La judoca Driulis González se despide del deporte activo

No he sido nombrada como entrenadora, porque estoy terminando la especialidad, pero ansío asumir esa responsabilidad, aseguró Driulis en la ceremonia de despedida que le brindó el pueblo de su natal Guantánamo

Autor:

ACN

GUANTÁNAMO, marzo 22._ A Driulis González, como a la inmensa mayoría de los atletas cubanos, no la seducen ni el capitalismo, ni las grandes sumas de dinero que le prometieron para traicionar a su Patria.

Fueron muchas las ofertas recibidas por la más grande judoca de todos los tiempos, y una de las más relevantes del orbe, pero a todas respondió que prefería el reconocimiento de sus conciudadanos y la alegría que brindaba a su país con cada triunfo.

Y la patria, y su terruño natal, le agradecieron con creces ese gesto de fidelidad a lo largo de su carrera de 21 años, y especialmente con la hermosa ceremonia de despedida del deporte activo que le tributaron este domingo, en la sala techada Rafael Castiello, en coincidencia con el inicio del Campeonato Nacional de Judo.

La competencia se extenderá hasta el próximo día 28 en esa instalación deportiva de su tierra natal, pero ella ya no estará allí, para impresionar con sus espectaculares ippones, inapelables agarres y depurada técnicas de piernas, pero estará en las gradas.

No he sido nombrada como entrenadora, porque estoy terminando la especialidad, pero ansío asumir esa responsabilidad. Entrenar significa enseñar, aconsejar, y es lo que me ha gustado hacer siempre, confesó a la prensa a raíz del hermoso homenaje que humedeció sus ojos, y los de Javier, su niño de ocho años.

Recuerda que cuando llegó al equipo en 1989, las orientaciones de su entrenador Ronaldo Veitía y de sus compañeras más experimentadas, determinaron el ulterior desarrollo de su gloriosa carrera, y este colofón feliz que significó su despedida oficial del deporte activo.

La mejor judoca de América en el siglo XX, guarda en lugar privilegiado de su memoria, junto a las 200 medallas coleccionadas a lo largo de su carrera de 26 años, el instante en que el General de Ejército Raúl Castro le entregó la bandera de la delegación de Cuba a los Panamericanos de Río de Janeiro, 2007.

Aunque estaba muy feliz no pudo sustraerse a bajar del sitio donde la ubicaron, junto a Luis Torres Iríbar, miembro del Comité Central y primer secretario del Partido en Guantánamo, para sumarse brevemente al elenco del Ballet Folclórico Babul, que interpretaba una pieza para ella.

Instantes como ese no lo cambio por nada, y las oportunidades que me ha dado Cuba para poner su nombre en alto, tampoco, declaró.

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