¿Cómo domar a una fiera?

Cuba tendrá que romper el maleficio que le ha impedido someter a Serbia en similares circunstancias durante los últimos enfrentamientos

Autor:

Raiko Martín

Casi al filo del mediodía de hoy el equipo masculino cubano de voleibol tendrá la oportunidad de regresar al podio de un Campeonato Mundial. Y para ello tendrá que romper el maleficio que le ha impedido someter a Serbia en similares circunstancias durante los últimos enfrentamientos.

Descontando los partidos amistosos celebrados entre ambas escuadras en los últimos tiempos, la historia de los enfrentamientos particulares favorece a los europeos.

En los archivos están las derrotas cubanas en la recta final de las dos últimas Ligas Mundiales, e incluso en el presente torneo los serbios son responsables de nuestra única derrota. En la versión de 2009 nos vencieron por 3-1 en semifinales, y en la siguiente edición nos arrebataron las medallas de bronce en duelo que se extendió a cinco sets.

Ahora, apenas después del ansiado triunfo sobre los monarcas brasileños, los serbios volvieron a imponerse con pizarra de 3-1, y como en el torneo «liguero» del pasado año —anotó 26 puntos— fue el opuesto Iván Miljkovic nuestro verdugo firmando 19 unidades.

Es cierto que el técnico Igor Kolakovic tiene a su disposición a hombres de notable talento como Nikola Kovacevic o Bojan Janic, pero cuando el «Terrible» Iván roza su mejor nivel, suele establecer diferencias. Después de ausentarse de la Liga Mundial, Miljkovic ha crecido a lo largo del torneo y es por ahora el líder anotador de su equipo en el presente certamen con 116 puntos.

De ahí que controlar sus embestidas pueda ser el antídoto frente a un equipo siempre difícil, y ahora con la autoestima por las nubes tras sacar de la disputa de las medallas a una escuadra tan potente como la rusa.

Aun cuando nuestros opuestos no han demostrado un desempeño estable, y entre los auxiliares solo León se erige como referencia en los momentos claves, es el ataque la mejor arma del equipo cubano.

La agresividad del servicio también puede salvarnos, pero si el recibo no mejora, y la defensa del campo no aporta lo necesario, la posibilidad de jugar mañana por el título será más pequeña que un átomo. Incluso, si definitivamente domamos a la fiera.

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