Una Copa que emborracha

Esta tarde se descorren las cortinas semifinalistas de la Copa América de fútbol, sin asomo de una camiseta verdeamarhela o albiceleste

Autor:

Raiko Martín

De grandes y chiquitos está hecho el mundo, pero no el fútbol. La estatura dentro de la cancha suele cambiar en un instante o en un par de horas, tiempo máximo que le ha durado el tamaño a los favoritos de la presente Copa América que se disputa en Argentina.

Esta tarde, en la ciudad de La Plata, se descorren las cortinas semifinalistas sin asomo de una camiseta verdeamarhela o albiceleste. Ni siquiera la «Roja» chilena, amparada por el mejor juego colectivo visto hasta el momento, pero insuficiente ante la ambición venezolana.

No por gusto dicen que lo que mal comienza, mal termina. Y el tibio arranque de argentinos y brasileños terminó siendo el anuncio más premonitorio del final inesperado. Tampoco lo esperaba Borghi, pero en cambio, la afición chilena se marchó en masa de la fría pampa sin reproches.

Coincidentemente, los tres candidatos despedidos jugaron mejor que sus verdugos. Eso es un hecho. Pero también es innegable que nunca, ni en sus minutos más luminosos durante el torneo —muy pocos, por cierto— pusieron sobre el césped todo lo que de ellas se esperaba. Tampoco en los más decisivos.

Incluso Colombia, un «clase media» venido a menos desde hace ya algunos años, se quedó corto a la hora de hacer valer su historia y jerarquía. El denominador común ha sido la falta de contundencia, la habilidad natural que tienen los de arriba para imponer su superioridad.

Las intempestivas salidas arrastraron además a las estrellas, para fatalidad del espectáculo y beneficio del empresariado. Todo Brasil estará ahora más pendiente de la cantada salida de Neymar hacia Europa, mientras recobran fuerzas las negociaciones por el chileno Alexis Sánchez, uno de los productos más cotizados del mercado estival.

Mientras, medio mundo seguirá esperando por la reivindicación local de Lionel Messi, y unos cuantos se quedaron con las ganas de deleitarse con el Radamel Falcao que «fundió» para el Oporto el trofeo de la pasada Liga de Europa.

Así, esta Copa ya es cosa de «enanos», con la excepción de un Uruguay que tampoco ha logrado despegar del todo, aun cuando Forlán, Luis Suárez, o Cavani, por solo mencionar a los escopeteros, aparecen sobre el papel como eficaces turbinas.

Los charrúas son tan favoritos para imponerse a Perú, como los paraguayos para cortarle el paso a unos inspirados venezolanos. Pero ya nada es como parece.

La «vinotinto» de César Farías llegó como la Cenicienta y su historia es casi de princesa. Ha sido la más goleadora y está por primera vez en semifinales con un triunfo inédito ante Chile, anotando la misma cantidad de goles que los antes marcados en todos los duelos particulares con los australes. Y como guinda, fue la única selección que empleó los 90 minutos reglamentarios para certificar su pase.

Por lo visto, a esta Copa le han echado una mezcla desconocida hasta el momento. Habrá que tener mucho cuidado, porque emborracha.

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