Maradona vive el cumpleaños más triste de su vida

Reconoció el hombre de la mano de Dios en una extensa entrevista con el diario deportivo Olé

Autor:

Prensa Latina

El más grande futbolista argentino de todos los tiempos, Diego Armando Maradona, cumplió este sábado 50 años con algo dentro del pecho que no me deja festejar.

Es el cumpleaños más triste de mi vida, reconoció el hombre de la mano de Dios en una extensa entrevista con el diario deportivo Olé, en la cual reveló que se imaginaba celebrar su medio siglo de existencia con el buzo de la Selección puesto.

El regalo soñado no lo voy a tener, admitió Maradona, y aseguró que no está muerto, se siente entero. Pero no está para festejos.

En un recuento de su vida sobre la cancha, el histórico número 10 argentino reconoció en el Nápoli al mejor equipo en el cual alineó y en Claudio Caniggia al compañero con el que más cómodo se sintió.

De la selección argentina ganadora del Mundial de 1986 sostuvo que fue un equipo que se hizo a través de los partidos y los hombres que había dentro de la cancha. Porque ni entrenábamos, reveló, restando valor a la dirección de Carlos Bilardo.

Maradona, quien se definió como un jugador de fútbol que salió de lo normal, rememoró algunas de las muchas frases suyas que ganaron notoriedad en todos estos años y mencionó entre estas cabeza de termo, se te escapó la tortuga y más falso que el dólar celeste.

Diego Armando Maradona nació el 30 de octubre de 1960 en la suburbana y pobre villa Fiorito, a la que solía definir como un barrio privado... privado de luz, de agua, de teléfono.

Desde pequeño, su sueño fue jugar el Mundial y ser campeón con Argentina y la primera gran frustración de su carrera estuvo relacionado con ello: ocurrió el 19 de mayo de 1978, cuando César Luis Menotti lo dejó fuera de la albiceleste y se largó a llorar.

Un año después, la vida y el buen fútbol lo compensaron con la Copa del Mundo juvenil, preámbulo de su ingreso al Boca Juniors, el club que según él tiene la hinchada más maravillosa que hay.

El más intenso de sus momentos de gloria lo vivió en el Mundial del 86, donde condujo a la selección de Argentina a su segundo título dejando para siempre en la historia la famosa mano de Dios.

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