Aquel relevo del atletismo que no tiene relevo…

Este 20 de octubre marca otro aniversario de las medallas de plata obtenidas por la delegación cubana en el relevo corto de los XIX Juegos Olímpicos de México 1968

Autor:

Francisco Mastrascusa

Las medallas de plata conseguidas por las postas cortas del atletismo, sobresalieron entre los sucesos más notorios de la delegación cubana en los XIX Juegos Olímpicos de México 1968.

Precisamente, este 20 de octubre marca otro aniversario de ambos acontecimientos culturales, y lo describo así porque mucho antes Píndaro había sentenciado que «deporte es cultura».

En aquella jornada, la posta femenina de 4x100 metros, integrada por Marlene Elejalde, Fulgencia Romay, Violeta Quesada y Miguelina Cobián, marcó 43:36 segundos, récord nacional absoluto. Así, las morenas cubanas obligaron al elenco de Estados Unidos a ganar con tope mundial y olímpico de 42:86 segundos.

Entre los hombres ocurrió algo parecido, cuando Hermes Ramírez, Juan Morales, Pablo Montes y Enrique Figuerola establecieron otro récord nacional absoluto de 38:40 segundos. Estados Unidos alcanzó el oro con 38:24, primado universal y olímpico.

Un hecho poco divulgado es que el día antes, durante las semifinales, los cubanos ganaron la carrera con tope universal de 38:76 segundos. Transcurridos solo 14 minutos, Jamaica mejoró la marca en la otra serie con 38:64 segundos.

Para los velocistas del atletismo nacional las epopeyas aquí rememoradas se convierten en un sueño irrealizable a largo plazo. Si no disponemos de una figura estelar en los 100 metros, ¿cómo vamos a contar entonces con cuatro para un relevo?

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