Lázaro Borges: Siempre miré para arriba

Con apenas 25 años, Broges es considerado el mejor pertiguista de todos los tiempos en Cuba. Estuvo entre los diez atletas más destacados del país en 2011

Autor:

Armando Franco

¿Quién es ese muchacho? ¿Para qué transmiten el salto con pértiga si Cuba no tiene posibilidades? Esas preguntas nos las hicimos la mayoría de los aficionados que desde nuestras casas disfrutábamos del Campeonato Mundial de Atletismo.

Las interrogantes se fueron aclarando cuando un joven cubano, con mucho coraje y una técnica depurada, a golpe de impensables saltos, se adueñaba de la medalla de plata más dorada de los últimos tiempos en nuestro deporte.

Ese muchacho que puso en negritas, cursivas y subrayada la palabra pértiga en el diccionario deportivo de cada cubano, es Lázaro Borges Reid, quien a los 25 años es nuestro mejor saltador con garrocha.

«Cuando cursaba el noveno grado, mi primo Ángel García, antiguo recordista nacional en salto con pértiga desde 1990, se había retirado y trabajaba en la Escuela de Iniciación Deportiva José Martí. Andaba buscando talentos para esa modalidad competitiva y le propuso a mi mamá que yo la practicara. Ella se sentó a conversar conmigo y me planteó la opción, lo que unido a mi interés por hacer deportes influyó en la decisión que tomé. De esa manera comenzó mi andar por la especialidad de salto con garrocha», cuenta Lázaro.

Más de una década de vida ha dedicado este joven al deporte; 11 años de esfuerzos, de modestas victorias que significaban el impulso y de lecciones por duros fracasos. Un período donde los problemas con los implementos y la falta de competencias internacionales, así como la abundancia de personas que lo subestimaban, pusieron a prueba su estirpe y decisión. Pero él, con la constancia que lo distingue, veía cada vez más cerca su consagración.

Así llegó el Mundial de Atletismo en Taegu. «Fue una competencia motivadora. Era mi primer campeonato del mundo y allí estaban los mejores. Llegó el día de la clasificación y lo hice de primero en mi grupo. Eso me dio la fuerza para salir a darlo todo en la última etapa», cuenta.

Todo parecía acabar cuando Borges falló en dos ocasiones al saltar sobre la altura de 5,75 metros. «Saqué lo de cubano y me decidí a cambiar de garrocha. Cuando salté, empecé a pensar en medalla. Ahí tracé mi estrategia. Le di a 5,85 en el primer intento. Luego subí la altura a 5,90. Fallé dos veces. El entrenador me dijo: “Estás cometiendo errores, pero la altura la tienes saltada”, y me lo creí. Me relajé. Tomé aire… Cuando pasé por encima de la varilla y caí al colchón, solo me dio por señalar para arriba, para adelante.

«El francés Renaud Lavillenie, quien salió como favorito, falló. Ya con eso yo tenía la plata. No obstante, hice un primer intento para vencer los 5,95, pero no pude. Realmente estaba agotado, pues había hecho nueve saltos. Después estuve tres días sin poder caminar del dolor».

Las emociones vividas en ese momento, lo acontecido durante la conferencia de prensa y el recibimiento en la villa fueron increíbles. El rostro de Borges aún se transforma mientras lo recuerda. «A la mañana siguiente, cuando me levanté, puse los pies en el piso y dije: ¡Coño, asere, cogí plata y con 5,90!».

Al mirar el triunfo en Daegu de nuestro entrevistado, se torna inevitable conjeturar si antes otros pertiguistas cubanos no hubiesen podido convertirse en campeones. Lázaro considera que esta especialidad no recibía en nuestro país el reconocimiento que necesita. «Antes del Mundial tenía mis pronósticos, pues me encontraba en una excelente forma deportiva. Ese resultado nadie lo tenía en mente, pero allí salió. Ser una revelación  era mi objetivo; lo había soñado muchas veces», confiesa.

Fue muy importante su familia, nos cuenta. «Son la base de todo. Me han ayudado mucho, y si no fuera por ellos, no hubiera llegado hasta aquí. He pasado por dos operaciones y una hepatitis que me tuvieron tres meses en cama. Ellos siempre han sido el empujón para seguir y triunfar».

Luego llegó Guadalajara, y la certidumbre de que el triunfo de Borges podía acariciarse. «Los Juegos Panamericanos fueron un proceso más específico. Sabía que iba como favorito y eso te da algo de presión. Era una medalla que hacía falta para Cuba y para romper la hegemonía de Estados Unidos y Brasil en la especialidad. Salté 5,76 y posteriormente 5,80, ambos en el primer intento. Luego, establecer el récord continental fue la demostración al mundo de que el 5,90 no había sido una casualidad».

Borges se considera una figura pública, pero no se cataloga a sí mismo como famoso. «Soy simplemente una persona que ha llegado lejos. El reconocimiento del pueblo ha sido de las experiencias más bonitas que me han ocurrido. Cuando me paran en la calle y me dicen: “Oye, ¿tú eres el muchacho de la pértiga? Felicidades. Sigue así”, eso es reconfortante y me gusta.

«Haber nacido en Cuba es un orgullo, porque esas cuatro letras pesan en cualquier lugar. Cuando en otros países ven la bandera o el nombre, la gente siente un respeto tal que es increíble».

Tras las emociones de esas dos competencias, muchos se preguntan si Lazarito podrá «volar» sobre los seis metros. «Alcanzar esa cifra antes era un sueño; ahora es un objetivo. Ojalá y salga en este año; es lo que quiero. Esa altura la han saltado muy pocas personas en el mundo».

Y claro que tocar las estrellas con un resultado como ese, nos lleva a preguntarle qué espera de su participación en Londres 2012.

«¿Para la Olimpiada…? Primero tengo que asistir, pues ya estoy clasificado, y luego tengo que hacer una buena actuación. Serán mis segundos juegos y pienso luchar contra los grandes.

«A partir de ahora es diferente, todos saben que hay un negrito chiquitico llamado Lázaro Borges, que les saca susto a los favoritos en las competencias grandes. Yo sigo con mi manera de pensar y asisto a los eventos sin nada que perder. Lo hago porque me gusta y lo sé hacer bien».

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