¿Estancado el ajedrez femenino cubano?

Teniendo en cuenta las grandes hazañas deportivas de las cubanas, se puede afirmar que las ajedrecistas se han quedado rezagadas

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Olennis Linares, Yaniet Marrero, Yerisbel Miranda, Jennifer Pérez. Cualquiera de ellas puede llegar a Gran Maestra. Pero hay que allanarles el camino. Foto: Roberto Suárez

Hace diez años, Vivian Ramón se convirtió en la primera Gran Maestra de ajedrez de Cuba y Latinoamérica. Entonces se insinuaba un futuro luminoso para nuestras mujeres en el llamado juego ciencia. Sin embargo, muchos sueños aún permanecen intactos.

Además de Vivian —lo consiguió 18 años después de ganar su primer campeonato de Cuba—, solo otras dos jugadoras criollas ostentan el máximo título ajedrecístico: Maritza Arribas y Sulennis Piña. Incluso, competidoras que marcaron una época, como Asela de Armas, Roquelina Fandiño, Zirka Frómeta y Tania Hernández, no han llegado hasta ahí.

Así, acostumbrados como estamos a las grandes hazañas deportivas de las mujeres en esta Isla, nos parece que las ajedrecistas se han quedado rezagadas. ¿Por qué no tienen las féminas la misma fuerza que los hombres detrás del tablero? La explicación tiene mil respuestas y matices. No es un problema de Cuba, sino universal, aunque en nuestro contexto puede tener solución.

Está probado que la inteligencia humana es igual para hombres y mujeres, pero se desarrolla con la estimulación de las facultades intelectuales. Es decir, las diferencias tienen causas sociológicas: la mujer ha sido marginada históricamente de la producción y la vida cultural.

No obstante, numerosos expertos afirman que los varones tienen más aptitud para las matemáticas y la coordinación de movimientos corporales, en tanto las chicas poseen más habilidad verbal, memoria, y destreza manual. Igualmente, se señalan otros aspectos que explicarían la mayor inclinación de los hombres por el deporte en general, y el ajedrez en particular.

Por ejemplo, el psiquiatra peruano Pedro Toledo refiere una mayor agresividad masculina, la cual responde al carácter competitivo del deporte. «El ajedrez es más que una prueba de inteligencia. Es una prueba de talento, creatividad, conocimiento, es una lucha encarnizada y prolongada de voluntades, del deseo tenaz de vencer al intelecto, el más orgulloso atributo humano», explica.

«El ajedrez de competencia demanda buena salud, régimen de vida adecuado, juventud. Pero lo soberano en el retraso de la mujer en el deporte es el aspecto histórico social. Las damitas son más pacíficas, relajadas y sociales. En cambio, los varoncitos son más ambiciosos, serios y agresivos. Una niña no se toma el juego tan en serio, establece más diálogo con su oponente y no se tensa tanto, excepto que el entrenador la trate con dureza y le exija mayor competitividad», añade.

¿Dónde juegan las niñas?

En Cuba la situación debería ser diferente, atendiendo a que mujeres y hombres tienen los mismos derechos legales y no existe discriminación aparente. Pero la nuestra es una sociedad machista y los prejuicios son una espada que pende sobre las atletas. Además, ha faltado intencionalidad a la hora de potenciar el desarrollo de las muchachas en el ajedrez.

Miremos, por ejemplo, el caso de China. Desde que Xie Jun se coronó como campeona del mundo en 1991, el gigante asiático ha mantenido la tradición de tener grandes ajedrecistas. ¿El secreto? Según confesó recientemente en una entrevista el atleta Bu Xiangzhi, número 22 del ranking mundial y uno de los jugadores que ha superado la barrera de los 2700 puntos Elo, «las atletas chinas han logrado una supremacía tan notoria en el ajedrez femenino porque, en un determinado momento, se decidió destinar la mayoría de los recursos a su desarrollo. De esta manera, los más fuertes ajedrecistas varones se volcaron como entrenadores de las chicas. En aquella época, las mujeres fueron claramente favorecidas y el programa en sí fue un éxito absoluto».

Incluso hoy en día, cuando según Bu Xiangzhi los hombres se dedican mucho más al desarrollo de su propia carrera que antes, China sigue sacando jugadoras sensacionales. Tal es el caso de Hou Yifan, quien con solo 14 años pudiera convertirse en la sucesora de Judit Polgar, la única mujer en la historia que logró colarse en la élite masculina.

En contraste, en Cuba han ido desapareciendo los torneos femeninos y las mujeres tienen que incursionar en los eventos mixtos. Pero no todas acceden a esa posibilidad y las jóvenes apenas juegan después de transitar por las categorías escolares. Como resultado, muchas optan por abandonar el ajedrez.

«En el año solo juego la copa ESPA, aquí en La Habana, luego la eliminatoria y el nacional. Ya para mí es normal lo de los torneos mixtos, pero deberíamos tener espacio para jugar más entre nosotras. Competir solo con hombres es más difícil. Yo soy de Sancti Spíritus y allá no se hace ningún evento. Estoy segura de que en muchas provincias del país es igual», se queja Mairebis Castillo Coca, campeona nacional de la categoría 15-16 años.

«Competencias femeninas hay muy pocas, así que son casi nulas las posibilidades de jugar después de los campeonatos provinciales. Para los torneos mixtos hay que tener un ELO elevado, pues los hombres no quieren que juguemos. La Comisión Nacional debería hacer algo al respecto. Es muy bueno topar con los varones para aumentar el nivel y ganar madurez deportiva, pero también sería bueno jugar más con mujeres. Al final, los campeonatos nacionales de nosotras son femeninos. Hacer una norma de Gran Maestra en los torneos más fuertes del país es muy difícil. Aquí en Ciudad Habana estamos mejor porque competimos bastante, pero yo considero a las muchachitas de otras provincias», dice Sandra Espinosa García, actual monarca nacional juvenil.

Y en efecto. La pinareña Yerisbel Miranda, quien acaba de ganar el certamen femenino de la IV Olimpiada Nacional y es una de las mayores promesas del país, ni siquiera tiene entrenador. «Yo estaba en la Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento. Cursé allí tres años hasta que terminé el preuniversitario. Luego vine a Pinar del Río para hacer la Licenciatura, y a ese nivel ya no hay entrenadores. Ahora me preparo por mi cuenta», confiesa.

En cambio, su comprovinciana Zenia Corrales, la muchacha que en 2002 ganó con solo 12 años el campeonato provincial de mayores en Vueltabajo, presenta otra arista del problema: «Algunas muchachas como yo sí tenemos un entrenador, pero este no puede acompañarme a las competencias. Nos han dicho que cuando somos mayores de edad debemos ir solas a los torneos, creo que por problemas de alojamiento».

Súmele a estos vericuetos el hecho de que, por ejemplo, a la Academia Provincial de Pinar del Río nunca se le ha asignado una computadora. Cuesta trabajo creerlo cuando la computación se ha introducido en todo el país. Y sin las máquinas, hoy el ajedrez no puede sostenerse.

«No pienso dejar el ajedrez, pero sí han disminuido las motivaciones. Una pierde las esperanzas de poder hacerse Gran Maestra, de integrar el equipo Cuba, de jugar a un nivel alto», reconoce Zenia.

Miradas desde adentro

«A nivel mundial ya hay muchas mujeres que juegan contra los hombres, no es solo Judit Polgar. En Cuba debemos tratar de acercarnos a eso, a que nuestra excelencia sea jugar a la par de los varones», afirma la veterana Maestra Internacional Tania Hernández, ahora entrenadora del equipo nacional femenino.

«Sería bueno rescatar algunos torneos que se han perdido como el María Teresa Mora. Claro, para eso tendría que ser un certamen femenino realmente fuerte, porque nosotras estamos cansadas de jugar contra nosotras mismas. Si recuperáramos este evento, yo lo haría mixto. Con más participación de mujeres que de hombres, pero mixto. Cuando se pierde un evento es una oportunidad menos de crecernos. Esto afecta sobre todo a las muchachas que vienen surgiendo, pues hay una diferencia de oportunidades entre estas y las de la élite», amplía.

«Ahora están subiendo muchachas como Lisandra Ordaz y Olennis Linares. Eso puede mejorar más si rescatamos algunos certámenes. No es difícil hacer las normas en eventos mixtos, porque en el sistema suizo tú haces un torneo en la medida de tu preparación.

«En mi opinión, el auge de muchachas como Lisandra y Olennis se debe a su esfuerzo personal. Tienes que buscar todos los torneos abiertos, en la provincia que sea, coger las maletas e irte a jugar. Por eso, para mí es esfuerzo personal, porque las condiciones no están creadas», concluye Tania.

Por su parte, Vivian Ramón es igualmente categórica: «Las más perjudicadas con la pérdida de torneos son las muchachitas que vienen de juegos escolares y juveniles. A ellas todavía les queda un camino por andar, y sus primeros títulos podrían conseguirlos en un certamen como el María Teresa Mora, puramente femenino.

«Pero la realidad es que las provincias tienen iniciativas para hacer muchos torneos masculinos, pero no hay el mismo entusiasmo con el femenino. Así, los eventos mixtos son la alternativa y se están dando con bastante facilidad.

« ¿Qué le falta al ajedrez femenino cubano? Necesitamos fogueo. Las jugadoras cubanas juegan poco en el extranjero. Los hombres normalmente reciben ofertas con más facilidad que las mujeres, pero podrían crearse convenios, acuerdos y bases de intercambio con algunas Federaciones. Por ejemplo, la española, la francesa, o incluso la italiana, por tener un nivel más bajo que el nuestro pueden estar interesadas.

«Hay problemas muy serios con los entrenadores, no solo en el ajedrez femenino, sino en general. Esta situación se está supliendo de alguna manera, en el sentido de que los jugadores han hecho grupos de trabajo. Es decir, se reúnen varios para jugar torneos e intercambiar».

¿Soluciones?

Con anterioridad hemos propuesto ya en esta página ampliar la preselección nacional femenina y exigir que se concentre al menos dos veces al año. No creemos que sea tan difícil buscar un anfitrión para estos encuentros.

Además, insistimos en la propuesta de crear un circuito Grand Prix nacional para ambos sexos, sin eliminar los campeonatos de primera categoría. Pudieran ser cuatro o cinco torneos fijos, donde los mejores atletas del patio topen reiteradamente entre sí y tengan un espacio los juveniles.

Desconocemos las estrategias que se diseñan actualmente, porque las principales autoridades del ajedrez cubano no quisieron ofrecer información para este trabajo. Pero una cosa es segura: no basta con mujeres apasionadas.

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