¿La vida sigue igual? - Deporte

¿La vida sigue igual?

La XIV edición del Campeonato Mundial de atletismo comenzará el próximo sábado en Moscú

Autor:

Abdul Nasser Thabet

No sé quien lo inventó ni dónde se usó por vez primera, pero un día en el deporte los títulos no bastaron para definir al mejor, y ante la enorme cantidad de medallas y gloria repartida, algún sesudo decidió establecer un parámetro que inmortalizara por sobre todas las cosas. Desde entonces, nada vale más en el «mercado» de las hazañas que los récords universales.

No importa si la plusmarca es de quimbumbia o de bolas criollas, hay números que desquician. El atletismo brilla por sobre todos en una cosa: constantemente —y aquí los griegos tienen su cuota de «culpa»— pone al ser humano a pugnar consigo mismo, a superar sus proezas.

Ya saben que la XIV edición del Campeonato Mundial del deporte rey comienza el próximo sábado a las puertas del Kremlin. Moscú nos reserva 47 juegos de medallas, pero ¿sabemos cuántos topes absolutos caerán allá en Rusia? Ni el mismísimo Nostradamus podría con la tarea, mas creo que valdría la pena el riesgo y tirar un par de piedras.

Si apelan a la memoria, recordarán que en la edición de Daegu 2011 solo se destrozó una cota planetaria. El relevo 4x100 metros masculino (37,04 segundos) brilló bajo bandera jamaicana, con Usain Bolt acompañado de un trío intimidante: Nesta Carter, Michael Frater y Yohan Blake, los mismos irrespetuosos que luego estamparon 36,84 segundos bajo los cinco aros del Big Ben.

Bueno, ahora en Rusia la cosa se pinta fea para los aspirantes, y estoy casi seguro de que esa firma seguirá en el libro.

Si bien en el marciano-antillano se posan los ojos del orbe, el hectómetro permanecerá incólume un buen rato (9,58), pues la conocida descalificación al primero que cometa una salida en falso —casualmente sufrida hace dos años en Corea del Sur por Bolt—, tiene a los bólidos pegados a la línea de arrancada, a él más que a nadie.

En los 200 metros planos, con la plusmarca fijada en 19,19 segundos, hay margen para las dudas. El propio Usain levanta la mano y una sorpresa se huele en el ambiente.

No hablaré de los cuños más añejos ni de los, al parecer, inmortales. Ese 1.53,28 minutos en la doble vuelta al óvalo entre mujeres, impuesto por Jarmila Kratochvilova (antigua Checoslovaquia) durante 1983, tiene polvo, y junto al 74,08 metros del discóbolo alemán Jurgen Schult (1986), o el 47,60 en 400 metros de la también germana Marita Koch (1985), deben descansar más que la Bella Durmiente.

Tampoco la estadounidense Florence Griffith-Joyner (10,49 segundos en los 100 metros) se preocupa por su abuso de 1988. Para tumbar el 2,45 metros de nuestro Javier Sotomayor en salto de altura habría que ser, literalmente, un muelle. Del inmortal pertiguista Sergey Bubka mejor ni hablo (6,14 metros en 1994), y con Jonathan Edwards resulta mejor tomarse un trago que disputarle ese 18,29 metros a tres pasos de la plastilina. Además del británico, solo el estadounidense Kenny Harrison ha sorteado los 18 metros, en 1996.

Son muchas marcas, no seguiré. Mi pronóstico es el siguiente: Ahora solo presentan chances el humano más rápido de la Tierra, empatando dos hectómetros; y la extraordinaria «rusota» Maria Abakumova (71,99 metros como envío cumbre jabalina en mano). Ya saben que con el dardo quien manda en la historia es la checa Barbora Spotakova (72,28), pero a la anfitriona le sobran motivos y músculos para brillar en su propia casa.

Hasta aquí las clases. Con la purga que anda realizando la IAAF en busca de «herejes dopados», dudo mucho que salte otro conejo de la chistera. Incluso, confieso que mi diagnóstico más arriesgado sugiere que nada cambiará en la capital rusa. ¿Estaré equivocado?

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