Cambar: sorpresivo, pero incalculable

La medalla de bronce olímpica conquistada en esta ciudad por el pesista cubano Iván Cambar tiene un valor incalculable

Autor:

Raiko Martín

LONDRES.— Hace apenas seis meses el pesista cubano Iván Cambar hizo su segunda visita al quirófano para reparar uno de sus codos, y solo por eso la medalla de bronce olímpica conquistada en esta ciudad tiene un valor incalculable.

Si además miramos que el premio llega 16 años después de la última presea ganada por la halterofilia cubana bajo la sombra de los cinco aros, su cotización se dispara.

Muy complicadas eran sus opciones en la división de 77 kilogramos, en la que ya había probado suerte hace cuatro años en Beijing, sin pasar de un séptimo escaño. Curiosamente, entonces levantó algunos kilos más que los 349 (155+194) que aquí le abrieron las puertas del podio.

Se le vio fuerte en los dos primeros arranques, con los que negoció 150 y 155 kilogramos, antes de fallar 160. «No lo hice bien. Se me aflojó el brazo, y no el que siempre he tenido lastimado», comentó en la zona mixta de la Arena Sur 3 en el complejo ExCel, ya con la medalla más importante de su carrera colgada al cuello.

Allí recordó a su familia, a su novia, y a todos aquellos que confiaron en él e influyeron para que no dejara los «hierros» en los momentos más duros, cuando las lesiones parecían troncharle el camino. «También tengo que agradecer de manera especial al equipo médico del hospital Frank País, encabezado por el doctor Guido, pues sin la ayuda de ellos esto no hubiese sido posible», añadió.

Sobre la competencia, Cambar valoró que fue muy exigente, pues los atletas chinos demostraron que marchan muy por encima de la media.

De hecho, Lu Xianju primero implantó una nueva marca mundial y olímpica en el arranque al alzar 175 kilos, los que sumados a los 204 del envión totalizaron 379 kilogramos, también récords universal y del certamen. Su compañero Lu Haojie aseguró la plata con cosecha de 360 kilos, aun cuando solo pudo concretar un solo envión antes de lastimarse.

Descontados esos dos «escapados», la lucha por el tercer metal se hizo más interesante con la salida por lesión del sudcoreano Jaehyouk Sa, quien se había consagrado en la capital china. Falló el tailandés Chinnawong, y la decisión de los estrategas cubanos fue extremadamente importante para el éxito.

«La marca de 194 en envión fue clave. Yo quería ponerle más, pero mis entrenadores me frenaron», explicó Cambar en referencia a la planificación que obligó al egipcio Ibrahim Ramadam a pedir 197 kilos en la palanqueta, que al final le fueron infranqueables.

Y así se forjó este bronce lleno de significados y justo premio para la perseverancia de este joven de apenas 23 años, con mucho futuro sobre la plataforma. Y de paso la halterofilia cubana regresó a un espacio en el que ya se le extrañaba.

 

 

 

 

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