Mirando por la cerradura

El equipo cubano que participará en el cercano III Clásico Mundial de béisbol partió rumbo a Asia. De su manejo depende, en gran medida, la posibilidad de que haga historia

Autor:

Raiko Martín

El equipo cubano que participará en el cercano III Clásico Mundial de béisbol se conformó, se abanderó y partió rumbo a Asia. Todo eso a una velocidad de vértigo, dejándonos una sensación de alivio, como esa que queda después de pasar con éxito por momentos de extrema tensión.

Claro que hubo revuelo, como tiene que suceder cada vez que se hacen estos anuncios. Más que beisbolero, es un asunto cultural. Y con un Clásico por delante, mucho más.

Sin embargo, hay que reconocer que el último listado estuvo lo más cerca posible de los tirios y troyanos de nuestro pasatiempo nacional. Se puede estar de acuerdo o no con algún criterio de selección, pero no sería honesto desconocer la flexibilidad de la presente dirección para sopesar todas las variables posibles. También la valentía para romper moldes establecidos. Y la mayor transparencia, que —insisto una vez más— debió hace mucho rato convertirse en regla.

Desde que se develó la nómina, no dejo de pensar en cuán difícil resulta decirle a un jugador, llámese Ariel Pestano, Rusney Castillo o Yulexis La Rosa, que no va al Clásico Mundial. Pero más complicado aun debió ser la decisión.

En términos generales me satisfizo la    elección, partiendo de que tenía muy pocas dudas. Reconforta saber que cualquier calibración se hizo sobre la base de armar un equipo en toda la extensión de la palabra, y sumando a los hombres con más nivel —deportivo y psicológico— en el momento de la convocatoria.

Por razones obvias, no estuve en el momento de las selecciones, y no me sonroja    confesar lo mucho que hubiese dado por ser testigo al menos desde el hueco de la cerradura, de las deliberaciones. Aclaro, solo para ver.

Así, imagino que el debate sobre el tercer receptor haya sido extenso, debido a la corta distancia —en términos defensivos— entre los candidatos. Me atrevo a suponer que pesó más la velocidad y no la inexperiencia, en la balanza que definió la inclusión del jovencito Andy Ibáñez, a quien veo como el corredor sustituto ideal para los «pesos pesados» del line up. La entrada del «todoterreno» avileño Raúl González no le deja muchas más opciones, salvo una marcada eventualidad.

Seguro que alguien apostó por la recuperación de Rusney, pero hubo consenso en que no viajara con tal incertidumbre y darle una oportunidad al versátil Yasmani Tomás como uno de los posibles emergentes diestros.

Por esa misma opción, pero a la mano contraria, aspiraba el capitalino Styaler Hernández, mas la continuidad ofensiva del pinero Luis Felipe Rivera terminó influyendo en la mayoría para tal designación.

Me atrevo a especular que todo lo demás coqueteó con la unanimidad. Sería difícil imaginar a estas alturas una alineación sin Pito Abreu en la inicial, José Miguel en la intermedia, Yulieski en la antesala y Arruebarruena en el campo corto. O sin Cepeda de designado y los «mosqueteros» Despaigne, Heredia y Bell custodiando los jardines. El orden al bate ya es cosa de los que más saben.

Hasta aquí, todo es ficción. Tal vez no sucedió así, pero eso ya no cuenta. Lo que queda es la  estructuración de un buen equipo, equilibrado y capaz de dar la pelea. De su manejo depende, en gran medida, la posibilidad de que haga historia.

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