Destinos que arden

Desde que naciera en la cita alemana de 1936, el recorrido de la antorcha olímpica ha evolucionado de manera sorprendente hasta convertirse en un trayecto polémico y rebuscado

Autor:

Raiko Martín

Seis meses antes del inicio de los XXX Juegos Olímpicos que organiza Londres, el Comité Organizador adelantó algunos detalles de la ceremonia de apertura, uno de los momentos más secretos y esperados de la cita multideportiva.

Según trascendió, el acto será bautizado como Islas Maravillosas y pretende lanzar un mensaje ecologista sobre la recuperación de una Tierra envenenada por la industria.

La tarea de diseñar una gigantesca puesta en escena que contará con una coreografía a gran escala, protagonizada por unos 900 escolares, estará a cargo de Danny Boyle, director británico de películas trascendentales como Trainspotting y Slumdog millionarie (televisada en Cuba con el título ¿Quién quiere ser millonario?), esta última ganadora del Oscar al mejor director y a la Mejor Película de 2008.

El destacado cineasta adelantó a los medios de prensa que para la ocasión se construye la mayor campana de Europa, la cual llevará inscrita la cita «No se asusten, la isla esta llena de ruidos» extraída de la obra de Shakespeare La tempestad.

Sin embargo, en medio de ese aperitivo informacional, no hubo mención a la forma de encendido del pebetero, tal vez el secreto mejor guardado en cada cita estival. Más allá de la torre Orbyt, del escultor angloindio Annish Kapoor, que se levanta a pocos metros del estadio de atletismo, todavía no hay ninguna estructura en el Parque Olímpico que se asemeje a una gran antorcha.

Solo se conoce que el fuego olímpico llegará al Reino Unido el próximo 18 de mayo a bordo de un vuelo de British Airways procedente de Atenas. Un día después comenzará un recorrido por cerca de un millar de localidades en manos de unos 8 000 voluntarios seleccionados entre 28 000 propuestas, hasta llegar el 27 de julio al Estadio Olímpico de la capital inglesa.

Vueltas de tuercas

Mucho ha llovido desde aquel primer trayecto del fuego olímpico, llevado por atletas arios de la Alemania fascista en 1936 a través de los 3 422 kilómetros que separaban Berlín de la antigua ciudad griega de Olimpia.

Desde entonces, el paseo del fuego ha evolucionado tanto como los deportes, los atletas y los mismos juegos olímpicos. A lo largo de los últimos 76 años la antorcha ha vivido situaciones extremas como los intentos de apagarla con agua o extintores, protestas a su paso, o la inesperada sustitución en 1956 por la pata de una silla envuelta por unos calzoncillos empapados de keroseno.

Aún no está confirmado, pero en esta ocasión los organizadores se han propuesto seguir engrosando la rica historia de la llama olímpica, proponiendo que por primera vez sea portada por un robot.

La propuesta llegó desde la Universidad de Aberystwyth, en Gales, cuna del robot humanoide iCub, con una cara de niño que puede simular gestos faciales. Mide poco más de un metro y pesa 22 kilogramos.

La propuesta de los científicos del departamento de Computación en la mencionada casa de altos estudios persigue celebrar el centenario del nacimiento de Alan Turing (23 de julio de 1912), considerado el padre de la computación moderna y precursor de la llamada Inteligencia Artificial.

Turing creó la prueba que lleva su nombre, diseñada para medir la inteligencia de una máquina, y estuvo vinculado con el diseño de Enigma, artefacto que logró descifrar los códigos que empleaban los nazis en la II Guerra Mundial en las comunicaciones con sus submarinos.

Pero esta no sería la última vuelta de tuerca al asunto. Los artífices de los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebrarán en 2014 en la ciudad rusa de Sochi, sueñan con llevar el fuego olímpico al espacio exterior con la ayuda de la Estación Espacial Internacional.

Habría que esperar por los métodos para subir la llama al espacio y mantenerla viva allí hasta su regreso a la Tierra.

Rutas complicadas

No fue hasta 12 años después de su aparición que el trayecto de la antorcha olímpica sufrió su primera variación. Antes de la edición acogida por Londres por segunda vez, el recorrido se hizo a pie y por relevos, pero la necesidad de cruzar el Canal de la Mancha embarcó la llama en su primera travesía marítima.

Para hacerla llegar a los Juegos de Helsinki en 1952 se estrenó la ruta aérea. Cuatro años más tarde, y debido a las restrictivas leyes de cuarentena vigentes en Australia durante la versión celebrada en Melbourne, los eventos de equitación se realizaron fuera de la sede, y el fuego fue transportado a caballo hasta Estocolmo, ciudad sueca que acogió estas pruebas.

Después de eso se acostumbró que la antorcha cruzara varias naciones a través de las más diversas vías, algunas tan exóticas como a lomos de camello o en canoa, e incluso tuvo el privilegio de «treparse» al mítico avión supersónico Concorde.

Pero en los Juegos de Montreal 1976, solo Grecia y Canadá disfrutaron de su vista. Después de su encendido en el templo de Hera en Olimpia, el fuego fue transferido a un sensor en territorio griego, y luego convertido en un impulso eléctrico viajó vía satélite hasta la ciudad canadiense. Allí, mediante un rayo láser, volvió a ser encendido para comenzar el recorrido a pie por el país norteño.

Otra idea ingeniosa se les ocurrió a los organizadores de Sydney 2000, quienes la pusieron en manos de buzos profesionales para que atravesara sumergida la Gran Barrera de Coral.

Las autoridades deportivas chinas no se quedaron atrás, y para la convocatoria de 2008 hicieron llegar la pira lo más cercano posible al firmamento, hasta la cima del monte Everest.

Si los rusos logran el propósito de ponerla en órbita llevarían la imaginación muy cerca del límite. Entonces sería inevitable la pregunta: ¿Y después de eso, qué?

La nueva joya de la corona

La antorcha que se utilizará para transportar el fuego olímpico a la cita de Londres 2012 fue presentada el 8 de junio del pasado año.

Creada por Edward Barber y Jay Osgerby, es como una malla dorada con 8 000 agujeros que representan el número de portadores y la distancia en millas (12 800 kilómetros) del trayecto que recorrerá hasta el día de la inauguración.

Su forma triangular tiene varios significados, como los valores olímpicos de respeto, excelencia y amistad, y el lema «Más rápido, más alto, más fuerte». Además, hace referencia al número de ocasiones en que la ciudad ha acogido los Juegos, así como a las áreas de trabajo que potenció la candidatura de Londres 2012: deporte, educación y cultura.

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