Una mano entre arenas movedizas

El salto largo cubano trabaja para borrar los discretos resultados del pasado ciclo olímpico y retomar la senda del triunfo

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Cuando se habla de salto largo en Cuba inevitablemente un nombre ronda la cabeza de todos los amantes del deporte rey. Decir Iván Pedroso no solo invita al regocijo intrínseco de quienes  sienten suya la gloria de todo un pueblo —justo así, con ese apasionamiento y sentido de pertenencia propios del cubano—, sino que pone la piel de gallina, excita, enloquece, ata a este archipiélago como se aferra un náufrago a su tronco.

Pero la leyenda murió a principios del siglo XXI, no con su desaparición física, mas sí con el retiro, y desde entonces se atisba imposible sobrepasar, incluso entre varios atletas, esos cuatro títulos mundiales, tres panamericanos y uno olímpico que atesora.

Sobre el presente y futuro de esa especialidad en Cuba, sus metas, proyecciones, fortalezas y debilidades, dialogó JR con Daniel Osorio, jefe del área de salto del equipo nacional de atletismo y máximo responsable del sector de longitud en ambos sexos.

«Forrado» de pies a cabeza en medio del Estadio Panamericano, y con un enorme y llamativo sombrero, detuvo sus indicaciones para conversar con nosotros, al tiempo que acomodaba la arena, guataca en mano, y preparaba el terreno para el despegue del siguiente pupilo en cola.

—¿Cuál es el motivo de nuestro retroceso en esta disciplina, teniendo en cuenta la rica historia que nos precede y el hecho de que en el triple sí hemos mantenido los buenos resultados?

—Tiene mucho que ver con el mismo sistema competitivo que se está llevando en las categorías inferiores. Eso nos golpea muy fuerte, porque no maduran muchos atletas talentosos que pudieran estar en los Juegos Escolares Nacionales y en definitiva no llegan, se truncan de alguna forma.

«Por otra parte, muchos arriban a este nivel con deficiencias técnicas bastante notables, síntoma de un mal trabajo en la base. Sin embargo, no podemos decir que este es el único fenómeno que afecta. Antes, la «pasividad» en la práctica del atletismo, específicamente en nuestro sector, era mayor. Entonces, de 20 o 30 practicantes siempre había cinco o seis saltadores destacados. Hoy no, pues de dos o tres podemos sacar uno y por eso el mínimo desliz repercute negativamente en nuestra labor.

«Para nadie es un secreto que el salto de longitud fue una de las áreas que mejor resultado dejó en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, con un bronce y un quinto lugar. Pero estos dos atletas que estuvieron en China y debían repetir cuatro años después, no asistieron a Londres por indisciplina uno y por deserción el otro.

«Precisamente eso es lo que más nos afecta. Imagínate, empleamos tiempo, esfuerzo y recursos para que al final se nos caiga todo de golpe. De ahí que nos veamos obligados a apresurar a las nuevas figuras y romper con el proceso temporal lógico en estos casos. Por eso, nos vemos obligados a echarles mano a muchachos que no están quizá en su etapa cumbre de maduración».

—¿Entonces el grueso del equipo está integrado por jóvenes? ¿Son ellos la esperanza para el próximo ciclo olímpico?

—Precisamente. En dependencia del cristal con que se mire, esto puede ser una fortaleza. Yo lo aprecio así, como un baluarte. En total son nueve atletas, tres hembras y seis varones. De ellos, cuatro son de la categoría juvenil y cadete, actualmente están preparándose con vista a sus respectivos mundiales.

«El año entrante tenemos los Juegos Olímpicos de la Juventud, una prueba de fuego y el escenario ideal para ir confrontando y midiendo fuerzas; ese pudiera ser un buen termómetro».

—Pero ahí no se medirán con los principales rivales que tendrán en el Mundial absoluto de 2013, con sede en Moscú…

—Sucede que todos piden resultados inmediatos, y eso es imposible. Trabajar por ese objetivo puede lastrar nuestro esfuerzo. La meta principal de esta concentración es el entrenamiento para la competición rusa, pero las cosas llegan a su tiempo. No podemos apresurarnos, ni violentar la preparación de los atletas, para no sacarlos a la palestra sin que estén listos realmente. Además, no me gusta crear falsas expectativas.

—¿Y cuándo estarán listos para compromisos mayores?

—En estos momentos estamos trabajando en aras de limar las deficiencias que tuvimos en el cuatrienio anterior. Como todos saben, en aquella ocasión no obtuvimos los resultados esperados. Hicimos un análisis para definir nuestras debilidades durante el pasado ciclo y solucionarlas. Yo enfoco el asunto con luz larga.

«Mi objetivo inmediato, ambicioso quizá, pero no imposible, es estar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 con dos varones y una muchacha. Quiere decir que vamos a tener a una saltadora por encima de los 6,80 metros y hombres por encima de 8,20 nuevamente.

«Hacia ahí va dirigida la preparación, sustentada en aquellas figuras que puedan hacer un papel decoroso en Moscú. No podemos decir que salimos mal en 2012 y ya en unos meses estamos listos para arrasar. Eso es una utopía. El trabajo será el que hable por sí solo».

—Mucho se comenta del deficiente trabajo en la base, o en esa etapa intermedia, cuando hay que pulir el talento. Si antes tuvimos y ahora no, ¿de quién es la culpa?

—No se trata de buscar culpables, sino de sudar para hallar soluciones, aunque te engañaría de no admitir que hemos perdido mucho terreno. Lo único que puedo asegurar es que hay que hacer más, pero mucho más, si en realidad aspiramos a recuperar lo perdido. ¿Quieres responsables? Pues todos los que estamos implicados en esta tarea. Las glorias son de los atletas, entrenadores, asistentes, directivos, todos, pero también son nuestras las faltas.

—¿Cómo se comporta la captación de talentos por toda la geografía cubana? ¿Es esta una de nuestras heridas más profundas?

—El trabajo, los contactos y nexos entre la Comisión Nacional y los entrenadores y atletas de otras regiones del país, es uno de los elementos que, desde mi punto de vista, resulta una debilidad, independientemente de que hay personas con la responsabilidad de viajar a esas zonas y comprobar el trabajo allí.

«Esto atenta contra el adecuado seguimiento, las captaciones, aun cuando tenemos datos y estadísticas que identifican a las provincias que más aportan, pero realmente se nos hace difícil, pues necesitamos más que voluntad. Tenemos que mejorar en ese aspecto.

«Hay que tocar, actualizar, asesorar a los entrenadores, para lograr una correcta formación de sus estudiantes y para que lleguen aquí con la técnica y los conocimientos precisos.

«En general, tenemos que enseñarles en la preselección nacional, cosas elementales, básicas. Y no pasa solo con el salto largo, pues cuando miras al atletismo en su conjunto es fácil percatarse de esas faltas. Se ha perdido en muchas disciplinas en las que éramos fuertes como la jabalina femenina e incluso la velocidad.

«Por suerte, solucionar este problema es parte de la estrategia de la Comisión, uno de los objetivos impostergables, que se debe resolver de inmediato. Las medallas están al doblar de la esquina».

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