Pelotas al aire en la recién concluida Serie Nacional de Béisbol

El pensamiento técnico-táctico, el arbitraje, las lagunas organizativas y el espectáculo son algunas de las preocupaciones que quedan tras el final del campeonato

Autor:

Juventud Rebelde

Todavía se habla muchísimo del espectacular triunfo de Industriales sobre Villa Clara en la gran final de la pelota cubana. A juzgar por las últimas impresiones, nuestro béisbol vive un excelente momento, aunque todos sabemos que los play off son como una ilusión, y al siguiente amanecer vuelven las preocupaciones de siempre.

Hay cuatro aspectos que no pueden obviarse en cualquier análisis sobre la recién concluida Serie Nacional: el pensamiento técnico-táctico, el arbitraje, las lagunas organizativas y el espectáculo. Así, les propongo echarle un vistazo a cada uno, sin otra pretensión que mantener viva la polémica y poner algunas ideas encima de la mesa.

Tuvimos un campeonato de gran ofensiva, con 1 557 jonrones y muchos nocauts. Ninguna ventaja era segura, pues abundaron los innings de cinco o más carreras.

En ello incidieron el bate de grafito, la ingenuidad de los lanzadores y la «nobleza» del arbitraje con su estrecha zona de strike. Con 16 equipos y muchos peloteros sin el nivel suficiente para entrar a lo que se conoce como primera categoría, debe valorarse seriamente la posibilidad de regresar al antiguo formato de cinco juegos semanales, en lugar de seis.

Sobre todo ahora, cuando la contingencia de jugar por la tarde afecta el descanso y el entrenamiento. Así, cada director tendría más tiempo para trabajar con sus atletas fuera del terreno.

Además, de esa manera podríamos aumentar la exigencia en el manejo del pitcheo, más allá de limitar la cantidad de lanzamientos. Urge implantar la filosofía de que abridores y relevistas realicen una sola función y no las dos, indistintamente.

Se trata de especialidades diferentes, como la estomatología y la cirugía maxilofacial, aunque a veces confundamos una con otra. Así, han de ser valoradas por separado hasta para integrar el equipo Cuba.

Pongamos un ejemplo: escuché decir en estos días que Odrisamer Despaigne sería un buen relevista en la selección nacional. No lo dudo, pero él fue utilizado todo el año en función de abridor y debe eliminarse como tal.

Quizá parezco demasiado extremista, pero usted sabe que somos cubanos y nos cuesta trabajo encontrar la justa medida de las cosas. Mientras algunos se quedan cortos, otros se pasan…

Lógicamente, si todo el mundo batea a placer y abundan los jonrones, desaparecen el robo de bases y otras jugadas para sorprender al contrario. Así, cuando llegan los play off y disminuye la ofensiva, los managers se quedan sin variantes. Entonces apelan una y otra vez al toque de bola.

Lo mismo sucede en eventos internacionales. Para colmo, arrastramos prejuicios ancestrales como la famosa teoría del zurdo contra el zurdo.

En consecuencia, un bateador siniestro es sustituido de forma recurrente frente a un pitcher de su misma mano, y viceversa. Ahí tenemos fresquito el caso del villaclareño Dian Toscano. Si lo tumban ahora, con toda la juventud por delante, ¿cuándo aprenderá?

Las reglas del juego

De los árbitros hemos hablado mucho en esta temporada y no quiero llover sobre mojado. Algunas decisiones resultaron demasiado controversiales y polémicas, incluidas aquellas de los play off que todos tenemos más «fresquitas» en la memoria. Aunque se equivoquen, porque son tan humanos como cualquiera de nosotros, lo importante es que los árbitros demuestren autoridad en todo momento.

Las vacilaciones generan desconfianza y crispan todavía más los ánimos sobre el terreno. Asimismo, los «ampayas» tienen que desarrollar la capacidad de pasar por encima de todo. Hablo de no encarar a los peloteros, ni responder a sus groserías con palabras. También han de limitarse a darle explicaciones solamente al director de un equipo.

Se me ocurre que pudiera volver a editarse un libro con las reglas del béisbol. Así todo el mundo tendría la posibilidad de consultarlas, incluyendo a los aficionados, y serían menos los reclamos.

Sobre nuestros árbitros pesa también la responsabilidad de poner a batear a los peloteros, quienes esperan demasiado. La zona de strike tiene que ser amplia, aunque la misma en todos los casos.

Igualmente, deben cortarle el paso a las «miraditas» y otras provocaciones, que al final estallan. La disciplina sobre el terreno es responsabilidad de los managers en primera instancia, pero si ellos no ponen carácter, entonces deben hacerlo los árbitros.

Es el mismo caso de la educación en el hogar y la escuela. La familia tiene el mayor peso, lógicamente, pero en un aula no pueden permitirse excesos.

A propósito, debemos encontrar la manera de parar los coritos obscenos en las gradas. Quienes gritan son los mismos indisciplinados que dicen malas palabras sin pudor en una guagua, o en cualquier lugar. Precisamente por hacernos de la vista gorda hemos perdido esa pelea en ciertos escenarios y ya la vulgaridad camina junto a nosotros en múltiples ocasiones.

La Federación Internacional de Fútbol sanciona a los clubes y equipos nacionales cuando se escuchan cánticos racistas en los estadios. Conozco múltiples ejemplos de juegos a puertas cerradas o en estadios neutrales, a pesar de los millones que corren. Pensemos en ello.

Silencios y azares

La presente campaña resultó pródiga en situaciones «especiales» y obtener información sobre ellas fue un gran reto. Todavía no conocemos a ciencia cierta qué sucedió con el Juego de las Estrellas y esperamos señas sobre la llamada Serie Superior de los próximos meses.

El alumbrado del estadio Latinoamericano fue un misterio hasta hace poco y lo mismo sucedió con la Liga de Desarrollo, finalmente suspendida. También puedo citar casos de atletas sancionados, o que causaron baja por cualquier otra causa, cuya situación no se informó oportunamente.

En la misma cuerda están los cambios intempestivos de sedes, o la irregularidad en algunos horarios. Todo ello da una incómoda sensación de desorganización. Muchas veces es más rollo que película y por eso molesta tanto.

Para ello la información es el principal antídoto. No hay nada oculto bajo el sol, al menos sobre un terreno de pelota.

Por último, reitero que tenemos mucho trabajo pendiente en aras de mejorar el espectáculo. Algo se hizo durante la final, pero aún no es suficiente.

Si en nuestras instituciones culturales hay tantos apasionados al béisbol como en cualquier rincón de Cuba, pensemos juntos cuántas iniciativas podemos poner en práctica. El deporte es recreación sana y debemos aprovechar el entusiasmo de la gente.

Otra vez lanzo una pelota al aire y me hago la misma pregunta: ¿caerá en terreno de nadie?

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