del centro obtuvieron el visto bueno de la comisión evaluadora del Comité Olímpico Internacional (COI).

VENIR DE TAN LEJOS

Venir de tan lejos resulta acicate para un esfuerzo superior. Así piensa el cambodiano Vanna Sum, quien cursa el tercer año y se desempeña, además, como representante de los asiáticos ante el Consejo Estudiantil.

Tiene 27 años de edad y practica fútbol con buenos resultados. «Nos formamos como profesores integrales, aunque uno tenga predilección por algún deporte determinado», comentó.

Supo de la posibilidad de estudiar en Cuba por intermedio del Instituto de Cultura Física de su país. «No lo pensé dos veces, aunque sabía que lo de aprender el español sería difícil. Era lo que más me preocupaba, pero ya quedó atrás».

Vanna confesó estar muy agradecido a las autoridades cubanas «por facilitar esta escuela de manera gratuita a los estudiantes de todo el mundo».

DIFERENCIAS DE CULTURAS

El venezolano Eneas González preside el Consejo Estudiantil desde el pasado curso. La entidad tiene como objetivo encauzar las inquietudes de los alumnos ante la dirección del Centro.

¿Insatisfacciones?

«La diferencia de culturas hace muy complejo el trabajo, por eso es justo reconocer que las insatisfacciones fundamentales no radican en lo académico, sino en lo tocante a la convivencia entre nosotros», señaló este joven oriundo de Isla Margarita.

Ese abanico de costumbres obliga a un esfuerzo superior a la hora de programar actividades recreativas, por ejemplo, algo mucho más fácil en una escuela cubana donde se forma el baile solo con un poco de buena música.

En cuanto a las clases, reconoció que «la calidad del proceso docente se ha visto afectada en los últimos años por inestabilidad en los profesores».

«Nuestra aspiración es que la Escuela se convierta en un centro de referencia mundial», concluyó.

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