Peloteros antillanos sostendrán hoy cuarto juego amistoso con equipo de la liga profesional mexicana

Autor:

Raúl Arce

La escuadra cubana, dirigida por Higinio  Vélez, ha vencido en tres salidas a elencos profesionales aztecas

CIUDAD DE MÉXICO.— El estadio Foro Sol recibió este lunes a los periodistas cubanos con las puertas cerradas, no hay propaganda del II Clásico Mundial de Béisbol a la vista, pero las cosas podrían mejorar el domingo en esta ciudad, que el lunes amaneció con una temperatura de dos grados Celsius.

Al cabo de dos horas y 30 minutos de vuelo, el reactor A 320 de Cubana de Aviación llevó al Distrito Federal a reporteros de la prensa plana en la Isla, así como a los narradores de la radio y la televisión. Hoy todos nos daremos cita en la cercana ciudad de Puebla, donde la escuadra de Higinio Vélez, invicta en tres salidas, sostendrá su cuarto choque amistoso con equipos de la liga profesional azteca.

Y precisamente el elenco cubano, medallista de plata en la edición inicial del Clásico, podría atraer al público de aquí el día 8, cuando inaugure a pleno sol el grupo B de la justa mundial, frente al conjunto de Sudáfrica; horas después, el anfitrión México chocará con Australia.

Pero ya este jueves se iniciará la lucha en la llave asiática. Japón, campeón reinante, venció este fin de semana a Yomiuri Giants, 2-1, de su liga nacional, y perdió 7-2 con Seibu Lions, pero lo más llamativo es que Ichiro Suzuki falló en nueve turnos y lleva de 23-3 en los partidos de preparación.

«No estoy preocupado por Suzuki. Él es saludable, nos aporta su velocidad en las almohadillas y su brazo poderoso, así que ya bateará», dijo el director de los nipones, Tatsunori Hara, al periódico Daily Yomiuri.

Clásico 2006 en retrospectiva

La interrogante nos ha llegado por diversas vías: ¿cuál fue la posición final de los equipos durante el I Clásico Mundial de Béisbol? Tal ordenamiento no se materializó jamás, no estaba comprendido en el reglamento de la competencia, que únicamente establecía proclamar al monarca.

Por supuesto, Japón y Cuba (ambos con balance neto de cinco triunfos y tres derrotas) fueron el campeón y el subtitular, que por algo acudieron a la velada por el oro.

Antes, Corea del Sur (6-1) y República Dominicana (5-2) fueron eliminados en semifinales, a manos de japoneses y cubanos, que tomaban desquite ante esos rivales. Fue paradójico el éxito de los samuráis: arrastraban dos reveses ante los sudcoreanos, al cabo de otras tantas rondas, pero en la penúltima fecha declararon públicamente en San Diego que «hoy les aguaremos la fiesta y su invicto».

Las primeras bajas del I Clásico —no sobrevivieron a la etapa inicial— fueron Canadá (2-1), Italia (1-2), Holanda (1-2), Taipei de China (1-2), Australia (0-3), Panamá (0-3), Sudáfrica (0-3) y China (0-3). Llegaron hasta la segunda ronda Puerto Rico (4-2), México (3-3), Estados Unidos (3-3) y Venezuela (3-3).

El paso de Cuba

Los hombres de Higinio Vélez debutaron con dramático triunfo de 8-6 frente a Panamá, el miércoles 8 de marzo, en extrainnings.

Yulieski Gourriel pegó un jonrón de dos carreras en el principio del noveno —rompió así un empate a cuatro en el parque puertorriqueño Hiram Bithorn—, y Yoandy Garlobo remolcó a Michel Enríquez en el episodio 11; hubo excelentes relevos de Odelín, que retiró a diez en fila, antes de complicarse, y de Maya.

Nueva victoria, 11-2 frente a Holanda, y otro buen ataque de Garlobo —cuadrangular, tres sencillos y tres producidas— multiplicaron el nombre de Cuba en todos los medios de prensa. Segundo al bate, Michel Enríquez bateó de 4-2 contra los europeos, anotó su cuarta carrera en dos partidos y fue golpeado por cuarta vez por un lanzamiento. En la lomita, Ormari Romero no permitió hit hasta el quinto inning, del bate de Sidney de Jong, y el jonrón de Osmani Urrutia, con dos a bordo, fue la puntilla: los aficionados de la Isla conquistaban el pase a la siguiente ronda.

La última jornada de la llave C vio caer el invicto de Cuba, pues el local Puerto Rico se impuso con nocao de 12-2 y bambinazos de Bernie Williams (bd), Carlos Beltrán (cf) y Alex Cintrón (ss). Los relevistas Borroto, Yosvany Pérez y Jonder fueron castigados en medio del peor marcador para los cubanos, desde el 11-2 ante Japón en la final de la Copa Intercontinental de 1997; fue además el primer tropiezo contra los boricuas desde 1984.

Segunda fase

Garlobo (con doble) y Borrero (sencillo impulsor) no se arredraron porque lanzara el zurdo Johan Santana, merecedor en 2004 del premio Cy Young, en la Liga Americana de Estados Unidos. Era solo una chispa, porque después el abridor de Venezuela retiró a diez por su turno, en el inicio de la segunda ronda.

Más tarde sonaría el cuero del Caribe, ante los relevistas, ya que los vuelacercas consecutivos de Cepeda y Pestano allanaron el éxito de Cuba contra Venezuela, 7-2. Había quedado atrás el fantasma del nocao ante Puerto Rico, y Cuba duplicaba en hits a sus víctimas, con todo y sus numerosos peloteros de Grandes Ligas en la alineación.

La victoria sobre los sudamericanos incluyó el ponche de Pedro Luis Lazo a Carlos Guillén, con una recta de 97 millas por hora, que dejó las bases atiborradas. Para la historia quedaría, además, la pelota que bateó Urrutia y se alojó en la camisa del torpedero Omar Vizquel.

Dos errores y tres carreras sucias allanaban el triunfo de República Dominicana en la siguiente fecha, 7-3 sobre Cuba. El abridor Odalis Pérez mereció el crédito, al cabo de 4,2 episodios inmaculados, y David «Big Papi» Ortiz pegó un jonrón estratosférico, en tanto Gourriel rompió la lechada con su cuatriesquinazo.

¡Todo o nada!: Cuba se desquitó ante Puerto Rico, 4-3, y la última noche en la cálida San Juan le dio los boletos rumbo a San Diego, California. Bernie Williams botó otra pelota Rawlings, pero Ormari se hizo del triunfo, y Odelín grabó su eufórica imagen en los videos, al cabo de un relevo exitoso.

La semifinal

«A Cuba no le intimidó jugar en territorio norteamericano, ni la difusión del juego a millones de televidentes, y su plantilla de jugadores aficionados, tan poco conocida internacionalmente como los hombres del Tampa Bay, tomó venganza ante República Dominicana y va a la final del II Clásico».

Son palabras de un periodista norteamericano, al finalizar el pleito con pizarra de 3-1 en perjuicio de Quisqueya. Cuba aseguraba por 37ma. ocasión consecutiva su presencia en una discusión del título, incluidos cuatro Juegos Olímpicos, 20 Copas del Mundo y 12 Copas Intercontinentales; habían quedado en el tercer puesto en México 1951.

Frente al conjunto dominicano, Pedro Luis Lazo plantó un cerrojo de una carrera sucia en 4,2 episodios, mientras Cepeda, Urrutia y Ramírez propulsaron anotaciones. Pujols, Ortiz y Beltré, en el centro de la alineación de profesionales, batearon un hit en 11 turnos.

Japón, sol naciente

Japón vengó la afrenta ante Corea del Sur, y un día después superó 10-6 a Cuba, en el partido por el oro.

Los detalles están frescos en la memoria de muchos en la Isla, como el buen trabajo de Matsuzaka (aunque Paret lo saludó con un jonrón), la oportuna ofensiva de Imae, Tamura y Fukudome, así como los dos elevados de sacrificio de Ogasawara, en pleito que inició Ormari. Todavía Cepeda dio doble y jonrón, con tres remolcadas, pero no fue suficiente.

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