Fortalezas y debilidades

Ya fueron reforzados los equipos que lucharán por el título de la Serie Nacional. A partir de ahora saldrán ocho «trabucos» ofensivos al diamante, y en la suerte de ponerles el freno radicarán las posibilidades de éxito

Autor:

Raiko Martín

No voy a hablar de marketing, esfera en la que los términos del título son como el pan nuestro de cada día. Los utilizaré ahora para referirme al reforzamiento de los ocho equipos que continúan con opciones de coronarse en la presente Serie Nacional.

Grandes expectativas se generaron alrededor del tema desde el mismo anuncio de la nueva estructura. Abro aquí el paréntesis para suspirar aliviado, gracias a la postura inclusiva adoptada por las autoridades del béisbol cubano. Finalmente se evitó la despedida de 40 jugadores que animaron, mucho o poco, la primera mitad del campeonato.

Sobre la puesta en escena no pienso extenderme, pues el reconocimiento, más allá de gustos particulares y posibilidades de mejoras, debe ser mayúsculo para los gestores de la idea. Esperemos que haya llegado para quedarse, sobre todo por esa transparencia que debiera extenderse hacia muchos otros aspectos relacionados con nuestro pasatiempo nacional.

Ya en términos beisboleros, se debate mucho lo realizado por cada uno de los mentores. Que si Roger Machado debió pensar más en su maltrecha ofensiva, que si Vargas desaprovechó la oportunidad de sumar un torpedero más bateador, que si Iday y Mandy Johnson apuntalaron posiciones que tienen muy bien cubiertas. En fin, opiniones para todos los gustos.

Para el mío, fueron precisamente Johnson y el espirituano Aragón quienes mejor calibraron sus piezas. Vargas fue el más coherente con su filosofía sobre el asunto, y Moré, a pesar de sus constantes infortunios, salió bien librado del trance. Considero, además, que salvo el despiste de Giraldo —anecdótico hasta que alguien lo supere—, todos demostraron que sus principales preocupaciones giraban en torno al staff de lanzadores.

No hay que ser adivino para saber que a partir de ahora saldrán ocho «trabucos» ofensivos al diamante, y en la suerte de ponerles el freno radicará las posibilidades de éxito. De tal forma, impresiona la armada monticular avileña encabezada por Vladimir García y Yander Guevara, y apuntalada con la llegada de un trío de corte «internacional»  compuesto por el santiaguero Danny Betancourt, el granmense Leandro Martínez y el artemiseño Miguel Lahera.

Víctor Mesa fue otro que prefirió mirar hacia la lomita. Lejos de pujar por un slugger u otro receptor, se decantó por la adquisición de otros tres serpentineros que han vestido la casaca del equipo «grande»: el guantanamero Alexander Rodríguez, el tunero Darién Núñez y el holguinero Pablo Millán Fernández.

En fin, no queda el más mínimo margen para dudar que tendremos una segunda etapa con un nivel notablemente superior. Lástima que no se pueda decir lo mismo de la naciente Segunda división, resentida y desequilibrada desde su misma concepción. Ojalá que los responsables del diseño de nuestros campeonatos tomen nota, y como ha sucedido, puedan corregir el tiro para bien de nuestro béisbol. Dicho y hecho todo, solo queda esperar.

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